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Vagabundas

_______________________________Rosa Carmen Angeles.

"Para llegar hoy, a estos lugares, tuve que vender mi motocicleta, desbaratar mi departamento, trabajar terriblemente durante todo un a�o y encargarle mi gato a una vecina anciana que es la madre de un hombre con el que viv� alg�n tiempo y el cual se puso furioso cuando le avis� que nuestra relaci�n quedar�a suspendida por un a�o que es el tiempo que transcurrir�a mi estancia en Europa". Me coment� Kelly, una vagabunda australiana a la cual conoc� en Patras en el momento en que ambas nos dirig�amos a tomar el ferry que nos conducir�a a Brindisi. Kelly no era una aventurera vulgar, era una verdadera vagabunda.

( Foto de: Catherine McIntyre,
http://wkweb5.cableinet.co.uk/c.mcintyre/home.html )

Hace aproximadamente 30 a�os una mujer que le avisaba a su familia que se lanzar�a a trotar por los contornos del mundo, recib�a como respuesta - de su madre, cuando menos una docena de paraguazos. En la �poca actual, las vagabundas resultamos personajes dignos de encomio.

En este viaje que he realizado a Europa, adem�s de Kelly he conocido a montones de vagabundas: como a una japonesa muy rica que en Montecarlo apost� una fortuna en la ruleta y sali� del lugar con la cara color de aguacate. Una londinense de ascendencia birmana que hab�a vivido varios meses en Grecia estudiando cocina mexicana. Una sueca que deseaba locamente parecer brasile�a y se te��a el cabello de negro y duraba las horas requem�ndose: su piel blanqu�sima como de m�rmol de Carrara se torn� negra con tanto sol. Una canadiense bruja, perfecta conocedora de varios himnos aztecas y algunas hechicer�as para convertir a un semejante en sapo, misma vagabunda que como soluci�n a mis problemas de amor me sugiri� entonar un tweedlidi tweedlydum como conjuro m�gico que har�a que cualquier hombre se arrojara lleno de amor a mi paso, conjuro que hasta la fecha no me ha dado ning�n buen resultado, tal vez porque no lo lanzo a las 12 de la noche. Muchas de ellas confesaron haber sentido en su infancia una ligera inclinaci�n por los aventureros de la literatura o el cine: as� como yo que me siento Rosa Carmen Indiana Jones.

( Foto de: Catherine McIntyre,
http://wkweb5.cableinet.co.uk/c.mcintyre/home.html )

Uno de los c�nones de la vagabunda solitaria es: "Prohibido enamorarse cuando se viaja". Andar sola de vagabunda y cometer la torpeza de caer en el amor puede resultar el canto de las sirenas: un acontecimiento tr�gico; se corre el riesgo de ser asaltada y terminar las vacaciones a base de limosnas o cantando corridos mexicanos en franc�s en alg�n vag�n del Metro de Par�s. Y, aunque para mi gusto los hombres mexicanos son de los m�s atractivos del mundo, tengo que reconocer que los italianos, adem�s de muy insistentes, son verdaderamente encantadores; por lo mismo se necesita una potente concentraci�n y una fuerza de voluntad a toda prueba para no sucumbir ante los encantos de estos guapos.

Algunos hombres mis�ginos de cabeza cuadrada, suelen decir que las mujeres hablamos s�lo tonter�as; pues en esta ocasi�n las "tonter�as" las dijimos en ingl�s: austr�acas, portuguesas, griegas, italianas, mexicanas... etc., las vagabundas del mundo, en su mayor�a, nos comunicamos en la lengua de Rod Steward. S�lo una francesa cursi, a la que me encontr� en el tren y quien iba vestida en pana y seda, y se peinaba con el cabello engomado y adem�s ten�a pinta de actriz tr�gica, se puso en un plan muy chocante y s�lo pronunci� en ingl�s que quien quisiera comunicarse con ella tendr�a que hacerlo en franc�s "que es la �nica lengua culta del mundo"; en ninguna otra. Pobre mujer, casi se queda muda. Qui�n sabe por qu�, pero hay veces en que los franceses tienen arranques de este tipo.

A la hora de viajar hay miles de razones para empacar 3 vestidos de noche, 4 trajes de ba�o, 7 sacos, 6 pantalones vaqueros, una docena de blusas, 4 de ropa interior, una plancha y dos estuches de cosm�ticos; sin embargo, tanto equipaje puede ser de mala suerte y lograr que uno termine como aquel personaje principal del Corrido del Caballo blanco que en un d�a domingo feliz arrancaba; o con un malestar muy parecido a la reuma de espinazo. Lo m�s saludable es empacar pocas ropa o, si ya no hay m s remedio y se ha cargado hasta con el abrigo de vis�n para dar una vuelta en verano por la Costa Azul, lanzar poco a poco las prendas de vestir por las ventanillas del tren, procurarse encontrar alg�n ratero que quiera hacerle a uno el favor de cargar con la maleta o, en su defecto, armar una rifa entre las vagabundas del viaje a ver a cu�l de ellas le toca en suerte quedarse con nuestra peluca.

Confieso que el trabajo de vagabunda de tiempo completo en vacaciones de verano es un trabajo cansado: te caes en el aeropuerto y te sacas un chipote, llegas a Barcelona sin maletas porque en el transborde hubo confusiones y a las tuyas las mandaron a Hawai, caminas 8 horas diarias y los pies se te ampollan, te llueve, te pierdes, te empapas, te resbalas; y cuando uno regresa a la patria y los amigos preguntan "�Qu� tal Europa?" Habr� que contestar: "�Ah, muy bien!, �Muy a gusto!, �Me la pas� super!"

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