La Gestión Ambiental como Estrategia de Desarrollo Endógeno en los Institutos Universitarios de Tecnología de la Región Andina

Autor: Economista Rosa Barrios

 

 

Antecedentes

    Entre los estudios de reciente data vinculados con la problemática en estudio se consideran los siguientes:

    Cruces (1997) en un trabajo documental sobre las etapas del discurso ambiental en el tema del desarrollo en el cual señala que la preocupación por los problemas del ambiente ha venido creciendo paulatinamente, y en esa misma medida ha venido permeando lo que se pudiera Ilamar el "pensamiento del desarrollo". Han habido marchas y contramarchas, propuestas y contrapropuestas; se ha dibujado todo un conjunto de etapas que en sí mismas expresan el peso del pensamiento de los distintos grupos en pugna, en tanto que al problema ambiental se lo ha barnizado de un indudable tinte político, aunque explícitamente no se reconozca así.

   Desde los primeros momentos, cuando se globaliza el problema de la contaminación como casi que único fantasma ambiental, hasta hoy cuando se promueve la sociedad sostenible como salida al problema, el factor político ha dominado la escena en la que se desenvuelve. Este hecho, paradójicamente, a la vez que potencia -en lo teórico- soluciones concertadas, las impide tanto que se anteponen intereses de carácter económico bajo formas que se expresan políticamente.

    Mercado y Testa (2002) en una investigación sobre aprendizaje tecnológico y gestión ambiental en la industria venezolana enmarcaron su trabajo en  torno a los requerimientos conceptuales y metodológicos de un programa de investigación sobre aprendizaje tecnológico y gestión ambiental en la industria de procesos de Venezuela. Considerando en primer lugar la difícil situación socioeconómica existente en el país y la región latinoamericana, la cual plantea enormes dificultades para avanzar en la conformación de una estructura productiva sustentable. Seguidamente, destacan el proceso de evolución de la tecnología en procura de procesos productivos más eficientes, que ha dado lugar al desarrollo del concepto de tecnologías limpias, y las implicaciones de este aprendizaje en términos del desarrollo sustentable.

 

    En tercer lugar, se analiza la experiencia de este proyecto de investigación en la industria química y petroquímica venezolana. Finalmente, se presenta el desarrollo del programa en el complejo agroindustrial (considerando las agrupaciones agroalimentos y pulpa y papel), mostrando las principales características de estos sectores desde el punto de vista ambiental, su importancia en términos socioeconómicos así como los problemas conceptuales y metodológicos a enfrentar en la investigación.

 

     Guilarte (2003) realizó una investigación titulada Sistema de Gestión ambiental para el Instituto Universitario de Tecnología del Estado Trujillo (IUTET) en el cual se planteó como objetivo general diseñar un sistema de gestión ambiental en función del cumplimiento de los postulados de la misión y visión de esta institución educativa. De acuerdo a este objetivo de investigación desarrolló un estudio enmarcado en la modalidad de proyecto factible con un diseño transeccional descriptivo de campo. La población en estudio estuvo conformada por 7 directivos, 12 jefes de departamento y 9 facilitadores de los 11 talleres y laboratorio. Como instrumento de recolección de datos aplicó un cuestionario a los directivos y jefes de departamento y realizó una entrevista estructurada a los facilitadores.  Una vez analizados los datos se elaboró una matriz FODA donde se visualizan los resultados del diagnóstico, a partir de lo cual se formuló una propuesta que consiste en el diseño de un sistema de gestión ambiental. Se concluyó que los aspectos que deben ser considerados en la planificación del sistema no se encuentran definidos en una perspectiva holística, así mismo los que intervienen en la implementación y el funcionamiento de dicho sistema no están presentes dentro de la estructura operativa del IUTET y además la materia ambiental en este instituto, no va más allá de iniciativas puntuales por parte de algunos docentes, un requisito académico y una filosofía institucional.

