TITULO: And Then You Laughed.- AUTOR: Donnilee E-MAIL: DONNILEE@SNET.NET CATEGORIA: MSR CLASIFICACIÓN: NC-17 RESUMEN: Era una noche como cualquier otra. ¿Me preguntas de qué estoy hablando? Mulder... Exterminando mi cerebro. DISCLAIMER: Juro que bailar desnuda bajo la luz de la luna es parte de mí. ¡Oh! ¿Te refieres a los personajes? No, desafortunadamente no son míos, sin embargo los uso para que mi corazón sea feliz. SPOILERS: NOPE. DEDICATORIA: Este es otro para Laura. Segunda maravilla de beta, quien solo ama aquellos PWP biscuits. Aquí tienes otro, espero que te guste. GRACIAS: A mi fiel beta, Sdani, quien siempre esta ocupada pero encuentra tiempo para leer mis locuras. ¡Gracias! TRADUCCIÓN: Rovi Adams & Vania. **Prohibido publicar esta traducción en cualquier otro site sin nuestra autorización*** Para feedbacks en español pueden escribir a rovi.adams@gmail.com o a duchovnya15@yahoo.com.mx XXXXXXXXXXXX Fue extraña la manera en como finalmente sucedió. No hubo advertencias, ni insinuaciones, ningún hábil intento de seducción. Fue una noche como cualquier otra. ¿Me preguntas de qué estoy hablando? Mulder... exterminando mi cerebro. Lo imaginé pasando de tantas maneras distintas. Este asalto repentino e inesperado no era lo que tenía en mente. ¿Cuándo haría Mulder lo que yo pensaba que podría hacer? ¿Cuándo ha jugado con las reglas? Fue una noche como cualquier otra. Era tarde el viernes, alrededor de las 10 de la noche y habíamos comido en mi casa en contenedores de comida china mientras revisábamos las fotos de nuestro último caso. Yo estaba sentada en el sofá, con la espalda en el respaldo, las piernas recogidas al estilo Indio, una entrevista abierta en mi regazo. Me reí cuando leí el nombre del entrevistado... Doogie Maverick. Los dos nombres eran tan opuestos que resultaba absurdo. El primero me hizo pensar en el Dr. Doogie Howser. El segundo me hizo pensar en Tom Cruise en Top Gun. ¿Podrían dos imágenes ser más opuestas? No lo creo. Mulder no miró, pero preguntó -¿Qué es tan gracioso? Le dije el nombre y se rió. Es sólo gracioso. Debí de estar cansada porque no paraba de reírme y no podía sacarme las dos imágenes de mi cabeza. Hice un resoplido tratando de contener mi risa y simplemente me rendí y me dejé llevar con una gran carcajada. Raramente, aún cuando me sienta muy relajada con Mulder, me dejo perder con una risa como esta en su presencia. Nuestro trabajo era serio a menudo, muy serio casi siempre y habían pocas ocasiones para reírnos. Tuve de repente una ola de ansiedad esperando que se riera conmigo y escuchando el silencio, miré para ver que estaba mal. Mis ojos se posaron en su rostro y la mirada que encontré casi me quita el aire. Sus ojos eran negros, sus pupilas dilatadas, su mandíbula floja, sus labios húmedos. Sus pestañas estaban pesadas y caían a media asta. Era una mirada de repentino deseo que retrocedí enderezando mi espalda, dejando caer el archivo de mi regazo. De repente el aire estaba cargado con una tensión que no podía ver, pero que podía sentir Sus barras invisibles de hierro me mantenían inmóvil, mientras que él deslizaba el archivo que sujetaba en la mesa del café, volteándose para enfrentarme. Mi boca se abrió y se cerró de nuevo, pero no podía lograr sacar una palabra. Él se volteó gateando sobre el sofá, moviéndose sobre mí, al mismo tiempo que yo me deslizaba tratando de alejarme de él y la fuerza de su mirada. Sus manos bajaron hasta mis caderas, y dije en voz baja - Mul... Aclaré mi garganta para tratar de nuevo. Pero antes de que pudiera pronunciar otra palabra sus labios tocaron los míos, lo suficientemente fuerte para obligarme a abrir la boca, pero no lo suficientemente fuerte para lastimarme. Gemí y su lengua entró en mi boca, girando sobre mis dientes y jugando con mi lengua. Suspiré y él presionó su cara con la mía, forzando mi cabeza a permanecer contra el respaldo. Realmente iba a empujarlo cuando posé mis manos en su pecho. ¿Qué demonios se estaba proponiendo? Mis manos hicieron contacto con su playera y el calor era tan electrizante que retiré mis brazos. Cuando los retiré, él apoyo su peso en sus piernas, su boca finalmente dejando la mía. Cuando gemí por aire, sus manos se posaron entre nosotros agarrando mis tobillos e inmediatamente reacomodando mis piernas. -¡Mulder!