"Anytime, Anywhere" Parte 7.- 13 de Noviembre del 2002.- La poca luz proveniente de los faroles de la calle no era suficiente para que ella pudiera apreciar quienes eran aquellas personas, en especial el hombre que seguía acercándose a ella. -Deténgase- le gritó mientras trataba de inncorporarse y buscaba su arma. Pero antes de ponerse de pie, él ya estaba justo enfrente. - ¿Quién es usted?- preguntó tratando de ocultar su nerviosismo. -Francis Murdock. La agente no sabía si reír o llorar ante lo que acababa de escuchar. -Tiene que ayudarme- le dijo sin importarlee cuan desesperada sonara. -Lo sé- respondió dirigiendo su mirada haciia los tres hombres que seguían esperando al final del pasillo. -Pero debemos esperar. -¿Esperar? ¡Esperar qué! Murdock permaneció en silencio, lo cual creaba en la agente una mezcla de desesperación y temor que podía hacerla estallar en cualquier momento. Estando sus reservas al límite, ella no pensaba en lo extraña de esta situación, ni si estaba en peligro. Sin saber cómo, sus manos estaban sujetando con firmeza el cuello de la chaqueta que traía Murdock, empujando al científico contra la pared con una fuerza que ella misma desconocía. -¡No voy a esperar un sólo segundo, malditaa sea! -¡Scully! Esa voz no era de Murdock. -¿Frohike?- volteó a mirar hacia ellos, -¿cchicos? -Déjalo, por favor- le pidió Byers algo asuustado. Conseguir a Murdock no les fue nada fácil, para que ahora Scully estuviera dándole tal recibimiento. -Lo... lo siento- susurró liberando al docttor y alejándose lo suficiente de él. -Chicos... ¿qué hacen aquí? -Te dijimos que dejaras esto en nuestras maanos- respondió Langley, -pero tal parece que no pudiste esperar. -No sé si me escucharon- dijo cruzando los brazos y paseando de un lado a otro en la incómoda oscuridad, -pero no voy a esperar un solo segundo. Los chicos se miraron entre sí, comprendiendo que a estas alturas los oídos de Scully rebotarían toda palabra que fuera sinónimo de paciencia. -Bueno- intervino Byers con sus dotes de paacificador, -mejor vámonos de aquí y aprovechemos el tiempo que falta antes que salga el sol. *** 13 de Noviembre del 2022.- Con las manos pegadas al volante y la vista fija en el horizonte, ella condujo por las mismas calles que año tras año fue haciendo parte de su rutina. Imaginando que el asiento a su lado permanecía vacío como siempre. De vez en cuando lo miraba y sonreía, guardándose el misterio de su gesto junto a las memorias que la sostuvieron cuando las olas amenazaban con hacerla sucumbir. Lo miraba como la más bella de sus ilusiones... un pedacito del cielo que le esperaba cuando cerrara sus ojos por última vez. En otro mundo nada de esto pasaría... en su mirada podía leer la emoción de un mañana incierto, pero lleno de esperanza. Cuando sus ojos se encontraban ella volvía a perderse en la carretera. Todas las incógnitas que calladamente suplicaban por una respuesta tenían que permanecer intactas, así que mejor evitaba caer en la tentación de hablar sin saber qué decir. Sus labios sólo sabían una oración que no debía ser invocada. El silencio era el más acertado de sus movimientos. No fue hasta el momento en que empezó a descender la marcha, que comprendió la magnitud de su decisión. Se estacionó con una lentitud desesperante, apagó el motor y se quedó allí, navegando en su extenso mar de reflexiones, bajo la mirada curiosa de Mulder. Sentía aquellos ojos verdes puestos en ella, pero no le molestaba. Él no era más que el recuerdo que daba forma a su pasado, el reloj que marcaba su presente, y la revelación que le traía su futuro. Ser acariciada por el pincel que daba color a sus días era un regalo que no podía devolver... una de esas sensaciones que deben conservarse en un frasco sellado, como el mejor perfume. En silencio bajó del auto y caminó lentamente hacia el parque, sintiendo la brisa fría en todos los poros de su piel. Le tomó por sorpresa encontrar todo tal como lo había dejando veinte años atrás. Jamás había regresado allí, y si por alguna razón tenía que pasar por esa calle, se obligaba a mirar en sentido contrario. Ahora, coincidencialmente o por cosas del destino, estaba pisando el lugar que con mucho esfuerzo redujo a cenizas en su memoria, para devolver aquello que le fue arrebatado, o que tal vez siempre creyó suyo y nunca lo fue. Detrás de ella, Mulder no podía ocultar su asombro. No estaba seguro de lo que sus ojos presenciaban, mucho menos de las conjeturas que estaba lanzando su acelerada mente. -¿Cuál fue tu primera impresión?