   

     Quintero (2005) en una investigación titulada “Metodología de Negociación de Bienes Ambientales en Colombia y Análisis para Identificar la Viabilidad de Inclusión de estos en las Negociaciones de Comercio y Medio Ambiente”,  plantea las dificultades para países en vías de desarrollo- como Colombia- para construir una propuesta frente a las negociaciones que se desarrollan sobre comercio y medio ambiente, y en especial lo relacionado con los bienes y servicios ambientales al interior de la Organización Mundial del Comercio –OMC, lo que hace necesario contar con metodologías y afianzamiento de los conocimientos sobre los bienes ambientales, con el objeto de establecer las bases para la toma decisiones en un tema de tan alta trascendencia.

     Esta metodología de análisis propone la identificación de criterios mínimos para diferenciar un bien ambiental, y un posterior análisis de las variables socio-económicas y ambientales, los cuales pueden ser usados como insumo en la toma de decisiones para la inclusión de bienes ambientales en las negociaciones de comercio y medio ambiente. Par enmarcar teóricamente esta investigación la autora consideró los fundamentos del comercio y la liberalización comercial, en la que se encuentran teorías como la del economía internacional y las ventajas competitivas de las naciones según Michael Porter, posteriormente se presentan algunos aspectos conceptuales como son el sistema armonizado de designación y codificación de mercancías, las partidas y subpartidas del sistema armonizado, los aranceles y la estructura del sistema armonizado. También se abordan los aspectos normativos más relevantes relacionados con el medio ambiente y el comercio, y las principales normas legales relacionadas con los productos de la biodiversidad en Colombia y su comercialización, y una guía de los trámites requeridos para realizar una exportación.

       Asimismo, se describen las instancias del sistema de comercio internacional en la que se hace un recuento desde los inicios del Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y de Comercio -GATT- hasta la conformación de la Organización Mundial del Comercio –OMC-, su estructura, Secretaria, y el Programa Ministerial de Doha. También se encuentra una parte en la que se abordan temas relativos al comercio y el medio ambiente en esta institución y el estado actual de las negociaciones de bienes ambientales.

     Teniendo en cuenta este contexto, se propone una metodología de negociación de bienes ambientales en Colombia y un análisis para identificar la viabilidad de inclusión de estos en las negociaciones de comercio y medio ambiente en la que se presenta la forma en que se adelantan las negociaciones de bienes ambientales en el país y una manera práctica para la identificación de bienes ambientales, mediante una revisión y un análisis de carácter económico y ambiental, mediante la selección de un bien ambiental en el que se tiene en cuenta unos criterios creados con el fin de definir los bienes ambientales de acuerdo a las políticas y directrices del país.

Bases teóricas

Gestión ambiental

       Con la evolución de los paradigmas sobre gestión ambiental, la mayoría de las empresas reformuló su enfoque con relación al medio ambiente en respuesta a estas transformaciones, que se manifiestan a través de las presiones ejercidas por los diversos segmentos de la sociedad con los cuales las empresas mantienen relación.

  

    Los elementos de presión varían de acuerdo con los grados de desarrollo del país donde la empresa está instalada, pues este es el factor fundamental que determina la acción de la sociedad civil organizada, una de las principales fuentes de presión. Este segmento actúa algunas veces como consumidor que conoce las diferencias entre los productos que están disponibles, con relación a sus impactos ambientales; otras veces actúa como población directa o indirectamente afectada por algún tipo de problema ambiental (Amaral, 1993).

 

    Al ser establecido el canal de presión, las autoridades del gobierno deberán reaccionar en el sentido de reglamentar la acción contaminadora a través de leyes, reglamentos u otros mecanismos inductores de medidas preventivas o correctivas, pero que resulten en la reducción de la degradación ambiental.

     La intensidad de las presiones es menor en países menos desarrollados, donde la sociedad todavía no alcanzó un nivel de participación efectivo y/o donde el gobierno no tiene políticas específicas, o todavía no dispone del aparato exigido para la implementación de esta política, en caso que ella exista. En estos casos, cuando se trata de países exportadores, la presión podrá ocurrir a partir de importadores de países desarrollados o de empresas competidoras que actúan bajo condiciones más rígidas de funcionamiento.