- grité con sorpresa. Él no dijo una palabra todavía, sólo se deslizó entre mis piernas, apoyando sus codos en el sofá y su peso acorralándome. Colocó su erección contra mi articulación y gemí a pesar de haberme mordido los labios para no hacerlo. Empuje inútilmente sus brazos, preguntándome si realmente quería que se apartara de mí. La mirada de su cara era feroz y me asustó y me estremeció al mismo tiempo. Noté la manera en la que sus bíceps se marcaban debido a su propio peso. -Qué estas...- fue todo lo que puede decirr antes de que su boca descendiera nuevamente sobre la mía. El estaba implacable, su boca trabajando sobre la mía una y otra vez. Sus labios aseguraban mi labio inferior succionándolo, haciendo que me desbordara con la humedad proveniente de mis labios inferiores que iban aumentando el calor. No tenía la menor idea de lo que había hecho para llegar hasta aquí. Ciertamente no era lo que me había imaginado al llegar a esto, pero me di cuenta que combatirlo era inútil. Quería esto, y la loca mirada en sus ojos que causaban una chispa de excitación a lo largo de toda mi espalda. Él gruñó como un animal mientras apoyaba sus caderas hacia delante, posando su afilada erección en mi entrepierna. Quería esto pero su frenética desesperación estaba molestándome un poco. Mis uñas se enterraron en sus bíceps, donde mis manos habían anclado arañando su piel. Él gimió y levantó su cabeza para examinar mi rostro. Sus ojos me miraban con lujuria. Yo quería esto pero necesitaba ir despacio. -Mulder, por favor. ¡Despacio! Me miró por un minuto, su labio inferior temblando. Tomó varios suspiros y después cerró sus ojos, y apretó sus dientes moviendo el músculo de su mandíbula. Unos segundos después, él abrió sus ojos y me miró de nuevo. Todavía sin decir nada. Abrió su boca, pero ningún sonido salió. Después levantó su mano y su dedo tocó mis labios. Pensé que me estaba silenciando, pero después sus dedos recorrieron mis hinchados y húmedos labios. Succioné un rápido suspiro a la sensación de cosquilleo que emanaba de mis labios. Sus dedos se deslizaron en mi cara, sobre mis mejillas y su pulgar gentilmente tocó mi párpado. Su toque fue tan ligero como el de una mariposa y lleno de reverencia. Una mirada de asombro se formó en su rostro, supongo que porque estaba dejando que me tocara así. Sus dedos trazaron el contorno de mi oreja, colocando mi cabello detrás de ésta, y me estremecí con su ligero roce. Entonces gemí cuando su pulgar y su índice atraparon mi lóbulo, moviéndose de atrás hacia delante, como si estudiara su textura. Sus ojos se abrieron más ante mi respuesta y se fijaron en mis labios. Él lamió sus labios y yo estaba deshecha. Me incliné hacia delante para capturar sus labios de nuevo e invitarlo a que continuara, aunque a un paso más lento, cuando se alejó de mí y se puso de pie a un lado del sofá. La pérdida instantánea de su calor fue como un latigazo sobre mi cuerpo y yo retrocedí y grité involuntariamente - ¡No! Él sonrió apenas, lenta y perezosamente y extendió su mano. Yo la alcancé lentamente y enlacé mis dedos con los suyos. Me haló hasta quedar de pie y sin una palabra, se volteó y me llevó a la habitación. Fue como si mi cerebro ya no tuviera control sobre mi cuerpo. Me paré allí como una estúpida, mientras él sujetaba el cuello de mi playera y lo empujaba sobre mi cabeza. Lo dejó caer y