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S
A mi
manera de entender la vida, estamos rodeados cada segundo, minuto
y hora de alguna mentira. Sea de parte de nuestro compañero,
compañera, amigos, padres... Cualquiera de nosotros se puede
ver implicado en una de esas historias donde Mickey no se apellidara
Mouse o simplemente donde el corazón te duela como el inextinguible
fuego de los labios de una determinada señorita.
S Cada
uno de nuestros sentidos es el aprendiz ideal para mentir y ser
el cómplice o actor principal de una no verdad.
S Por ejemplo, las
manos -tacto- serán la tenaza que agarre el cuchillo que
nos clavarán por la espada algún político que
otro. La mano que han puesto algunos personajes de poder en Gescartera
para comprarse un chalet en Benidorm o las que te acariciaron en
aquella cama de hotel de carretera diciéndote que te amaba
cuando el objetivo de aquel tipo era presumir de su virilidad.
S También
con la inspiración -olor- y el sabor -gusto- se han descubierto
a lo largo de nuestra historia cotidiana muchas mentiras. Los besos
ya no eran iguales cuando llevabas su olor a Hugo Boss y, simplemente,
nunca tu aliento era sinónimo de Marlboro Lights. Por cierto,
¿sabes que subieron de nuevo el precio del tabaco?. Tu sabrás.
S He de decir,
por otro lado, que el otro día me llamó un amigo mío
diciéndome que su mujer le había pillado con otra
porque una vecina le chivó que había escuchado -oído-
ciertos gemidos extraños. Y es que esto de tener buen oído
nunca fue bueno para nadie.
S Me queda el
último de los sentidos. El de tu mirada. Con ella nunca existen
mentiras. Aunque me mires a cincuenta metros siempre me hielas.
Esos ojos son para denunciarlos y que en el juicio final te sentenciaran
a pena de muerte porque lo tuyo, pequeña, no tiene perdón
de Dios. Es imposible que existan engaños en nuestras miradas.
Las pupilas se encogen y ya casi estamos hablando de lo que nos
gusta o, tal vez, de tus miedos. La verdad, yo nunca he visto ninguna
mirada que mienta.
S Prométeme
que nunca existirán miradas mentirosas con la valentía
de engañarme. Dime que en nuestra próxima cita, te
seguirás sincerando conmigo aunque solo sea con un guiño
de esos ojos.
S Tus ojos (la
vista).
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