  

   A pesar de esto, persisten los casos en los que la relación entre empresa y medio ambiente todavía es un asunto ignorado, o no es bienvenido pues la protección ambiental todavía es entendida solamente como costos adicionales que perjudican la competitividad y el crecimiento de la empresa.

 

    Estos todavía coexisten y, en algunos casos compiten con empresas que consiguen incluir el medio ambiente y su protección, con reducción de costos presentes y prevención con relación a importantes gastos en el futuro, relativos a la mitigación o corrección de daños acumulados.

 

   Cada vez se torna más difícil ignorar el tema, debido a la creciente cantidad de medidas legales restrictivas, tanto internas en los países, como aquellas medidas referentes a normas y tratados internacionales que regulan el comercio exterior, buscando restringir la comercialización de productos contaminados o provenientes de

países que perjudican el medio ambiente (Amaral, 1993).

 

    Consecuentemente, es creciente la exigencia de desarrollar una nueva relación con los evaluados en una investigación que incluyó las dieciséis mayores empresas de las ramas de la minería, manufactura, tecnología y servicios, con actuación en Canadá, Dinamarca, Francia, antigua Alemania Occidental y Reino Unido (Taylor, 1992 citado por  Parizotto, 1995). Los dos principales motivos que condicionan los cambios de actitudes de esas empresas con relación al medio ambiente fueron: la legislación y la mejora tecnológica. Estos fueron seguidos por las presiones de las organizaciones no gubernamentales, de clientes y empleados, nuevos negocios, sistema de control de calidad, orientación de la matriz y accidentes.

 

   A pesar del papel desempeñado por todos los factores que en las investigaciones se tornan explícitos, el comportamiento ambientalmente sano de las empresas todavía no es una regla seguida por todos, aún cuando se trata de empresas que actúan en los países desarrollados. Empresas de la Comunidad Europea asumen que la responsabilidad ambiental solamente formará parte de sus estrategias gerenciales si fuera comprobada su viabilidad técnico-económica y de mercadotecnia (Maimon, 1992).

 

    Se confirma lo que ya había sido identificado como el principal factor determinante, aunque pocas veces mencionado. Costos y mercado, que determinarán los lucros, son los factores realmente determinantes de cambios en el comportamiento de las empresas. Tal observación es coherente con los resultados de las investigaciones mencionadas, si la fuerza de la opinión pública no es suficiente para alterar la situación de los productos en el mercado.

  

    Conforme la problemática ambiental se fue imponiendo a las empresas, a través de las transformaciones de paradigmas, de los elementos de acondicionamiento, hay una alteración de las formas de incorporación de la variable ambiental en las prácticas empresariales. Hasta la década del setenta, el comportamiento predominante de las empresas de los países desarrollados fue la estrategia “contaminar y después descontaminar”, o “la solución para la contaminación es la dilución”. Tenia como objetivos cumplir las normas de contaminación y evitar accidentes, buscando prioritariamente, la maximización de los lucros de la empresa dentro de un horizonte de tiempo muy corto. Tal abordaje es perfectamente coherente con el paradigma dominante en aquel momento, de la Economía de Frontera.

  

    De acuerdo con Sánchez (1994), lo que determina la inviabilidad de ese tipo de comportamiento es el crecimiento del volumen de contaminantes y la saturación del medio ambiente como receptor, exigiendo, por tanto otros instrumentos. La situación determinó una nueva forma de comportamiento, reactiva como la primera, pero más adecuada a las premisas que caracterizaban el paradigma de la Protección Ambiental, que busca controlar la contaminación, limitándose a reducir las emisiones, de acuerdo con los patrones legales establecidos, a través de la instalación de nuevos equipamientos de control de emisiones en el final del proceso, también denominados,

tecnologíasend of pipe” o de fin de línea. Su significado en términos de costos adicionales y la necesaria, pero no siempre posible transferencia al precio de los productos, la cual todavía hoy es un argumento que justifica la incompatibilidad entre responsabilidades ambientales de la empresa y maximización de lucros.

