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Vidas de Perros

_______________________________Rosa Carmen Angeles.

Una manera decente de comenzar el a�o ser�a tomando conciencia de los derechos civiles del perro. �Cu�n horrible ser�a el destino de la especie humana si un d�a se decretara una ley huera que le otorgase al director de un centro antirr�bico acabar con todos los perros que se cruzaran en su camino! Hay gente llena de odio que cuando pasa cerca de un perro, aun cuando se trate de uno de esos perros honestos, experimenta el extra�o prejuicio de que el can se lanzar a morderla, y antes de que el pobre animal se acerque a limosnearle un hueso, ya le est n lanzando una pedrada. Tal vez por eso hay en el mundo tantos perros que se amotinan en pandillas y vagan biliosos y desconfiados.

Los brujos dicen que todo perro se parece a su due�o; entonces, el perro de un hombre ruin, frustrado y d�scolo, tambi�n tiene modales despreciables: por cualquier cosa ladra o hace pedazos una pantufla. O perros tremendamente inteligentes, a los que para parecerse a sus amos solamente les falta aprender computaci�n. Pero los hay tambi�n perros capitalistas o "archirrefinados", cuya cultura espiritual y conciencia de clase no les permite inmutarse, en lo absoluto, por las adversidades en las que sobrevive el perro sin hogar.

El refr�n dice que no hay mejor amigo de un hombre que un perro, y tal vez sea cierto. En Espa�a yo conoc� a un perrito gallego de ojos lega�osos y sucios bigotes que bien pudo haber tenido gran porvenir en un circo, pero nunca sali� de Para�os, su aldea, y ni siquiera conoci� la televisi�n. Este perro viv�a con su amo, un gallego borracho y desquiciado que le profesaba una amistad equivocada: le ofrec�a al animal aguardiente o le acercaba al hocico un vaso de vino Ribeiro; y ya cuando estaban ambos borrachos, juntos cantaban canciones rancheras mexicanas o bailaban mu�eiras gallegas. El hombre dec�a que son los perros los �nicos que pueden ver de frente a la Santa Compa�a.

�Te amo, Perro Aguayo!

En nuestro pa�s el nombre m�s com�n para un perro es el de Firulais, pero a la gente de nuestro M�xico le gusta, tambi�n, ponerle a los perros nombres festivos. Entonces, el perro tiene que aguantarse el coraje de gastarse la vida llam�ndose c�nicamente Sincalzones o Solovino. Los nombres en ingl�s tambi�n tienen �xito entre algunos perros paisanos; mis primos los Villanueva, en su infancia, tuvieron un perro polic�a al que llamaban Jimmy, pero resulta que Jimmy tambi�n se llamaba un vecino gringo que en la esquina viv�a. Cuando el gringo se dio cuenta de que los Villanueva hab�an bautizado al perro con el mismo nombre con que �l firmaba sus cheques bancarios, ardi� tanto en c�lera que, para vengarse, adopt� a varios perros callejeros a los que llam� con los nombres de los Villanueva: Ram�n, Conrado y Micaela. Con el tiempo, el gringo se acostumbr� tanto a los animales que les agarr� mucho cari�o; pero a la gringa de su mujer se le dispararon los celos y empez� a pelearse con el marido. A causa de las interminables disputas sobre los perros acabaron divorci�ndose.

Mi perra se llama Matilde y anda siempre muy limpia y em-perejilada; mi madre dice que Matilde es hija suya, pero mi padre alega que Matilde no es hija de �l; entonces Matilde viene a ser, como quien dice, mi media hermana. Mati naci� en el '85 y se qued� soltera por culpa de mi madre, quien no la dej� casar. Matilde se enamor� de un perro calavera y muy mundano, quien de ella se hallaba tambi�n positivamente enamorado: el novio de Matilde se paraba horas enteras frente a la puerta de la casa, y a veces, junto con otros perros, llegaba a darle serenatas sen-timentales. Ante tantos obst�culos y complicaciones que le puso y que le ocasion� la familia, el perro callejero, con el tiempo, se fastidi� y abandon� su pasi�n por Matilde; posteriormente, se supo que termin� su vida sentimental con una perrita sucia, escandalosa y fea; ambos deben estar ahora casados y hasta deben tener ya nietos. Con el tiempo, a Matilde le sali� otro pretendiente: un perrito gallardo, guapo y pelirrubio que a Matilde le hac�a ojitos; ambos nacieron chilangos, aunque a �l, por un tiempo, se lo llevaron a vivir a Nueva York. El perro aquel estaba muy viajado y era tan de buena familia que tomaba una actitud muy parecida a la jactancia, y eso era, exactamente, lo que Matilde le repugnaba. Entonces fue cuando se dio cuenta de que su pasi�n por el callejero no hac�a posible que ella pudiese aceptar otros romances, que su amor era de una sola pieza y de un solo perro, definitivo y para la eternidad. Mi mam� , aquel remordimiento de conciencia lo arregl� diciendo "�c�mo se atreve esta perra tonta a hacerle caso a ese animal, cuando ni siquiera sabe cu�l es su tipo de vida?"

Si se pasea por Reforma, o se camina en la periferia de la Colonia Roma, nunca falta el perro indigente que aparece, con cara asustada y los ojos bien abiertos, procurando adivinar el humor con que amaneci� el conductor de un Ruta 100 que lo puede dejar planchado en el pavimento, o semblanteando el estado de �nimo con el que despert� el oficinista bur�crata, quien para vengar sus frustraciones y mala paga, y olvidando las reglas m�s elementales de cortes�a, le lanza una patada al primer perro vagabundo que se cruza por su camino. Son muchas las monstruosidades que se cometen en contra del perro sin familia. Despose�dos y sin fe desde tiempos anteriores al porfiriato, algunos canes dejan ver su miseria y reclaman a la Revoluci�n les haga justicia. Este a�o que comienza me anima un sue�o optimista: construirle al perro sin hogar un concepto m�s sano de vida.

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