Rita Lucas Fernández
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No era ayer

 

 

No era ayer. Tampoco viernes porque la docena de mandarinas no estaba. El golpe del periódico en la puerta no lo escuché. El Blue Bird de diésel con los tres niños del Colegio Americano no pasó por la Cristóbal Rojas. Tenía una sed de varios días pero hasta el agua no resbalaba del grifo. Empecé a registrar cada gabinete de la cocina. El cereal con mi taza eran nada. El envase de vidrio que me había regalado mi madre para mi cumpleaños, -en el que siempre guardaba fotos- estaba vacío. Los diez relojes de la casa no caminaban más. Todo se había ido. Nadie me avisó. Definitivamente no era ayer. Decidí que lo mejor que podía hacer era salir a la calle. Pedir ayuda a cualquiera. Al menos Doña Sofía, mi vecina, no escatimaría en explicaciones. Era de esas viejas que vivían hasta el último día asignando razones de lo inexplicable. A estos eventos los catalogaba de supernaturales. Y mi caso tal vez tenía mucho que ver con eso. Yo, por supuesto, había enterrado mi escepticismo desde el día en que se supo en la cuadra que, "Sofita", como la llamaban sus amigas o aduladoras, con tan sólo cruzar mirada con un hombre a una distancia de siete, ocho, no recuerdo exactamente ahora cuántos, le informó: "usted no anda perdido hijo, eso que no termina de encontrar todavía, está de regreso…y esta vez se quedará con usted para siempre". Al día siguiente el hombre la volvió a ver. Ya caminaba con paso de ciego. Con la silueta de su silencio en la espalda. No le importaba nada ni nadie. Todos queríamos preguntarle "qué había pasado esa noche con Sofita". Algo había cambiado. Quizás para nosotros había cambiado demasiado. No era el mismo de antes. La mujer bien arreglada con su rojizo en la cabeza no bajó del autobús. El muchacho no sacó el cuerpo por la ventana para contar a las personas que salían y entraban a la zona. Ni charcos de gasolina del Mini Cooper ni mierdas de perro en la calle. El viento sin viento extrañamente impertérrito. Sentía que me ahogaba a grandes bostezos. Si no doblaba la esquina, subía los cinco escalones para mostrarme a Doña Sofía me desvanecería al instante. No me pesaban los huesos. Una liviandad me estremecía desde los pies. Llegué a ver a la vieja arrodillada con un vestido negro que rozaba sus talones. Nunca me vio. Sólo me susurró: "No te aflijas, tú no existes".

 

© Rita Lucas Fernández

 

 

 

Rita Lucas Fernández. Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Santa María (Caracas, Venezuela 2005). Nacida en Nicaragua (1981). Publica por primera vez en la revista de los escritores hispanoamericanos en Internet Letralia Edición Nº 140 Sala de Ensayo abril 2006 (www.letralia.com) La Despedida, un análisis literario de la obra La Resistencia (2000), del escritor argentino Ernesto Sábato. Ha colaborado para la revista digital Remolinos  en sus números 12 y 18, y para Panfleto Negro Nº83 Año 7 Sección Azares julio 2006 (www.panfletonegro.com). Actualmente realiza estudios de postgrado en la Universidad Santa María en la Especialización de Publicidad y Mercadeo.

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