 

   Otro camino, dentro del mismo abordaje de protección ambiental fue la adopción de tecnologías de proceso menos contaminadoras, muchas veces más eficientes, que buscaban adaptar antiguos procesos, ahorrar energía y materias primas, además de minimizar la generación de residuos. En los países desarrollados los resultados fueron notables, como en el caso del consumo total de energía del sector industrial que diminuyó el 6% en el período entre 1970 y 1985, sin disminuir la participación en la producción total; la industria química redujo 57% de su consumo de energía por unidad de producto, así como las industrias de cemento, papel y aluminio también presentaron reducciones considerables en el consumo de energía ( Maimon, 1992).

 

   El foco principal aún es el proceso productivo que, con los nuevos componentes mencionados, demuestran la evolución de la percepción e incorporación de la gestión ambiental, adquiriendo formas de comportamiento de acuerdo con el paradigma de la Gestión de Recursos.

    

   El cuarto enfoque, que determina un nuevo patrón de gestión ambiental de las empresas, corresponde a la estrategia más reciente, menos adoptada, que deja de enfocar exclusivamente el proceso productivo, incluyendo también el producto final entre sus preocupaciones, con el objetivo de minimizar su potencial como fuente de contaminación. Para eso, el énfasis de la empresa pasa a ser todo el proceso, buscando optimizar el desempeño ambiental de forma integrada, desde los insumos que serán utilizados, la tecnología para su procesamiento, el consumo de energía, las emisiones, la generación de residuos, hasta el producto final que será comercializado. Las formas más avanzadas de ese enfoque incluye la gestión de riesgos asociados a infiltraciones, explosiones, liberación accidental de contaminantes, insumos o productos, así como los riesgos ambientales relacionados a la salud humana o a la integridad de los ecosistemas (Sánchez, 1994).

   

    En ese estado, percibido a partir de la década de los ochenta en los países desarrollados, la función ambiental, poco a poco, se incorpora a la actitud de la empresa, como una necesidad de supervivencia, no sólo de la propia, sino de todo el sistema. Las acciones de la empresa dejan de ser simplemente reactivas o defensivas,

pasando a ser preventivas y proactivas, en función, principalmente, de la evolución del nivel de conciencia ecológica.

    

   En la práctica actual de las empresas, como expresa Sánchez (1995), todos estos enfoques coexisten, muchas veces dentro de una misma empresa, pues ningún de ellos substituye al anterior.

  

   Los procesos descritos de la evolución de la conciencia ambiental, que se reflejan en políticas gubernamentales de protección ambiental y en respuestas producidas por los agentes económicos, llevaron al desarrollo de una serie de herramientas, aplicadas a los más variados tipos de iniciativas. Aplicadas en todas las fases de las iniciativas, éstas pueden ser preventivas, correctivas, de remediación, y/o proactivas, dependiendo de la fase en que son implementadas. Los principales instrumentos serán apenas mencionados a continuación, siendo la Evaluación de Impacto Ambiental uno

de los más importantes y antiguos, de uso más común y aceptado. Eso no significa que sea suficiente para la obtención de los mejores resultados en el ámbito de calidad ambiental, que sólo será alcanzada con la utilización de varios de esos instrumentos.

 

a) Evaluación de Impacto Ambiental

     El origen de la evaluación de impacto ambiental, como una actividad formalmente sistematizada e institucionalizada, se debe a la promulgación del Nacional Environmental Policy Act (NEPA), en los Estados Unidos, en 1969, incorporado en otros países solamente después de la Conferencia de Estocolmo en 1972 (Magrini, 1990).

