
Rosimeire Leal da Motta
Copyright © Rosimeire Leal
da Motta
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EL
JUEGO DE LA VIDA
©
Rosimeire Leal da Motta.
Corriendo
de brazos abiertos él está.
En su cara no hay alegría, ni tristeza.
Está delante de una platea.
Se hizo un gol y ganó el juego
no hay motivo interior para conmemorar.
Es su obligación.
En el juego de la vida
no habrá nadie para aplaudir.
Las mejores alegrías las guardamos para nosotros mismos.
¿Y quien se alegra con la victoria ajena?
La envidia no permite que muchos ciudadanos
perciban la importancia de la victoria de otras personas.
Pero si el jugador está preocupado,
es porque él se siente en deuda con el aficionado.
Está siendo pago para ganar.
La victoria no es suya, es del público.
En su cara hay cansancio y sudor.
En el semblante de la platea victoriosa hay euforia y alegría.
Los últimos minutos finales del juego
hacen con que el equipo adversario perciba la derrota.
El jugador no se atreve a mirar la platea perdedora:
compraron expectativas y recibieron desilusiones.
Para saber ganar es necesario saber perder.
Pero la derrota corroe el amor propio.
Aquel jugador corría de brazos abiertos,
como si los brazos estuviesen llenos de victorias
y lanzara a la platea vencedora el sabor del triunfo.
De súbito deja los brazos cayeren a lo largo del cuerpo.
Cumplió su misión.
Su vida personal no es triunfadora,
pero al menos,
¡puede hacer que las personas se sientan triunfantes!
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