- le pregunntó Scully con gran naturalidad, como si la conversación llevara unos cuantos minutos. Él la miró con la misma confusión que dominaba en su interior. ¿Hablaba del día en que había aparecido en esta época, o de la primera vez que la había visto? -¿Cómo supiste que habías llegado hasta aquí?- aclaró a ver su expresión. -Al principio no lo creí- respondió pensanddo por primera vez en esa última semana. Scully soltó una carcajada que lo hizo sobresaltar. - ¿Qué pasa? -Es que... que me digas que no crees en alggo... lo siento, es difícil de aceptar. *** 13 de Noviembre del 2002.- Los primeros rayos de sol le dieron una nueva bienvenida al día que había iniciado tan accidentadamente. Sus ojos cansados se abrieron poco a poco, acostumbrándose a la luz y dando paso a un Washington que al parecer seguía dormido. Le llevó unos cuantos minutos darse cuenta de que estaba en un auto. Frohike y Byers le acompañaban en el asiento trasero, mientras que Murdock conducía y Langley estaba a su lado. Aun estando completamente consciente, todo a su alrededor era como una película en cámara lenta. Recostada en su asiento, ella volvió su vista a las calles desiertas y a los postes que parecían formar una línea continua. De vez en cuando cerraba los ojos y pretendía seguir durmiendo. Era más que suficiente estar despierta y cargar con esa preocupación que a veces la sofocaba. Quería reunir todas las fuerzas necesarias para cuando llegara la hora... de recibirlo o de percatarse de que no regresaría. Los chicos le habían pedido su confianza, y ahora estaba dejando en sus manos más que su propia vida. Aprovechando el silencio, ella trataba de dormirse y así alejarse un poco del mundo y sus tormentos. Pero siempre que estaba a punto de alcanzar ese estado de somnolencia, algún comentario de los chicos le hacía volver a tierra. La última pausa fue realmente extensa. Pensó que esta vez sí lograría que Morfeo le recibiera en sus brazos para obtener el descanso que tanto su cuerpo como su mente pedían a gritos. Todos los sonidos, todas las sensaciones fueron desvaneciéndose para dar paso a un agradable letargo. Todo era perfecto hasta que una corta frase rompió el hechizo. -Ya llegamos. *** 13 de Noviembre del 2022.- Después de las risas fugaces y las promesas de un poco de luz para una mañana nublada, el silencio cayó sobre ellos al igual que las hojas secas. -¿Qué pasó aquella vez?- él no soportaba veer sus labios sellados cuando había tanto que decir. Quería saber, necesitaba saber todo cuanto sucedió en cada capítulo que gracias a él se escribió en la vida de una Scully que nunca pensó encontrar. -Eso lo sabes. -Pero quiero... -Conocer hasta el más mínimo detalle- le innterrumpió mirándole fijamente a los ojos a pesar de lo mucho que le costaba. -No todo puede saberse, Mulder. Además, hoy la historia puede ser totalmente distinta. ¿Para qué desenterrar las crónicas de un fracaso? Él asintió sabiendo que tenía toda la razón. Aun no comprendía por qué se dejaba arrastrar por su incurable masoquismo. No podía olvidar su promesa... el cambio que debía venir. Dejar atrás esa culpabilidad y esas sesiones de autoflagelación que no hacían más que evitar que sus heridas cicatrizaran. Lentamente se acercó a ella y tomó sus manos entre las suyas, contagiándolas un poco con su calor y sellando un juramento que quedaba entre él y su corazón. Scully lo tomó como una despedida. Se estaba preparando mentalmente para que de un momento a otro la figura de Mulder se evaporara frente a sus ojos y todo volviera a ser el agridulce recuerdo que la acompañaba en cada jornada. -La primera vez no pude decir adiós. En reaalidad... nunca decíamos adiós. Él la abrazó con pasión, con miedo, con frenesí, y ella le devolvió el abrazó con la misma intensidad, dejando que su calor traspasara las barreras de su ropa y tatuara toda su piel. Ella sintió las lágrimas de Mulder en su cuello, entonces lo separó un poco de ella y tomó su rostro en sus manos. -Guarda esas lágrimas- le susurró mientras sus dedos las secaban con sutileza. -No creo que ella quiera verte así. *** 13 de Noviembre del 2002.