 

     Desde entonces, la evaluación de impacto ambiental se tornó muy conocida, siendo el  instrumento de gestión ambiental de uso más difundido, pues se tornó parte integrante de la política ambiental en varios países. Al incorporar el análisis de impactos físicos, biológicos y sociales, para Rattner (1992), su mayor importancia no se refiere a sus aspectos cuantitativos, pero sí de la identificación explícita de los daños y costos causados al medio ambiente y a la sociedad, por agentes o procesos destructivos.

 

b) Programas de Monitoreo Ambiental

 

   Considerado como un instrumento esencial para cualquier sistema de gestión ambiental, el monitoreo ambiental comprende el seguimiento sistemático de la variación temporal y espacial de varios parámetros ambientales, de los cuales forma parte la selección de datos y su interpretación. Su importancia se debe al hecho de que el programa posibilita una evaluación constante del programa de gestión ambiental, dirigido a los puntos equivocados que deben ser solucionados, además de poder detectar posibles desperdicios, u otros eventos en el proceso productivo, que estén elevando los costos. Su relevancia también se debe a su papel en el mantenimiento de un buen relacionamiento con órganos gubernamentales y comunidades, por permitir la verificación sistemática de la conformidad de las operaciones en cuanto a los patrones y normas establecidos. Toda la eficiencia de ese instrumento dependerá de la selección de los indicadores ambientales, de la localización de los puntos de muestreo de las estaciones de control, período, frecuencia y registros de las muestras.

 

c) Auditoría ambiental

 

   Junto con las evaluaciones de impacto ambiental, la auditoría ambiental se torna una de las herramientas de gestión ambiental más utilizada por los sectores industriales, principalmente debido a presiones provenientes del poder judicial. Actualmente, su uso predominante en los Estados Unidos, Canadá y Europa es voluntario. Según Amaral (1993), la concepción más difundida es la de la Comunidad Económica Europea, que la define como una herramienta de gestión que comprende una evaluación sistemática, documentada, periódica y objetiva del desempeño de una organización, de su sistema de gerencia y de los equipamientos destinados a la protección del medio ambiente. Sus principales objetivos son: facilitar la gestión y el control de sus prácticas ambientales, y evaluar el cumplimiento de la legislación ambiental existente.

 

d) Análisis de riesgos

  

   Se trata de un instrumento de gestión ambiental que es desarrollado conjuntamente con la evaluación de impacto ambiental o puede ser realizado de forma independiente. Consiste en la identificación de elementos y situaciones de una actividad cualquiera o de un producto, que represente riesgos al medio ambiente físico y a la salud del hombre o de otros organismos. Son partes de un proceso de análisis de riesgo: a) identificación y clasificación de eventos peligrosos, a través de inspecciones, investigaciones, cuestionarios, etc.; b) determinación de la frecuencia de ocurrencia a través de cálculos de probabilidad; c) análisis de los efectos y daños asociados a los eventos a través de modelos matemáticos; d) determinación de técnicas de control y mitigación.

 

e) “Due diligence

 

     Se trata de un instrumento cuya utilización está asociada a fusiones, adquisiciones de compañías o terrenos, o aún a un tipo de uso más reciente, por ocasión de la realización de seguros ambientales, pues comprende actividades de investigación realizadas con el objetivo de identificar potenciales obligaciones y/o costos ambientales, también denominados, pasivo ambiental, causados por el propietario anterior. Forma parte de esta actividad, el estudio de la historia ambiental de la empresa o del sitio, de su pasivo ambiental, acompañado por inspecciones, muestras de los diferentes componentes del medio, ensayos de laboratorio, etc.

