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Inconmovibles, ya Hemos Construido el Muro...
Si entendemos a este, hasta 2001 el último trabajo de la banda en estudio, como un disco que lleva la desesperanza tallada en la mayoría de sus letras, "Inconmovibles..." resulta la continuación perfecta del trabajo anterior. Mucha gente que, queriendo ayudar a mejorar el estado actual de las cosas, suele atomizarse y concluye convenciéndose a sí misma que el cambio sólo puede darse desde la escena desde la cual la mayoría de los postulados parten... generalmente olvidan que la mayoría de las personas jamás oyeron hablar de la libertad verdadera que ellos/as han decidido difundir, y menos de hardcore o punk rock... pero claro, esto tal vez ni siquiera les interese...
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Cuando Pasan las Madrugadas...
Mucha gente al día de hoy concurre a su trabajo casi de manera inconsciente, alienada... los días pasan, los atropellos continúan y la mayoría de las veces, son los rostros curtidos por el tiempo y por el frío, los que suelen perder la mayor cantidad de batallas. Día a día, las vejaciones continúan, y la falta de una oposición clara no deja vislumbrar, al menos por hoy, ninguna esperanza...
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Las Distancias son Nada, a Veces...
Este tema bien podría ser hijo de uno que figura en el anterior disco de Eterna Inocencia. Sólo que esta vez, la letra en castellano permitió deslizar algunos sentimientos imposibles de reflejar (por distintos motivos) en el idioma Inglés... uno de estos sentimientos es el amor que muchos/as de los/as chicos/as que dan batalla contra este mundo injusto en los más diversos lugares, no sólo aman su lugar de pertenencia, sino que definitivamente son parte de la naturaleza de ese lugar...
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A los que se Han Apagado...
Nombre y pilar del disco, esta letra está basada en un cartel -"Velorios"-, del dramaturgo Rodolfo Gonzalez Pacheco, oriundo de Tandil, provincia de Buenos Aires. Entre sus versos figura uno muy bello que indica que "... para un hombre hay un invierno más fuerte que el suyo propio. Y es cuando ve la tristeza de todo aquello que él había visto encendido, como flor, rebelión o destino, también en el pueblo". Este escrito, junto con el célebre poema "Guitarra Negra" del cantautor oriental Alfredo Zitarroza, fueron la matriz esencial de las letras que conformaron este disco.
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Golpes secos
Un pueblo apagado, triste y melancólico, es lo que podría ver cualquiera de nosotros/as si por un momento recorremos con nuestras miradas las veredas y las calles... y ante la desesperación, la acción y la posterior represión... Golpes secos desde arriba hacia la base. Ninguna canción podría describir objetivamente tanto dolor. Al menos eso creemos respecto de las letras de Eterna Inocencia; por ello confiamos en otras voces... y en otras canciones.
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América
Josué de Castro, Premio Novel de la Paz, ha dicho que "...lamentablemente, no hay otra salida para América que la violencia". Por hoy, un pueblo entero llena los pulmones, los corazones y las líneas que conforman este tema; un homenaje a aquellos hombres y aquellas mujeres que, sin nombre, dieron sus vidas a cambio de un sorbito de Sol.
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Voces Inmóviles...
Una voz puede, a veces, ser la voz de muchos/as. Expresar sus dolores, sus tristezas, su desesperanza y por qué no, sus alegrías. La voz de muchos/as sirvió de cobijo para otros tantos: y una de esas voces fue la que brotó del alma de Alfredo Zitarroza. Este cantautor oriental plasmó en su "Guitarra Negra" la poesía más bella que Guille jamás halla oído. Sus versos fueron y son el calor ideal que hace un tiempo se apagó al irse de este mundo, pero que sigue vivo en sus grabaciones, y en el particular aroma de las callecitas del Uruguay...
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Le Pertenezco a sus Ojos...
Durante muchos años, jamás en Eterna Inocencia pudo observarse una canción de amor. Por lo menos, una canción dedicada a una novia. Y es que ese era justamente el problema: no podría ser una canción para la novia de nadie, sino para la compañera. Para esa compañera que hace años acompaña, comprende y resigna su tiempo, cuando la distancia no se interpone. Las tardes en el río, el pasto verde e infinito que descansa frente a su casa, las caminatas por el pueblo y la tranquilidad de sus ojos hicieron que finalmente, Guille deje plasmadas estas líneas no como una declaración de amor, sino como un pequeño homenaje a un alma tan grande como la es la de su compañera, Betiana...
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