- Los chicos y Murdock hablaban del aparato, las piezas, el lugar indicado para abrir el portal y todos los elementos que podrían actuar a favor y en contra. Ella caminaba lentamente detrás de ellos, oyendo todo cuanto decían, pero sin escuchar ni molestarse en entender. Había leído suficiente sobre el supuesto aparato cuando Mulder llevó el caso; ahora no le interesaba en absoluto saber como funcionaba... no creía en ello y tenía miedo de que su esceptismo fuera una especie de freno para que tanto los Pistoleros como Murdock tuvieran toda libertad de actuar. Se sentó en uno de los bancos, cruzó las piernas y se abrazó tratando de enfrentar un poco el frío. Su rol de espectadora había comenzado; tenía boleto gratis en primera fila para presenciar como su destino era decidido por la creación de una mente insana. Mientras Murdock se encargaba de la milagrosa máquina, su mente se dedicó a torturarla con el recuerdo de la última conversación que tuvo con su compañero. La última. ¿Realmente sería la última? -No- le respondió a las hojas que caían a ssus pies. Él iba a regresar, no sabía como pero lo haría, y tendrían una seria y tendida conversación sobre ciertas decisiones impulsivas. Aunque eso significase sacar al aire ciertas cosas que deben permanecer secretas en nombre del profesionalismo. Byers se sentó a su lado y se quedó observándola sin atreverse a hablar. Se sentía culpable por hacer sido cómplice de esta locura. -El portal se activará en unos minutos- dijjo finalmente. -Pero para que todo funcione Mulder debe estar ahí justo en ese momento. Acordamos una serie de fechas en las que haríamos esto, aunque, conociéndolo... -Debe estar tomando un tour por el Washingtton del futuro- añadió la agente en tono severo, haciendo que Byers decidiera no volver a abrir la boca hasta que fuera sumamente necesario. -¡Ya está!- exclamó Frohike, -en treinta seegundos empezará a abrirse. *** 13 de Noviembre del 2022.- Las hojas secas empezaron a danzar con el viento, formando un remolino que a medida que crecía le iba haciendo recordar detalles que daba por olvidados. Mulder la sintió temblar en sus brazos; fue un escalofrío que terminó alojándose en su pecho como una sensación de vacío permanente, como si estuviera parada al borde de un precipicio. Ella siguió mirando las hojas, y el calor de Mulder se iba desvaneciendo con cada imagen que cobraba viva en su mente. -Scully... ¿pasa algo? -Es hora- le dijo apartándose bruscamente dde él. -Y... debo irme. -¡Scully!- él la sujetó del brazo antes de que pudiera alejarse. -Mulder...- susurró apartando de su brazo lla mano de éste. -¿Te imaginas lo que pasaría si yo mirara más allá de ese portal? No era necesario articular la respuesta. Ambos sabían que de por sí el caos era más de lo que podían asimilar y controlar. El riesgo era un lujo que no podían tomar en ese preciso instante. -¿Qué pasará contigo?- le preguntó viéndolaa caminar tranquilamente hacia el auto, como si nada fuera de lo ordinario estuviera pasando. -No pienses en mí...- respondió sin mirar aatrás, -una vez cruces, todo terminará. Su mirada se alternaba entre el portal que ya estaba listo, y la figura de Scully cada vez más distante. Le esperaba su presente, su vida, su realidad. Su escritorio, sus hombrecillos grises, los expedientes que tantas jaquecas causaban. Todo aquello que estaba pendiente porque supuestamente existían cosas más importantes... toda la carga que había decidido llevar consigo porque era su misión en esta Tierra. A un solo paso. ... todo terminará.. una vez cruces, todo terminará... ... no pienses en mí.. Cómo no pensar en lo que pudo ser. O en lo que realmente fue. *** 13 de Noviembre del 2002.