 

f) Programas de recuperación ambiental

 

    Constituye un instrumento de planificación y gestión ambiental, en la medida en que debe estar previsto desde las fases iniciales de un proyecto, pudiendo, inclusive, interferir en las orientaciones técnicas del mismo y aplicarse a áreas consideradas degradadas, o sea, aquellas que resultan de procesos perjudiciales, por los cuales se pierden o se reducen algunas de las propiedades del medio ambiente, tales como, calidad o capacidad productiva de los recursos ambientales (atmósfera, aguas superficiales y subterráneas, estuarios, mar territorial, sol, subsuelo y elementos de la biosfera). Un programa de recuperación debe formar parte de la planificación del proyecto, con el objetivo de presentar soluciones para que el área a ser degradada presente nuevamente condiciones de equilibrio dinámico con su entorno, con vistas de su futura utilización. El plan debe contener indicaciones que sean técnicas y económicamente viables, además de ser suficientemente flexibles como para permitir

alteraciones y, principalmente, que el área tenga algunas posibilidades de uso.   También debe contener un análisis de alternativas tecnológicas, pues la utilización futura del área está condicionada para la disponibilidad de tecnología de recuperación, que dependerá de la actividad a ser desarrollada en el local.

 

g) Programas de medidas de emergencia

   

    Desarrollados de forma de complementar los análisis de riesgo, comprenden la formulación de una serie de acciones dirigidas, principalmente, a atender emergencias en el caso de la ocurrencia de cualquier tipo de accidente ambiental.

     Un programa de medidas de emergencia integrado, deberá englobar el mayor número de áreas de trabajo de un emprendimiento, desde su formulación. Es indispensable que contenga, como mínimo, el programa de intervención, para garantizar la eficiencia y alto grado de control, en caso de ocurrencia de un accidente ambiental. Tendrá mayor alcance y por consiguiente, será más eficiente, sí también incluye: estudios de medidas preventivas, con el objetivo de minimizar daños al medio ambiente y el riesgo a los trabajadores y población vecina; programa de capacitación en prevención de riesgos y medidas de emergencia, con el objetivo de alcanzar una mayor eficiencia en caso de accidentes; programas de comunicación, con el objetivo de mantener bien informados a los funcionarios, a las comunidades vecinas, a la prensa y a órganos del gobierno.

 

h) Programas de comunicación

 

     Sánchez (1994) caracteriza los programas de comunicación como los complementos más importantes de cualquier programa de gestión ambiental, los más aceptados por las empresas, pero los menos comprendidos, pues son frecuentemente confundidos con programas de relaciones públicas o publicidad para vender nuevos productos. Tales programas deben actuar buscando informar a la opinión pública sobre sus actividades y programas ambientales y al mismo tiempo, oír opiniones y percepciones de la población respecto de esa actuación. Debe buscar construir la imagen de la empresa, “ a través del diálogo y del respecto a los ciudadanos, incluyendo la comunidad en la que la empresa está instalada, la opinión pública de modo general y los agentes de los órganos gubernamentales” (Sánchez, 1994, p.70).

 

Desarrollo endógeno

 

     El concepto de desarrollo es quizás uno de los más frecuentemente citados a la hora de definir, justificar y llevar a cabo procesos de investigación en las sociedades denominadas subdesarrolladas o en vía de desarrollo. No obstante, se ha partido generalmente de una definición axiomática a partir de la cual se derivan lógicamente un conjunto de tareas y políticas a las cuales se les asocia de manera inmediata un conjunto de atributos y bondades que debieran servir para lograr estados que indiquen tendencias incuestionables de alcanzar la elusiva meta del desarrollo.

  

    De este modo, el desarrollo se ha asumido como el resultado de un proceso técnico de definición de medios para alcanzar un fin incuestionable. En este proceso de tecnificación del desarrollo se asume que la población constituye una variable más que se comporta según cánones generalmente asociados a las estadísticas biométricas y, en los casos de mayor complejidad, a través de la definición e identificación de espacios de actuación asociados a formas de organización en términos de intereses particulares o sectoriales (Pilioneta y Ochoa, 2005).

  

   La irrupción del Desarrollo Endógeno implica algo más que la actualización del discurso del desarrollo que continuamente apela a adjetivos para renovarse. Términos como económico, industrial, humano, local, sustentable e, incluso, endógeno se van sucediendo para recobrar al desarrollo como la meta incuestionable de toda sociedad.

