| |
S
Cada
día para ir a tu facultad paso por delante de una casa arruinada
por los años, aquellos años en los que fue la mejor
choza del barrio aunque actualmente le hace falta una mano de pintura.
Sus paredes aún resisten los golpes del viento, la contaminación,
la fuerza de los sprays de algún artista callejero...
ES Cada día,
delante de esa casa, empiezo a soñar y mi mente empieza a imaginar
como podrían ser esas cuatro paredes.
ES En ese sueño
veo como dos pintores alquilan sus horas en un lienzo intentando impregnar
su imaginación con botes de pintura y un pincel de baja calidad.
En la habitación de al lado están Julia y Pablo besándose
sin limite de tiempo, preguntándose cuestiones de hecho.
ES Inclino la cabeza
y en una de las paredes del pasillo observo un cartel donde se anuncia
para un determinado día un concierto a favor de la libertad
de expresión.
En mi sueño, la casa está encantada. Encantada de ilusión,
de cultura real donde no hay televisores ni canales de pago, pero
sí hay montones de hojas, lápices, música donde
tú no pagas y dices la tuya. Esté bien o mal, no importa.
Pero es tú opinión.
ES En esta casa
hace veinte años que nadie habita pero un montón de
chavales valientes han querido decorarla de libertad, de aficiones
compartidas y de diversiones gratuitas. No hacen daño a nadie,
el resto de la comunidad de vecinos no se queja, solo hay un inconveniente:
la ignorancia de los de arriba.
ES Me despierto
de mi sueño. Al torcer la esquina, giro la cabeza hacia atrás
y miro la casa. Gente corriendo con las manos al aire sale sin saber
de que va esta redada, la policía detrás con sus porras
y Julia y Pablo son interrumpidos en su largo beso.
ES Enciendo un
cigarro y me acerco a tu facultad. Déjame ser feliz a tu lado
y no pensemos en nada más. Solo en ti y en mí. Solo
en Julia y en Pablo. |
|