MARGEN
MARGEN
 

S Juan José Moreno Cuenca acaba de escribir un libro llevado por título "Hasta la libertad".
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Para aquellos que no conozcan a este singular personaje diré que su edad es de 40 años, siendo niño cometió su primer delito.
S En 1982 con pistola en mano atracó una caja de ahorros llevándose consigo una sanción de seis años y seis meses en un recinto penitenciario. Media vida ha estado en la calle y la otra media en la cárcel.
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Nunca ha cometido un delito de sangre y si pienso en su edad, ha pasado veinte años encerrado. Ha conseguido poder ser titulado en dos carreras pero esto no es suficiente para saber que seguirá aguantando la agresión del régimen penitenciario. Se aprende mas de la vida que de un libro.
S Pues bien, Moreno Cuenca denuncia en su libro el sistema de las cárceles españolas y los derechos humanos de los presos. Por supuesto que no lo pinta de color rosa, mas bien de las torturas en color madera que sufrió en una oscura habitación cuando le dijeron que se desnudara, que se diera la vuelta y que jamás volvería a ver la luz del sol.
S Menos mal que la dictadura pasó.
S Media vida encerrada, media vida libre. En esa media vida callejera no habrás podido ir a comprar el pan, pasear al perro ni oír al camión de la basura cuando más a gusto estabas durmiendo en una noche cualquiera. En cambio, has tenido que coger un coche con doce años para huir de los hombres de gris por tan solo robar unas cajas de alcohol. ¿Acaso no hay otra forma de convencer a un hombre que las torturas, los insultos, la chulería, la cobardía o la depresión? Lo más fácil es pegar, acabar con la dignidad del ser humano. Tranquilos muchachos, fuera no se enterarán si lo matamos.
S Según un dicho, las comparaciones siempre fueron odiosas pero nunca Mario Conde o el señor Roldán tuvieron un corte en la boca, una señal de azote con la porra ¿justiciera? como Juan José. Para mí, los tres son personas con los mismos derechos penitenciarios y humanos.
S Seguimos rigiéndonos por el poder económico y el que dirán los altos cargos de nuestro cariñoso gobierno.
S Eso sí, Juan José no pienses que te defiendo en este escrito, simplemente apoyo tu idea de no olvidar que aún existen los malos tratos en nuestras cárceles. Al igual que si te veo por la calle no te llamaré por tu nombre, lo haré por tu eterno apodo: "El Vaquilla".

 
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JAVI G.

NAVEGADOR
   
 
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