- Ella permaneció sentada en el mismo banco, con la vista fija en el halo de luz que se tejía entre los árboles como si se tratara del horizonte que guardaba celosamente el epílogo de su propia novela de misterio. Los ojos empezaban a arderle. No sabía si era por mantenerse enfocada en el mismo punto por tanto tiempo, o si eran unas lágrimas intrusas que esperaban salir en cuanto fuera imposible retenerlas. El primer minuto pasó sin ningún movimiento. El segundo minuto pasó igual y, al tercer minuto, Frohike y Murdock empezaron a pasarse la mano por la cabeza repetidamente, mientras Byers se mordían los nudillos y Langley seguía perplejo. Las piernas cruzadas de Scully comenzaban a acalambrarse y sus brazos ya no eran suficientes para la temperatura que amenazaba con seguir bajando. En su interior ya estaba frisada, no sentía nada, ni siquiera los latidos de su corazón. Todo cuanto le rodeaba parecía desvanecerse, excepto el objeto de su atención. No quería pestañar ni respirar... sólo mirar hasta que pasara lo que tuviera que pasar, hasta obtener una conclusión en la que los puntos suspensivos no estaban permitidos. Ya estaba en el infierno; no podía existir algo peor. Y estaba ansiosa por compartir las llamas con él hasta que sus cuerpos se consumieran sin dejar cenizas. Una sombra en el portal la hizo salir del trance... era una silueta distorsionada por sus ojos cristalinos y el deseo desesperado de escapar de los brazos de su eterna pesadilla realista. Era lo que en sus sueños nunca llegó a vislumbrar porque antes de que su rostro apareciera ella estaba tratando de recuperar el aliento entre sus sábanas frías. Siempre se desvanecía tejiendo figuras en el aire, como el humo de los cigarrillos que de adolescente fumaba a escondidas. Mas hoy no se esfumaría... ni despertaría con las mejillas húmedas y las manos en el aire sujetando un fantasma. Ahora caminaba hacia ella, desafiando las leyes de la naturaleza, robando su convicción con cada paso... faltaban pocos centímetros y aun era incapaz de sentir algo. Ni su perfume, ni su mirada, ni las ideas chocando en su hábil mente. La única prueba de su existencia era lo que veía sus ojos, y empezaba a desconfiar de ellos. Fox Mulder la había vuelto paranoica. Sólo le bastó tenerlo lejos para comprobarlo. Tenerle enfrente otra vez era tan simple como las teorías que salían de sus labios para refutarle... tan sencillo como los días que había vivido desde el momento en que estrechó su mano en aquel sótano. Mirar su rostro inexpresivo era tan fácil como descifrar los sentimientos que la golpeaban en el pecho como el más mortal de los pecados. ¿Cómo pedir que te devoren las llamas del infierno cuando de ti sólo quedan cenizas? Quería dejarse llevar por su furia insensata... arremeter contra él sin pensar en las consecuencias. Pero bien sabía que le pasaría igual que Dorian Gray al apuñalear su retrato. Justo a un metro de ella, él se detuvo, mirándola por segundos fugaces mientras intentaba retener el aire entre sus dedos. La observaba como si se tratara de alguna aparición divina, con temor a perderla si pestañaba. La miraba con tanta devoción, sin saber que ella hacía lo mismo. De repente sus pensamientos se nublaron y la necesidad de mirar atrás se convirtió en el centro de su razón. Atrás había dejado a una mujer que nunca pensó conocer... una mujer que dedicó su vida a alimentar el recuerdo de un fantasma. Pero al voltear sólo quedaba la rítmica danza de las ramas al compás del viento, susurrando los secretos que comparten con su soledad. Él volvió a mirar a la única Scully que la vida le tenía reservada, con su pelo ondeando con la brisa y unos ojos que dejaron de ser celestes para convertirse en un profundo océano, capaz de hundirle si se acercaba demasiado. Había prometido ahorrarle todas las lágrimas que pudieran brotar de sus ojos. Había prometido salvarle del mañana que presenció de la mano de aquel ángel misterioso. Le juró alejarla del abismo... Y él era el abismo. La nube gris que opacaba el sol radiante. Tenía que alejarse. No sólo lo formuló su mente sino que sus pies actuaron enseguida, dando marcha atrás, marcando la distancia que siempre debió existir entre los dos. Porque formar parte de su mundo era firmar un pacto con la desgracia, y ella no merecía perder su lugar en el cielo. Caminó sin rumbo fijo ante la mirada sorprendida de Scully, escuchando apenas el susurro de lo que debía ser la lluvia de dudas que tenían los chicos. Caminó sin sentir la tierra bajo sus pies, sin creer que el aire rozaba su cara, sin notar su pecho subir y bajar con su respiración. A lo mejor seguía siendo el fantasma que invadía los sueños de un alma inocente. Ella se había equivocado. No terminaba, apenas empezaba. Era como levantarse después del huracán, donde no ha quedado nada en pie, ni siquiera las ganas de seguir. Sólo estaba el camino desierto por delante y dos pies para marcar nuevas huellas. Él caminó y caminó... ella lo vio marcharse sin entender. Apartamento de Scully 14 de Noviembre del 2002.