Condena a Muerte: EL SIDA

El Sida constituye otro de los graves flagelos de nuestra humanidad, que aumenta cada día de manera alarmante entre los adolescentes y jóvenes de los países más pobres.  De manera lenta y despiadada, esta enfermedad acaba con una persona, afectando su humanidad, condenándola a muerte y obligándola además a enfrentar un difícil entorno social que la aísla y rechaza.  Millones de seres humanos en todo el planeta se encuentran sentenciados, execrados por llevar en sus venas el virus del VIH, entre ellos un alto índice de la población juvenil.   Aun cuando las estadísticas no reflejan en su totalidad la realidad de los hechos.  Desde el comienzo de la epidemia en los años 80, han muerto en el planeta tierra  14 millones de infestados y el 95% de los decesos se ubica en los países en vías de desarrollo. Resulta revelador el hecho que altos porcentajes de este terrible flagelo recaigan también sin ninguna piedad, sobre la población joven.

En Venezuela, la ausencia de adecuados sistemas educativos y de planes de información y orientación efectivos, acelera el número de víctimas de este terrible flagelo, ya que no existe una real preocupación por evitar los riesgos de contagio, producto de relaciones sexuales en adolescentes, el consumo de drogas y otros factores sociales que afectan el mundo hoy, tal como el tabaquismo y el alcoholismo, este último, cuyo consumo tiene un porcentaje muy elevado en los jóvenes liceístas de nuestra ciudad, etc.

Hacemos un llamado de alerta a los padres y representantes quienes deben estrechar lazos de unión con sus hijos, familiares y representados; a los docentes, orientadores y guías prestadores de servicio en a educación sistemática, a los integrantes de los diversos Consejos Municipales de Protección del Niño y del Adolescente, quienes deben producir las herramientas necesarias a través de talleres, encuentros de amistad con el propósito de orientar adecuadamente a esa población específica, contribuyendo de esta manera en la prevención de esta terrible enfermedad.
Debemos unir esfuerzos para ofrecer alternativas de bienestar a nuestros jóvenes, la inteligencia y el amor como base ideal de la educación para formar a estos niños y pueblo si es preciso, si queremos formar hombres sanos dignos de la Venezuela que queremos.

Lo cierto es en todo caso que a una gran mayoría de nuestros niños, adolescentes y jóvenes continúan sin que se les conquiste su inteligencia y, menos aún, su corazón.  Por el contrario se encuentran lejos de toda mirada compasiva, en medio de una total pobreza y desolación. Afectiva económica y por ende social.  ¿SALVEMOS NUESTROS NIÑOS Y ADOLESCENTES por el bienestar de la sociedad futura!

Rotaria.

Abog. Dalia Guerrero Quintero
Dtto. 4380. C. Santiago de los Caballeros
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