"Anytime, Anywhere" (5) 12 de Noviembre del 2002.- Dentro del buró, ocultar una noticia era prácticamente imposible, en especial cuando se trataba de una de las hazañas del agente Fox Mulder. Su ausencia podía pasar desapercibida dos o tres días, pero el hecho de que Scully estuviera asistiendo diariamente a la oficina, alimentaba la imaginación de aquellos encargados de crear y esparcir los rumores. Las ojeras y la preocupación reflejada en el rostro de la agente eran otros puntos a favor de los chismosos. Ellos sabían perfectamente que acercársele era peor que enfrentar a cualquiera de los más buscados por el FBI, y tal impedimento los hacía desarrollar su capacidad de "leer" la expresión detrás del semblante helado de Scully. A pesar de su intento por llegar cada mañana como si nada estuviera pasando, los comentarios seguían creciendo más rápido que la espuma. Todas las voces llegaban a sus oídos como el sincronizado zumbido de un panal de abejas... contrastando con el reinante silencio de su alma. A veces, la muralla que levantaba en torno a todos cumplía con su misión y la mantenía a salvo en la pequeña isla en la que sólo Mulder y ella ponían sus pies. Otras veces, las palabras la golpeaban como olas que amenazaban con destruir el castillo de arena que la separaba del mundo real. Después de todo, ella era humana. Sus pasos la llevaron hasta la oficina de Skinner. Él la había llamado temprano, quería verla con carácter de urgencia. -Buenos días, agente Scully- saludó Kimberlly con su cálida sonrisa. -El señor Skinner la espera, puede pasar. -Gracias, Kimberly- dijo automáticamente siin siquiera molestarse en mirarla. Entrar en aquella oficina le hizo sentir esa molesta sensación de vacío otra vez. Eran raras las ocaciones en que estaba allí sin la compañía de su inseparable compañero. No le gustaba esa tranquilidad tan anestesiante... necesitaba sentir la tensión de presentar un nuevo informe y las pequeñas discusiones que terminaban frente al despacho de Skinner. Esta mañana las cosas eran distintas. Ella se sentaría frente a su jefe a escuchar como la investigación concerniente al agente Mulder no presentaba ningún avance, como las pistas eran cada vez más escasas... y, mirando sus manos vacías, se daría cuenta de que no había donde buscar porque nadie creía en lo que Mulder creía. Sólo ella tenía la posibilidad de llegar hasta él. Pero ella tampoco podía creer. Viendo la expresión de la agente, Skinner aclaró su garganta listo para entrar en detalles enseguida. No necesitaba preámbulos... con Scully no era aconsejable darle vueltas al asunto. -Varios oficiales revisaron anoche el domiccilio de Murdock- dijo secamente, tratando de hablar y actuar automáticamente. -No se encontró nada que pueda ayudarnos con la investigación. -Eso ya lo sabía- ella lo miró de manera deesafiante, haciéndole tragar las típicas palabras de consuelo que estaba a punto de decir. -Quiero la dirección de Murdock, señor. -Agente, no... -Si me facilita esa información- le interruumpió sin importarle en absoluto el protocolo, -me ahorrará tiempo. Pero, de todas formas, lo haré. Sola. Él la miró con sorpresa, pero detrás de esa sorpresa se ocultaba la creciente admiración que sentía hacia aquella mujer cuya fortaleza era inigualable. Skinner sabía la magnitud del sacrificio que estaba haciendo Scully en este momento. Sabía que no le era nada fácil dejar atrás sus convicciones para entrar en la piel de Mulder. Para él no había ninguna decisión que tomar. En cuestión de segundos, el papel que contenía la dirección de Murdock estaba en manos de Scully. -Gracias- murmuró ella al salir de la oficiina, sosteniendo el papel entre sus manos como si se tratara de su propia vida. *** Ella leyó el número una vez más, ahora prestando más atención a la vieja madera que daba soporte a la pieza de metal que amenazaba con desprenderse en cualquier momento. Todavía no se decidía a tocar, porque desde su llegada tenía la impresión de que nadie estaba allí, ni lo había estado en mucho tiempo. Todo alrededor de Murdock era tan surrealista como los sueños que invadían su mente cada noche. Desde el escondido edificio, que parecía sacado de una historia de Halloween, hasta el pintoresco conserje. Pero su determinación seguía intacta. Si tenía que pasar dos días removiendo los objetos personales de un científico loco, lo haría. Si