- Eran días, tal vez años. O quizá el tiempo se había detenido en el más desesperante capítulo de su existencia, donde la voz de su conciencia tomaba diferentes matices y formaba en su cabeza el coro menos sincronizado. No había podido dormir... cerraba los ojos y la imagen de Mulder en el parque cobraba vida como la más real de las fotografías, con detalles tan intensos que por ratos podía percibir su perfume. A veces su mano se elevaba en el aire para acariciar los rebeldes mechones de su cabello, pero él no estaba... y era peor que cuando su ausencia era un hecho. Ahora sabía donde estaba, pero no podía llegar hasta él porque su coraza era más fuerte que la distancia que existe entre dos tiempos. Antes de que amaneciera, su ira era tan grande que no le importó en absoluto lo que pudiera pasar con él. Sentía que su drama era tan absurdo como la última de sus travesuras y que si alguien tenía derecho a imponer la barrera del silencio, era ella. Lo hizo partícipe de todas las maldiciones que escaparon de sus labios... lo culpó una y mil veces hasta que su garganta no daba más y sus gritos se volvieron sollozos. Entonces la noche la arropó, sus rodillas flaquearon y el frío piso de su departamento la recibió. Todavía estaba allí, con una enorme decepción porque la noche no era eterna y el sol dejaría al descubierto todo el caos... el terrible sentimiento de culpa que la embriagaba. No debió dejarlo ir solo, no cuando sabía que el silencio y la noche eran los mejores amigos de los demonios que acosaban el alma de su compañero. Lentamente se incorporó y empezó a dar pequeños pasos como si estuviera aprendiendo a caminar. Necesitaba ser fuerte porque él la necesitaba. Necesitaba salir a la calle, cruzar toda una ciudad y tocar a su puerta porque el silencio la estaba matando. Necesitaba mirarlo con firmeza, abrir la boca y dejar salir todas las palabras que causaron su insomnio. Apartamento de Mulder.- Ella abrió la puerta y entró como si se tratara de su propio apartamento. Se quitó el abrigo sin importarle si la habían escuchado o no, y cerró la puerta, asegurándola tras de sí. La sala lucía tan impecable que por segundos le pareció haber entrado al lugar equivocado, pero la esencia de Mulder era tan inconfundible como su voz al teléfono. La luz intermitente de la grabadora indicaba que tenía unos cuantos mensajes sin escuchar. Ya tenía idea de quiénes habían llamado incesantemente, aun así su curiosidad la llevó hasta el aparato. -¿Qué haces? Ella volteó calmadamente y vio a su compañero en la entrada de su habitación poniéndose una camisa. -Buenos días, Mulder- saludó como si se traatara de una visita ordinaria. -¿Cómo has dormido? -Muy bien. ¿Y tú? -He tenido noches mejores. -Se nota- comentó perdiéndose detrás de la puerta y dejando a Scully con la boca abierta. No podía creerlo. No podía pensar que Mulder estuviera actuando como si nada hubiera pasado, como si fuera una de sus muy comunes metidas de pata, en las cuales una suspensión de por vida de su trabajo era lo peor que podía suceder. Cuando miraba la naturalidad de sus gestos y la facilidad con que fluían sus palabras, lo admiraba por la manera en que tomaba las cosas. Lo admiraba y quería matarlo... así sus lágrimas no se derramarían en vano. -Mulder- su tono fue tan seco que sintió unn amargo en su garganta. -No sabes... -¡Sí se!- le interrumpió tomando la ropa quue descansaba en la cama y lanzándola al otro lado de la habitación. -¡Se más de lo que quise saber, demonios! Scully retrocedió ante la súbita reacción, temiendo ver el rostro de Mulder. Ahora empezaba a encontrarle una lógica a su comportamiento, y era más difícil de lo que pensaba. -¿Por qué no me cuentas?- se arriesgó a preeguntar aun con un pie fuera de la habitación, lista para resguardarse de la furia que podían acarrear sus palabras. -No va a suceder...