buscó audazmente atrás de mí, moviendo sus dedos. Sentí mi sujetador caer de mis senos y colgando debajo de estos mientras los tiros se deslizaban por mis hombros. Él tomó un respiro y lo miré para verlo contener el aliento mientras sus dedos se acercaban y deslizaban los tiros sobre mis brazos. Encogí los hombros y lo dejé caer al suelo. En cámara lenta, su mano izquierda aterrizó sobre mi hombro, estampándome con el calor de su palma. La otra se acercó hasta mi pecho, con una mirada de sorpresa en su rostro. La excitación me recorrió con esta señal de su nerviosismo. Hasta este punto los dos habíamos permanecido mudos. Sus dedos pellizcaron con suavidad mis pezones erectos y moví la cabeza hacia atrás y gemí. Levanté la cabeza de nuevo para ver su boca abierta de la sorpresa. Miró mi rostro y entonces buscó mis pantalones, anclando sus dedos en la banda elástica y arrojándolos hacia abajo, atrapando mis bragas de camino y llevándoselas. Los pateé y me paré completamente desnuda frente a él, al no estar usando medias y zapatos. Se deslizó sobre mí. Él haló su camiseta por fuera de sus jeans y alcancé a detenerlo. Miré su cabeza moviéndose ligeramente como si me dijera "No, no voy a detenerme". Sonreí para animarlo y sus manos cayeron a su costado. Yo saqué la camiseta, dejando que mis manos se movieran alrededor de la cálida piel de su cintura. Él hizo un pequeño sonido de placer en su garganta, lo que hizo que quisiera tirarle al piso y hacerle el amor ahí mismo. Era tan increíblemente sexy en un día ordinario. Excitado era irresistible. Levanté su camisa y él sonrió cuando sólo pude llevarla hasta su mejilla, se agachó lentamente y me dejó sacarla sobre sus hombros y su cabeza. La dejé caer sobre la creciente pila de ropa y entonces fui por sus jeans. Estaba parado plácidamente, observándome desabrochar los botones. Se veía más dócil y en control ahora. Deslicé mi mano sobre él mientras bajaba el cierre y desabrochaba sus pantalones. Él suspiró placenteramente con este ligero toque y mi confianza creció. Le quité los pantalones, casi de igual forma a la que quitó los míos. Pateó sus jeans y sus boxers y se paró desnudo frente a mí. Me fijé en su erección, rígida y lista, esperando por mí. Sus ojos se cerraron y su cara se transformó a una expresión de absoluto éxtasis, mientras tomaba su pesado equipo en mi mano y lo acariciaba lentamente de base a punta. Una sonrisa de pura alegría surgía en sus labios, tratando de decir sus primeras palabras, más que un sollozo. - Ooohoo, ooohoo, ooohoo. Sonreí y me arrodillé. Él gimió antes de que lo tocara con mi boca y sus manos bajaron hasta mis hombros. Me observó, incrédulo, mientras me inclinaba y sellaba mis labios alrededor de la tumescente cabeza de su pene, pasando mi lengua sobre la sensitiva punta y la hendidura de en medio con la punta de mi lengua. Él gimió y jadeó al mismo tiempo que yo deslizaba mi lengua, tomando la mayor parte de él dentro de mi boca. Succioné gentilmente y comencé a balancear mi cabeza, una mano en su estrecho costado, la otra buscando sus testículos, que ya estaban firmes y tensos contra su pene. Succioné con fuerza y él empujó mis hombros. Miré hacia arriba para verlo rechinar sus dientes de nuevo. Estaba listo para venirse. Lamí suavemente y retrocedí ligeramente desilusionada. No estaba lista para que esto terminara. Me colocó en la cama y me senté. Él se agachó y levantó mis piernas, posicionándolas gentilmente en la cama. Me moví hacia el medio y me recliné en la almohada. Me observó por un segundo y sintiéndome completamente desinhibida, dejé que mis piernas se abrieran, levantando mis rodillas para colocar mis pies sobre el colchón. Dijo su segunda palabra con un gemido -Jjjoooodderrrr. Le sonreí y me devolvió la sonrisa, pero entonces subió a la cama como un gran gato, su erección