tenía que hacer amistad con el viejo conserje, también lo haría. No estaba dispuesta a parar antes de lograr su propósito. Su puño chocó contra la puerta dos veces, luego dos veces más, y más, y más... alimentando la esperanza con cada golpe, esperando otra respuesta que no fuera el silencio. Scully cerró los ojos y respiró profundo, antes de verse presa de su propia desesperación. No podía esperar que Murdock se encontrara sentado tranquilamente en su sofá sabiendo que los federales andaban tras sus huesos. Ahora se daba cuenta de que se estaba dejando arrastrar por sus impulsos. El deseo de encontrarlo estaba nublando su lógica. Apoyándose contra la pared, ella dejó caer su cuerpo lentamente hasta el piso, sin importarle que la suciedad arruinase su impecable imagen de agente. Poco le importaba... el FBI carecía de sentido si no tenía locas teorías para refutar mientras atravesaba otra carretera olvidaba del mapa. Desde el suelo, el ángulo era más interesante.... el escenario de Halloween dejaba de ser divertido y se tornaba escalofriante. Con los ojos cerrados, sus latidos eran más audibles. Y con su cabeza apoyada en sus rodillas, un simple zumbido se convertía en una bomba detonante. Era todo su mundo, sus elecciones, sus errores, sus secretos, incluso su maldito reloj biológico... todo amenazaba con derrumbarse sobre sus hombros. -Maldito bastardo- murmuró frustrada. -¡Porr qué tienes que hacerlo una y otra y otra vez! Ahora estaba gritando... Gritando a solas en un extraño pasillo donde al parecer nada ni nadie tenía vida. Gritando a los fantasmas que rodeaban su cuerpo y su alma fatigados. Quizá ellos sí escucharían lo que su compañero nunca tenía tiempo de escuchar, porque ella era muy escéptica y él era muy obstinado. -¿Señora? Perfecto. Ahora también hablaban. -Señora... -¡Estoy muy ocupada para prestar atención aa mi voz interior! -¿Puedo ayudarla?- se escuchó decir a la vooz, pero ahora una mano estaba sobre su hombro derecho. Ahora podía decir que la voz pertenecía a un ser vivo... o ella tenía serios problemas. -Estoy bien- disparó su lado autosuficientee, antes de que su cerebro terminara de procesar que en realidad necesitaba ayuda. Y mucha. El eco de unos pasos inundó el pasillo después de su predecible respuesta, entonces se arriesgó a levantar un poco la cabeza, solo para ver al viejo conserje casi llegando a las escaleras. Ni siquiera podía con sus propios huesos. ¿Cómo pretendía ayudarla? De vuelta al silencio sepulcral que la abrazaba, Scully decidió optar por que sus pensamientos se desvanecieran con la misma facilidad con que lo hacía su compañero. Necesitaba un poco de paz... y el cansancio le daba todas las de perder a su rebelde cerebro. *** El sonido de una sirena fue invadiendo sutilmente el silencio... al principio parecía parte de las telarañas que tejían su imaginación, pero después se tornó tan real como el frío concreto. Negada a abrir los ojos, ella trató de acomodar su cabeza en la almohada, pero la única almohada que encontró fue su brazo doblado. Entonces recordó donde estaba... era la primera vez que deseaba desconectarse por completo de su existencia. Dejando escapar un gemido, trató de incorporarse y adaptar sus ojos a la poca luz. Necesitaba saber cuanto tiempo llevaba allí, dejándose llevar por ese lado vulnerable que apenas recordaba que existía. Buscó entre sus bolsillos con desesperación y encontró su móvil. Eran las dos de la mañana y ella estaba en medio de la nada, buscando a ese nadie que podía decirle por donde empezar para encontrar a aquel que desaparecía de su tiempo y espacio. Su vida era un expediente X. Triste pero cierto. Y ahora lo estaba odiando por todas las veces que debió odiarlo en vez de amarlo más. Lo odiaba tanto que no sabía si de tenerlo enfrente lo abofeteaba o lo besaba clavando sus dientes en sus labios hasta hacerlo sangrar. Hasta hacerlo sentir un poco de la agonía que la estaba consumiendo. La fuerza que le faltaba la encontró en esa nueva ira que invadía su cuerpo. Lo traería de vuelta aunque fuera lo último que hiciera en esta vida. Para que por primera vez escuchara lo que ella tenía que decir. -Agente Scully... Sus ojos trataron de buscar un rostro para aquella voz no del todo desconocida. A unos cuantos metros, se discernía la silueta de cuatro hombres... uno de ellos caminando hacia ella. Continuará...