- respondió tratando de suavizar su tono, con la respiración agitada. -Ya no va a suceder... ¿para qué decirlo? Por primera vez desde que había regresado, sus ojos se clavaron en los de ella restaurando esa manera tan habitual en que ambos solían comunicarse. Pero aun había una tormenta de por medio... él con sus miedos y ella con su rencor. Demasiadas nubes para ver el azul del cielo que pensaron tener seguro. -Cuéntame- le susurró ella sin esconder su temor. Por acercarse a él y por conocer la verdad detrás la frialdad de su rostro. -No vas a creerme- respondió volviendo a enncerrarse en su elevada torre de culpas. -Aun teniendo evidencia en mis manos, eres incapaz de creer... ahora sólo tengo palabras; así que mejor me lo reservo. Había vivido eso antes y se había negado a escuchar. Cuando de sus labios salieron las palabras más profundas y sinceras que jamás había escuchado de Fox Mulder, ella hizo oídos sordos y volteó dejando atrás lo que tal vez era una única oportunidad en un millón de años. La realidad era muy diferente a lo que su intachable figura denotaba. No estaba lista... ni para escuchar, ni para creer, ni para sumergirse en el fascinante mundo de Mulder y salir airosa en el intento. Tenía miedo de mirar más allá del círculo bien definido de la ciencia para colocar un pie en el vacío del infinito espacio. Miedo de caer sin saber por qué lo hacía... miedo de sentir algo que no podía describir. Miedo de perderse tanto en él que dejara de ser ella misma. -Quiero creer- confesaron sus labios traiciioneros, dejando al descubierto su sucio secreto y extendiendo su mano hacia el enorme vacío que la separaba de Mulder. -No me hagas esto, Scully- suplicó sincerammente al ver como todas sus defensas eran amenazadas por la sinceridad de su compañera. Su fuerza de voluntad se esfumaba al ver la mano de Scully suspendida en el aire, esperando únicamente por una decisión suya. -Ha sido el más difícil de los viajes... no puedo hacer de cuentas que todo será igual. Tímidamente tomó la mano de ella y la vibración le recorrió todo el cuerpo. Podía percibir el suave perfume que sólo los ángeles podían emanar, la sensación electrizante de su piel y la intensidad de unos ojos que sabían mirarlo como si fuera el único sobre la faz de la tierra. Un ligero roce con la yema de los dedos y se remontó al último abrazo que recibió de ella... un simple gestó que selló un millón de promesas. ¿Dónde habían quedado? -Prometí ahorrarte días nublados... prometíí abrazarte hasta asegurarme de que no sentirías frío nunca más... prometí estar a tu lado aunque el mundo estuviera cayendo a pedazos... prometí ofrecer mi última gota de sangre si era necesario para darte un segundo más de aliento. Y apenas estoy frente a ti, y no soy capaz de cumplir- ella lo miraba sin comprender el cuándo y el por qué de sus promesas. -No sabía el daño que te hacía... el daño que te sigo haciendo. Con el pulgar, él siguió recorriendo las líneas de la palma de la mano de Scully, presionando a veces con tal fuerza que la hacía estremecer. -No quiero contagiarte con mi amargura... nno quiero extinguir aun más ese fuego que te hace tan especial- su dedo se movió hasta la muñeca de Scully, deteniéndose justo sobre su pulso. -No quiero dejar de sentir esto- dijo mientras ejercía presión con el pulgar justo donde su sangre latía con fuerza. -¿Sabes cuándo sucede eso, Mulder?- susurróó ella tratando de luchar contra las lágrimas que empezaban a arder en sus ojos. Él la miró en silencio, invitándola a seguir con la respuesta. -Cada vez que te alejas echándome a un lado... cada vez que te encierras en tu coraza de acero, porque según tú, es lo mejor para mí. -Lo siento- exclamó soltando un suspiro y aapretando la mano de Scully mientras la llevaba hasta su pecho. -Mulder... Mulder, mírame- le pidió tocandoo su barbilla con timidez. -No puedo. -Mulder... Él levantó la cabeza e hizo el mayor esfuerzo para complacer a Scully. -Cada vez que te miro, la veo a ella- confeesó tomando el riesgo de enfrentar todas las preguntas que esto generaría. La expresión de Scully cambió de inmediato, tal como él lo esperaba. -¿A quién ves? ¿Qué sucedió Mulder? Tomando una bocanada de aire, Mulder se sentó en la cama e invitó a Scully a que hiciera lo mismo. No tenía que ser difícil compartir otra de sus historias inverosímiles y escuchar las lógicas explicaciones de su compañera. Era algo tan cotidiano como comer o dormir... podía contarle a Scully lo sucedido. No tenía por qué estar nervioso. -Pues, la máquina de Murdock...