balanceándose gentilmente entre sus piernas, hinchada y volviéndose roja. Se fue directo por mi entrepierna sin ningún detenimiento, envolviendo sus brazos debajo de mis muslos, enroscando sus manos por encima para abrir más mis piernas. Su boca cubrió mi sexo y yo grité: -¡Oh sí! Lo sentí sonreír contra mí y entonces empezó a trabajar. ¡Y oh por Dios sí que sabía hacerlo! Esa mágica lengua suya empezó lamiendo mi clítoris, entonces deslizándose hasta mi húmeda entrada y succionando suavemente la humedad acumulada allí. Sollocé de nuevo y sentí su brazo izquierdo abandonar mi pierna, pasando por debajo de ésta. Dos dedos se introdujeron en mi interior. Grité a todo pulmón y arqueé mi espalda con la repentina invasión. Dejó que me relajara por un segundo o dos y entonces comenzó a mover sus dedos hacia dentro y hacia fuera, volteando su palma hacia arriba y rodando sus dedos detrás de mi hueso púbico. En casi nada de tiempo, encontró mi punto G y sentí que mi abdomen completo se deshacía en un lago de crema, tan caliente como la excitación que me recorría, invadiéndome en sudor. Él succionó mi clítoris en su boca, rozándolo con su lengua a una velocidad reducida. Yo grité, casi sorprendiéndome a mí misma -¡Me vengo! Sentí mis paredes temblar alrededor de sus dedos y mis caderas vibrar al igual que mi clítoris por la fuerza de mi orgasmo. Él lamió suavemente mientras me venía, luces blancas destellando detrás de mis párpados. Finalmente abrí los ojos para mirar hacia abajo, casi desvaneciendo al ver su cabeza entre mis piernas, un mechón de sus cabellos cayendo sobre su frente, mis jugos brillando en su mejilla en la tenue luz de la habitación. La luna brillaba en la ventana, proveniendo la única iluminación, pero era suficiente. Gemí al mirarlo. Se veía como un gato complacido, y movió su cabeza para empezar a besar el recorrido arriba de mi estómago. Cuando llegó a mi cuello succionó y jugó con su lengua probablemente marcándome. No me importó. Se levantó para mirar mis ojos, apoyándose en sus codos. Movió sus rodillas para equilibrarse y así ponerse en posición. Sentí el caliente toque de su pene encontrar mi abertura y deslizarse hacia mi clítoris a través de mi intensa entrada. Se detuvo ahí un segundo, al mismo tiempo que yo lo observaba descansar fuera de mí. Quería esto con tanta intensidad que me sorprendió. Aunque no debería. Sabía lo que habría pasado si Mulder alguna vez intentaba acercarse a mí. Probablemente es por eso que me ocupé en evitarlo por tanto tiempo. Estaba perdiendo el control. El momento no fue tan tenso o temeroso como pensé que podría ser. Era sólo excitante. Casi media hora había pasado desde que nos besamos en la sala por primera vez, el había estado en su mayoría en silencio. Él se aclaro la garganta y yo retire mi mirada de su gran pene para ver su cara. Miré sus ojos y los vi cubiertos de humedad. La grandeza de lo que estaba a punto de pasar me golpeó como un martillo y sentí el aire escapar de mis pulmones. Después me impresionó al mostrar una voz tierna y lenta que vibraba a través de mi pecho. Habló lentamente, casi como si fuera con dolor. -Te amo tanto. Inhalé y él penetró en una larga, continua y firme embestida, enterrándose hasta sus testículos, rotando sus caderas y fundiéndose en mí. Entonces el siguió hasta que ambos gemimos, dejando que la sensación de estar juntos finalmente nos arropara. Su nariz estaba ahora enterrada en mi pelo a un lado de mi cuello, y me di cuenta de que él no quería ver mi rostro. Sentí sus hombros encogerse mientras retenía un sollozo de emoción. Coloqué mis manos en su cabeza y levanté su cara. Pero de inmediato vi que eran lágrimas de alegría, no de tristeza. Sonrió suavemente, su mano quitando el cabello que descansaba en mi frente. He temido este momento. Pero ahora que estaba aquí, no sentí vacilación. Exclamé en el silencio de la habitación. -Yo también te amo, Mulder. Él dejó salir un respiro y mordió su grueso labio inferior, dejándolo salir por debajo de sus dientes. Levanté mi cabeza para capturarlo y succionarlo ligeramente. Entonces nos besamos, lenta, suave y metódicamente. Podía sentirlo latir dentro de mí, caliente y grueso, expandiendo mis músculos. Tomó una bocanada de aire y retrocedió, sólo para caer nuevamente dentro de mí, aligerando su impacto en el último momento. -¡Oh!