En el año 936, Abd al-Rahman III, que se había proclamado califa unos años antes (929), decidió la construcción de la ciudad de Madinat al-Zahra. Con ello intentaba descongestionar la poblada Córdoba pero, sobre todo, la consecución del ideal de cualquier príncipe: la realización de una nueva urbe.
Bajo los califatos de Abd al-Rahman III (912-961) y de al-Hakken II (961-975) se llegó a la cumbre del poder político, cultural y económico de al-Andalus.
Córdoba vivía entre Oriente y Occidente desarrollando una cultura refinada y cosmopolita que trascendió sus propias fronteras para convertirse en atractivo y elemento renovador del pensamiento, la ciencia y las artes de su tiempo: En plena competencia con Bagdad y al mismo nivel que los emperadores de Bizancio, con los que se establecieron relaciones diplomáticas.
Madinat al-Zahra se convirtió
en una gran ciudad áulica, en cuyos salones se realizaban grandes
ceremonias cortesanas, recepciones a monarcas y embajadores y citas religiosas
islámicas; Todo ello con un extraordinario lujo admirado por viajeros
de la época.
El califato de Córdoba apenas
duró un siglo.
La guerra civil concluye en el año
1031, dividiendo a al-Andalus en una serie de pequeños estados,
las taifas, que sería el inicio del final del poder islámico
en la península ibérica. Pero el momento de esplendor del
siglo X, es sin duda, una de las cotas más importantes de nuestro
pasado histórico.