- él sintió a Scully temblar ante la mención de ese nombre. -sabes que es... digamos que una máquina del tiempo- ella asintió levemente, tratando de disipar la duda en su rostro. -Hicimos una prueba para viajar al futuro... Scully, estuve en el 2022. -No... no es posible- refutó riendo nervioosamente. -El primer día fue tan excitante como enconntrar el juguete anhelado bajo el árbol de Navidad...- prosiguió él, pretendiendo ignorar el comentario de Scully, sumergiéndose tan de lleno en su historia que le pareció estar de nuevo allí... sintiendo la seca brisa de otoño y la curiosidad creciente invadiendo sus sentidos como un poderoso narcótico. Scully le escuchó con atención... intentando hasta lo imposible para conectarse con sus palabras y trasladarse a todos los lugares que sus ojos habían visto. Para su sorpresa, no le costó sentirse parte de la travesía más extraña que jamás hubiera experimentado su compañero. Pero a medida que el camino se iba haciendo más pedregoso, un nudo iba formándose en su garganta... Cuando ya no quedaron más palabras por decir, Scully era incapaz de reflejar algún tipo de reacción. Estaba tan absorta en sus pensamientos, buscando respuestas a las miles de preguntas que bombardeaban tanto su cerebro como su corazón, que la imagen de Mulder le parecía lejana. Entre tantas dudas había algo que la mantenía en completo estado de shock. Todo fue tan real que era imposible no creer. Por momentos sentía que Mulder le estaba contando alguno de los horribles sueños que la invadían en su ausencia. Y las sensaciones que describía eran tan parecidas, que podía jurar que lo había vivido. Era tan intenso que la aterraba. -Todo terminó...- concluyó Mulder tratando de convencerse más a sí mismo que a Scully. -Aparentemente terminó. -Pudo no haber terminado- exclamó ella exteernando su mayor temor. -¡Quién sabe si ha terminado en realidad! -Scully... estoy aquí... -Estás aquí hoy, pero... ¿dónde estarás maññana?- él cerró los ojos al sentir como sus palabras daban en el punto exacto con la fuerza de una bala. Por eso mismo necesitaba alejarse de ella. De sus labios había salido la manera más clara de explicar el porqué de su actitud, aun así era incapaz de entenderlo. Scully notó su expresión y enseguida se percató de todas las ideas que estaban cruzando su cabeza. Se dio cuenta de que estaba dándole el giro equivocado a lo que ella decía. -¡No Mulder! ¡Rayos!- gritó levantándose dee la cama y colocándose frente a él, tratando de controlar las ganas de sacudirlo hasta hacerlo reaccionar. -¿Por qué no me escuchas? ¿Por qué no dejas de culparte por todo lo que sucede a nuestro alrededor? -¡Porque yo elegí ser partícipe de ese expeerimento! ¡Porque yo quise irme a pesar de tus advertencias! ¡Porque nunca te escucho y termino atormentando tus días! Es un maldito círculo vicioso, Scully... y quiero que salgas ya, antes de que sea demasiado tarde. -Ya es demasiado tarde- le confesó Scully een su susurro tan suave que pensó que no sería escuchada. -No intentes alejarte, porque no sería justo para ninguno de los dos. No a este punto, Mulder. No cuando hemos ido al infierno y regresado de allí. Sólo necesitaba dar dos pasos para romper la distancia, pero parecía toda una eternidad poder alcanzarlo. Tenía que hacerlo, tenía que demostrarle que era imposible alejarla, que ella siempre iría tras de él, así como él seguiría su rastro hasta el fin del mundo. -Has tenido prueba suficiente de que no pueedo alejarme- le dijo tomando su mano y aferrándose a ésta como si fuera un segundo más de vida. Era el mismo azul de aquellos ojos que le abrían las puertas al interior de la persona que mejor conocía y que todavía era capaz de sorprenderle. De la mujer que mantuvo intacto un recuerdo para encontrarle sentido a la vida... era la misma que frente a él no se daba por vencida a pesar de lo testarudo que pudiera ser él. Sus ojos bajaron hasta sus labios... todavía llevaba consigo aquel sabor tan dulce mezclado con la sal de sus lágrimas. Necesitaba saber si era el mismo sabor, la misma sensación que le brindaba el placer de lo prohibido. Necesitaba encontrar en el presente algo que le hiciera olvidar por siempre el segundo de gloria que vivió en el futuro. Estaba tan cerca que sentía que su