Entrevista a Nicolás Pose

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Nicolás Pose

 

 

¿Desde cuándo comenzó a escribir? ¿Por qué?

 

En realidad, no recuerdo bien, pero creo que fue a los 16 años. Antes había escrito diarios, algunas reflexiones triviales; pero cuando realmente comencé a pensar en escribir una historia, sea un cuento o una novela, fue a los dieciséis o diecisiete años. Como yo no salía mucho y me aburría, comencé a escribir.

Siempre fui una persona muy imaginativa-en realidad, muy mentirosa-,pero como con la imaginación no basta, luego empecé a darme cuenta de que escribir no era imaginar, sino elaborar, pulir, corregir, y tener cierta conciencia del lenguaje que uno quiere crear; todas cosas que llegaron después, desde luego.

 

 

 

¿Qué es para usted ser escritor?

 

Una persona que escribe cuando tiene ganas, que siente la necesidad de escribir. Luego vienen las historias, pero viviendo hoy en día, creo que es suficiente con escribir, más cuando estamos inmersos en un mundo de imágenes y no tanto de palabras. La imagen es mucho más efectiva. Creo que los escritores deberíamos desafiar a las imágenes sin olvidarnos del cine. Esto con respecto a las historias. Pero si pienso en un escritor, también pienso en alguien que escribe aunque no gane dinero. Eso de la profesionalización llega como todo, pero no debe ser en lo que deba concentrarse un verdadero escritor. Sus preocupaciones deben ser sus fantasmas, su escritura, su estilo, y lo que realmente desea transmitir tratando de hallar la forma adecuada para transmitirlo.

 

 

Cuéntenos sobre su vida, sus obras, sus proyectos, su actividad literaria.

 

Es sencillo. Desde los catorce hasta los veinte años integré una banda de rock. El escribir letras de canciones fue como un puntapié para comenzar con la escritura. Siempre leí mucho aunque mientras tocara en la banda. Luego gané un premio literario a los veinticuatro años, y ése fue mi primer y único libro. Ahora tengo muchos cuentos y dos o tres proyectos de novelas inconclusas. Por lo tanto, hay sólo proyectos. Pero la novela que me gustaría terminar, es una que trata sobre la discriminación física, y por ende social. Pero por el momento, mucha tranquilidad y ningún apuro.

 

 

¿Cómo define el estilo de su narrativa?

 

Aún no puedo definirlo. Eso lleva tiempo, y soy muy joven como para decir que lo tengo. Además, no tengo tantas obras como para pretender crear un estilo.

Al margen, creo, y estoy seguro, que el estilo es algo que nace mientras uno lo busca, a medida que uno escriba cada vez más. Quizás el hacedor del estilo no perciba su originalidad o singularidad, pero tarde o temprano, un crítico, un amigo, lo aviva, y lo hace consciente de su estilo. Además, hoy en día, lo más importante, es justamente, el estilo, porque los temas importantes ya han sido agotados hace tiempo. Quizás haya que confiar más en el estilo, que de hecho, está más cerca de la forma que de los temas o contenidos. Pero, por otra parte, no creo que haya que vanagloriarse por el estilo de uno, eso sería ser pretencioso. Los demás son los que tienen que hablar del estilo de uno.

 

 

 

¿Cómo ve a la Narrativa de estos últimos años?

 

A nivel latinoamericano, no tan rica como en otros tiempos. Ya no tenemos a un Rulfo, un Cortázar, un Roa Bastos, un Onetti, ni siquiera a un García Márquez; mejor dicho, está, pero totalmente oxidado, como también otros escritores anteriores. Pero creo que se debe a que el arte no está pasando un gran momento en ningún lado del mundo. Hay que recurrir a lo viejo para ver lo bueno. No es que sea nostálgico, pero el mundo actual carece de la pasión que existía en este mismo mundo hace tan sólo treinta o cuarenta años atrás. La gente está muy desapasionada de todo y muy cómoda. Creo que siendo todo muy democrático y globalizado, la gente se apasiona menos que en tiempos más difíciles, lo cual es una paradoja muy grande. Además por la globalización, ya es muy difícil eso de "pintar tu propia aldea", somos todos muy similares, lo cual es una verdadera mierda.

En la Argentina hay muchos nuevos autores, pero he leído a pocos de ellos como para opinar con seriedad que está pasando en nuestro campo literario. Coincido quizás, con la opinión que dio Daniel Link a un suplemento del Diario Perfil-creo que el domingo 21 de Enero-, él dijo, básicamente, que ahora hay muchos autores nuevos, pero no hay ninguno que sea vanguardista o que experimente tanto como lo hacían los escritores de otras generaciones.

Últimamente, creo que no se han construido grandes historias, la mayor parte de la narrativa pasa por lo autobiográfico, pocas obras de hoy en día van más allá de lo que realmente acontece; hay pocos escritores que escriban con la esperanza de ser leídos a futuro, como le pasó a los grandes que no eran comprendidos en su época. Ya nadie mantiene esa fe crucial en su trabajo como para pensar a futuro, todos quieren tener éxito en el acto.

 

 

 

¿Qué autores influyen en su obra?

