MARGEN
MARGEN
 

S Ahora que la situación me envuelve con su brisa de verano y que a esta hora de la madrugada los amantes son mansos y los borrachos siguen cantando, es el momento oportuno para hacer un repaso a mi cuarto de siglo, a lo que ha sido el viaje en estos veinticinco años de vida e incertidumbre.
S Quedan lejos aquellos momentos postfranquistas en los cuales yo era un vaquero y Esteban el Gary Cooper de turno que venía a salvarme de las endiabladas manos de los sioux en cuyas montañas tenían raptadas a nuestras chicas.
S Mas adelante, en Sevilla, empecé a ver realmente mi primer beso y a quitarme la venda de los complejos que le inundan a uno cuando está en la pubertad. Aún me acuerdo cuando Juanma y yo éramos inseparables por esos barrios de calor insoportable que asfixia como la cámara de gas. Peleábamos por hembras de diferentes gestos, jugábamos a las chapas retransmitiendo como Pedro Delgado ganaba ese tan deseado Tour de Francia. Siempre ganaba el mismo.
S A la edad de dieciséis, desembarqué en un pueblo de Barcelona. Dejé amigos a mil kilómetros a cambio de una vida llena de tropezones y varias alegrías. A cambio de otras amistades (quizá menos puras), de saber lo que vale un duro, de luchar por hacer feliz a una mujer, de los nervios a causa de la indeseable selectividad, del fascismo del servicio militar, de ser los mejores junto a mi pandilla de compañeros de fatigas, del asombro por el mundo universitario.
S
En todos estos años me quedo con el placer de conocer bares y lugares, deleitarme con las letras de un disco que compré hace ya algún tiempo, con la lealtad de mi familia, con un puñado de poemas y promesas, con la amistad de Juanma, David y Jordi, con la pureza de Escu y con tus ojos de gata. Esos ojos que han dado la vuelta a estos veinticinco años y cuyo reflejo es el fin de mi búsqueda del amor civilizado, del amor perfecto.
S La verdad que en este momento echo de menos la presencia de alguna gente que me dejó a medio camino. A ellos y a ellas les debo muchas cosas que quizá no tengan ni lugar ni espacio en este breve manuscrito. Algunos/as se merecen mi más preciado elogio y a otros/as les deseo un pellizco de odio y rencor.
S En fin, mañana será el primer día del resto del camino hacia el otro cuarto de siglo y lo pasaré contigo.
S Con todo esto, se me olvidó también contarte otras cosas.
S Te llamaré para ver como te ha ido ese maldito examen de Historia y propondremos una hora para cubrirnos las espaldas de miradas y palabras.
S Para decirte alegremente que mis veinticinco años acaban en ti.

 
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JAVI G.

NAVEGADOR
   
 
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