sangre haría estallar sus venas... no quería perder el control, deseaba saborear cada segundo y archivarlo en su memoria hasta no tener algún otro recuerdo que no procediera de aquel instante. Pero su desesperación era mayor, y lo que lo prometía ser un roce tímido se convirtió en una tormenta cargada de secretos sepultados por el miedo irracional de romper la magia de los mejores años de su vida. Sus labios no eran suficientes. Cuanto más probaba, más ansiaba sentir cada centímetro de su piel... profanar el altar donde moraba la diosa de sus noches sin fin. La atrajo hacia él hasta que estuvo seguro de que no quedaba espacio para el aire. Esta era su realidad, el destino había fallado a su favor. Era la única respuesta lógica, porque no existía explicación al hecho de que un camino de rosas estuviera reservado para un alma sentenciada al calvario de espinas. -No me iré- susurró sin poder escapar del mmagnetismo de los labios de Scully. -No me prometas el cielo, me conformo con lla tierra. Él no cambiaría... eso lo tenía más que claro. Por eso no quería promesas que no podían cumplirse, ni soñar en un mañana en el que la estabilidad fuera tangible. Eso no era parte de Fox Mulder, y querer trasformarlo era el peor crimen que podía cometer. Lo amaba tal como era, por eso estaba a su lado. Porque aprender a quererlo fue la mejor aventura que jamás vivió. Porque seguir a su lado seguiría siendo igual de intrigante. 1 de diciembre del 2002.- El tic tac del reloj era la única melodía que se escuchaba a medianoche mientras la ciudad dormía. Su mirada estaba fija en el techo, confundiendo el concreto con un cielo oscuro en una noche sin estrellas. Diciembre había llegado... apenas tenía unos cuantos minutos y en la atmósfera se percibía un cambio. Sólo había dormido una hora, hasta que las imágenes volvieron a darle forma al sueño que se repetía cada noche desde su regreso. No era una pesadilla, nunca despertaba sobresaltado; pero no podía conciliar el sueño después de verla otra vez. Lentamente se levantó y caminó hasta el calendario que adornaba la pared del fondo. Aun seguía en noviembre, resaltando el día que quisiera poder borrar de su perfecta memoria. Él arrancó la hoja con arrebato. Más que un impulso era una necesidad que corría por sus venas y amenazaba con desequilibrar la normalidad que con mucho esfuerzo estaba logrando recuperar. La normalidad dentro de los límites de su inherente locura. Sin embargo, cuando tuvo el papel entre sus dedos, soportando la presión de su puño cerrado, sintió que estaba matando una parte de su ser, pues de aquella Scully sólo quedaba una fecha y las fotografías que se alojaban en su mente. -¿Mulder? Cielos. No era su casa, tampoco su calendario. Ahora recordaba que ni siquiera tenía un calendario en la pared de su habitación. -¿Te desperté?- le preguntó a modo de discuulpa. Tenía que morderse la lengua para no decir "lo siento", pero era por su propio bien, pues Scully no toleraría escucharlo una vez más. -No... también estaba mirando el techo- resspondió con naturalidad. Ella miró la mano de Mulder y el papel arrugado que trataba de esconder. -Gracias... ya ansiaba lanzar ese mes a la basura. Él le dedicó una sonrisa, la primera en muchos días y probablemente no la última. -Scully... ¿está bien que quiera olvidar toodo? -Es normal. -Pero es que... tú estuviste ahí, sería olvvidar una parte de ti. -Mulder, todo lo que he sido, soy y seré esstá justo en esta habitación, frente a ti... no hay nada más. Él asintió levemente, queriendo creer en sus palabras. Todo sería tan simple si tan sólo fuera ella, si cerrara los ojos cada noche y la única figura en sus sueños fuera Scully. -Así quiero que sea- dijo acercándose a ellla y buscando refugio en sus brazos. -Así será- le aseguró recostando su cabeza sobre su cálido pecho. - No me está gustando la idea de que me veas con arrugas- confesó soltando una carcajada. Eso arrancó una gran sonrisa de sus labios, y sintiendo la risa de Scully vibrar en su pecho, inhaló el aroma de sus cabellos y deseó quedarse allí eternamente. El Dios de Scully le había escuchado y, ya que había recibido esa segunda oportunidad por la que tanto rogó, estaba en sus manos lograr que aquella pesadilla que amenazó con ser eterna, se volviera todo un sueño. FIN.-