 

Muchos. No quiero dar nombres para no ser injusto con los que me olvide. Creo que ellos reaparecen cuando uno está escribiendo. Si escribo una novela quizás recurro a autores que están relacionados con la forma de la novela que estoy escribiendo, o con el tema, etc, etc. Si es un cuento, lo mismo. Pero en general, los clásicos, incluidos los del siglo XX, y algún que otro autor actual argentino, más que nada por un tema de lenguaje, o de diálogos. También influyen los músicos de jazz, algunas imágenes o situaciones de algunas películas, que me ayudan cuando estoy en plena faena literaria.

 

 

 

¿Cree que el escritor es un ser obsesivo?

 

No; ¿debería serlo?

Creo que esos mitos del artista torturado, que sufre, obsesivo, psicótico, hay que destruirlos. Las personas son como son y eso lo reflejan en su trabajo, en su arte, con su familia, o en una cena, y si no lo reflejan es porque mienten, pero son mentirosas, etc, etc. Es un tema de personalidades y de la actitud de cada persona. También depende del momento de su vida en que se encuentra cada persona.

 

 

¿Cuál es el fin que desea lograr con su escritura?

 

Que tenga un mínimo de calidad, y aunque sea, un asiduo lector, aunque sea yo mismo, cosa que hoy no sucede.

 

 

Dentro de su producción literaria, ¿Qué obra elegiría usted por optar por una en especial?

 

No tengo tantas obras como me gustaría para elegir. Y actualmente como hace unos meses que no leo mis pocos materiales, no puedo elegir, porque no los recuerdo bien como para juzgarlos. Aparte, uno mismo no puede juzgarlos, es muy difícil leerlos como si uno fuera otra persona; eso lo dejo para los posibles lectores u amigos.

 

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje a los largo de los años?

 

En cuestiones estilísticas: más comas, menos puntos, más puntos y coma, etc, etc. Y también, en hacerlo cada vez más sencillo, en tratar de expresar emociones o situaciones con la menor cantidad de palabras que se pueda. Creo que el talento consiste en intentar de expresar lo más exactamente posible lo que sea con un mínimo de palabras indispensables, pero que sean realmente expresivas, es decir, que hielen la piel del que lee.

 

 

 

¿Es necesario que el escritor sea un hombre comprometido?

 

Sí, sólo con su escritura y su proyecto narrativo, lo cual no es poco; ya vemos que hoy en día no hay muchos escritores-sinceros- que lo hagan.

 

 

 

¿Qué libros nos recomendaría leer?

 

Más que libros, autores. Los realistas franceses del siglo XIX, los clásicos norteamericanos del policial, Borges, Cortázar, Henry Miller, Roberto Arlt, La ilusión monarca de Marcelo Cohen, Chejov, Raymond Carver, Shakespeare, Onetti, los cuentos de Felisberto Hernández, Horacio Quiroga, Michel Butor, Kafka, Rulfo, Roa Bastos, etc, etc. No sé, son muchos. También recomendaría directores de cine y películas. Por lo tanto, autores nuevamente. Creo que a la literatura no hay que nutrirla solamente de literatura, porque todas las artes se combinan en varios puntos, y algunas se acercan más a otras.

 

 

¿Qué hace antes de escribir?

 

Pongo un disco, enciendo un cigarrillo, y luego, si lo logro, trato de empezar. Si no arranco en quince minutos, me pongo a hacer otra cosa.

 

 

¿Cómo ve usted hoy por hoy la industria editorial? ¿Como autor qué soluciones le daría a este problema?

 

No tengo mucha idea sobre ese mundo. Todavía no salí en busca de editores u editoriales. Primero quisiera llegar a terminar una obra que me vengo proponiendo hace mucho para luego ingresar a ese mundo. Mientras tanto, nada. Además, creo que opinando no cambiaría nada. En este punto es preferible la acción a la teoría.

 

 

¿Cree en los concursos o certámenes literarios?

 

Si y no.

 

 

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión literaria por Internet como revistas literarias, blogs, páginas sobre literatura?

 

No está mal, pero las veo muy frágiles, ¿quizás por un problema de costumbre? No lo sé. El papel sigue dándole mayor seriedad a la literatura. Es como el fílmico con el cine. Soportes tradicionales que por algo perduran. Hablemos sobre eso dentro de unos años. Igualmente, veo ventajas en estas nuevas técnicas de difusión, ya que dejan publicar a escritores que no lo pueden hacer en otro lado; además, todo suma; y sabemos que esto apenas comienza. Sin embargo, yo desconfío de su éxito. No lo sé, quizás sea la costumbre.

 

 

 

Por último: ¿Desea agregar algo más?

 

Si. Agradecerles la oportunidad de haber podido expresar mi humilde opinión.

 

 

 

 

 

Nicolás Pose, nació en la ciudad de Buenos Aires en 1980. Entre su corta carrera no cabe destacar a ninguna obra, sólo se pueden destacar algunos párrafos o metáforas. Publicó La Performance (cuentos) y algún cuento en antologías mediocres, además de haber publicado en la revista virtual No-Retornable, Remolinos, y El Interpretador ; las demás obras aún permanecen inéditas por la pereza del propio autor

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