- exhalé. Él empezó un suave, incluso rítmico, dentro y fuera, dentro y fuera, aumentando la velocidad a paso lento. Su cabeza cayó para succionar primero un pezón, después el otro. Me arqueé hacia él, sujetando su cabeza en mi pecho. Él se arqueó severamente para alcanzar, y finalmente dejé que tomara aire. Él se reclinó sobre mí. Gruñó con placer y comenzó a embestirme más rápido y fuerte. Mis manos danzaron sobre su espalda amando la sensación de sus músculos debajo de éstas, mientras él se inclinaba más hacia mí, llenándome hasta el borde sin el menor esfuerzo. Sentí mis propias lágrimas surgir, mientras una sensación de euforia me llenaba. Esto estaba tan bien. Nada me había hecho sentir tan bien. Me pregunté que le había hecho dar este paso esta noche. Tuve un recuerdo de una cena pasada donde me dijo: "¡Dios! Eres increíble cuando sonríes". He sido tímida y vergonzosa entonces, sonrojándome con su cumplido y rápidamente cambiando de tema, sin saber como responder. Él se había abstenido de comentarios abiertos desde entonces y yo siempre me arrepentí de mi estúpida reacción. Nos miramos uno al otro viendo ahora la confianza, el amor y la devoción brillar en el rostro de cada uno. Se movió para levantar más su pierna y al siguiente movimiento empujar su erección sobre mi punto mágico. Grité, y tres embestidas después me deshacía, viendo estrellas mientras que el placer explotaba en mi cerebro y vibraba mi cuerpo de pies a cabeza al mismo tiempo flotaba por el más exquisito y maravilloso orgasmo de mi vida. -¡Mmuullddeerr! ¡Aaaiiieeee! ¡Aaaiiieee! Awww, Dios! El nunca dejó de moverse dentro de mí, cuando explotaban las olas de mi clímax. Traté de tranquilizarme y abrí mis ojos. Él había disminuido los movimientos, pero ahora aceleraba de nuevo, manteniéndose hábilmente dentro de mí a una increíble velocidad. Miré hacía abajo y sus caderas desaparecían cuando se introducía en mí. Moviendo mi cuerpo en el colchón de la cama susurré -Vamos, Mulder. Déjate venir. El gritó -¡"Aaaaaaahhhhhhh, Dios, Ssccuullyy!" Su semen estaba caliente cuando flotaba en mi cuerpo y se escurría afuera, alrededor de su pene. Colapsó un par de veces más hasta que al fin admitió que todo había terminado, dejando todo su peso gentilmente sobre mí. Permanecimos así por largo momento. Su cabeza sobre mi pecho. Finalmente, alzó su cabeza y me besó suavemente. -Te Amo- dijo con voz suave. Y yo sonreí -Yo también Te Amo, Mulder. -No puedo creerlo. -Créelo- Me detuve y después pregunté: -¿QQué nos trajo a esto? No que me moleste. Él sonrió de nuevo concentrándose en mi cara. -Estaba ahí, sentado pensando que sexy y casual te veías con esa ropa. Te escuché sonreír y... me excitó tanto ver tu boca cuando lo hacías. Deje escapar un suspiro -¿Y después? Me miró a los ojos por largo rato y después, -Y después te reíste. Creo que pensó que eso lo explicaba todo. Tal vez así fue. Eso era lo que él estaba esperando. Verme feliz, relajada y riéndome. Alcé la ceja. -Siempre se me hace una erección al verte reír. Me excita tanto. Supe que mis ojos brillaban y sonreí asombrada con esta confirmación. -Entonces... -No pude soportarlo más... no tocarte. Habbía estado pensándolo por semanas. Que ya era hora. Pero esto fue lo último, tú... -Sonreí con el nombre de ese sujeto- afirmmé. El asintió. -Sí, y después te reíste. FIN