Es
una persona digna de confianza. Una persona es digna de confianza cuando
sus actos y sus palabras son coherentes con su vida interior. El hombre y la
mujer en quien se puede confiar, dice lo que cree y cree lo que dice. Es una
apertura interior que nos permite encontrarnos con la persona tal cual es.
Es
leal. La lealtad – o la fidelidad, que es lo mismo – es la persistencia
de nuestra fe en lo importante. Es vivir dentro del reconocimiento de lo
permanente, de lo perdurable. Es la perpetuación sin fin del combate contra
el olvido o la negación. Por la lealtad nuestra existencia reconoce una
historia como propia y nuestra personalidad se hace estable, firme y
constante.
Sirve
a los demás. Hombres y mujeres somos, por nuestra propia esencia,
individuos en permanente relación con otros. Nuestra vida, de manera
diferente y con distintos niveles de profundidad, es constantemente
transformada por la presencia de otros hombres y mujeres, así como nuestros
actos impactan en la vida de quienes comparten con nosotros.
Comparte
con todos. Servir a los demás y compartir con todos son, de alguna
manera, caras de una misma moneda. ¿Cómo podemos servir a los demás,
profunda y libremente, sin compartir con ellos? ¿Cómo podemos compartir con
los demás sin que ese encuentro no nos lleve al servicio y la entrega
generosa?.
Es
amable. En su nivel más modesto, la amabilidad designa la gentileza de
los modales, el respeto y la benevolencia hacia los demás. Los antiguos
griegos veían en ella un sinónimo de humanidad, lo contrario de la barbarie.
Protege
la vida y la naturaleza. La vida es un fenómeno extraordinario,
sobrecogedor y único. La vida es el espacio y el tiempo de nuestros sueños,
nuestras esperanzas, nuestras pasiones y nuestros esfuerzos. La vida es el
comienzo de nuestra historia y nuestra historia es el encuentro con la vida.
Se
organiza y no hace nada a medias. A menudo consideramos la capacidad de
organización como un valor menor, ligado al orden y presente en personas muy
especiales. Desde esa perspectiva, se toleran con excesiva condescendencia
promesas que jamás se realizan, proyectos que quedan inconclusos, palabras
carentes de responsabilidad. Pero la afirmación que el Movimiento Scout hace
mucho más allá, es una invitación a nuestra capacidad de compromiso.
Enfrenta
la vida con alegría. La alegría de vivir no impide la seriedad en
nuestras relaciones y obligaciones. Pero seriedad no debe confundirse con
gravedad. La vida llena de alegría tiene un cierto sabor a triunfo y
transmite la sensación de que se le esta sacando todo el jugo posible a la
existencia. Quizás sea porque la alegría es expresión de felicidad y es la
búsqueda de felicidad a lo que consagramos nuestros mejores esfuerzos.
Cuida
las cosas y valora el trabajo. Los hombres estamos llamados a continuar
la obra creadora de Dios. Para ello necesitamos descubrir nuestras
potencialidades y a través de ellas intervenir en la construcción del mundo.
Aportar con lo mejor que podemos hacer, de un modo creativo y consciente de
la diversidad de las capacidades y expresiones humanas.