 

  El punto de partida es precisamente proponer que el concepto de desarrollo implica un auténtico interrogar de aquello que constituye las potencialidades de una sociedad, ya no en términos de la noción de desarrollo, sino del despliegue de aquello que constituye y enriquece a la sociedad misma desde sus propias dinámicas (Fuenmayor, 2000).

 

    Constituye, pues, un reto poder llevar el discurso del Desarrollo Endógeno desde ámbitos vinculados fundamentalmente a la dinámica productiva económica a espacios de discusión y debate que están asociados a hacer relativo y condicionar estas dimensiones económicas a los procesos sociales, políticos y culturales que rescaten la noción de política y de proyecto de sociedad que paulatinamente se ha ido quedando abandonado por la pragmática del consumo y el mercado.

  

   Más aún, el auténtico proceso endógeno de una sociedad obliga inevitablemente a la definición de los mecanismos institucionales, educativos y de innovación con la cual la sociedad no sólo responderá a la dinámica globalizadora de la economía, sino a la más local e importante dinámica de la construcción de sociedades periféricas del desarrollo, que asumen ahora la tarea de incluso centrar sus esfuerzos en pensar al desarrollo ya no como un proceso técnico, sino como el más grande reto que se plantea al conocimiento y la política de los albores del siglo XXI: asumir las diferencias culturales como un mecanismo para entender la dinámica de la globalización como una entre otras posibles dinámicas de intercambio de lo que la sociedad produce, más allá de lo económico (Fuenmayor, 2000).

 

  En verdad, se trata de fortalecer las competencias de las localidades no para insertarlas en el mercado global, sino para, desde una perspectiva más simple y menos ambiciosa, generar y escalar las dinámicas de intercambio a niveles que sean manejables para el entramado institucional, social y económico de las colectividades. Esto supone, una fuerte vocación de autonomía pero requiere, además, reconocer las vulnerabilidades y fragilidades que las sociedades deben superar para alcanzar en una primera etapa la posibilidad de pretender la autosostenibilidad de sus competencias y potencialidades.

 

    El desarrollo endógeno se refiere al desarrollo, aunque no exclusivamente, de los recursos localmente disponibles, tales como tierra, agua, vegetación, animales, conocimiento y cultura local, y la forma en que los pueblos se han organizado. Así mismo,  trata de optimizar la dinámica de estos recursos locales, mejorando, así la diversidad cultural, el bienestar humano y la estabilidad ecológica (Fuenmayor, 2000).

   

    El proceso de desarrollo endógeno está abierto a la experimentación tanto con conocimientos y prácticas tradicionales y externas, y busca formas de resistir tanto las tendencias de idealizar a las culturas tradicionales, así como de rechazarlas como inferiores. Es una respuesta al proceso actual de modernización global, que, en muchos respectos, está teniendo el efecto opuesto. Así mismo,  implica una reflexión constructiva de sus esfuerzos por involucrar a la población rural en programas de desarrollo, a través de acercamientos participativos.

 

    La noción de desarrollo endógeno sustentable parte de la identificación, apropiación y comprensión de un punto de inflexión histórico del concepto de desarrollo. Punto que denota el cambio paradigmático y la superación de la dimensión positivista del desarrollo, la cual puede resumirse en las siguientes características:

 

1. El desarrollo es un proceso lineal y predecible.

 

2. Está condicionado por la imposición de valores asociados a un agente que desarrolla y otro que se asume como el objeto del desarrollo.

 

3. Los resultados del desarrollo están condicionados y limitados a la relación causa-efecto (Fuenmayor, 2000).

 

    El poder superar esta forma de entender el proceso de desarrollo obliga a concebir un proceso de aprendizaje y participación del ciudadano que contrasta con las formas usualmente asociadas a las técnicas de planificación y desarrollo propias de los procesos centrados en el mejoramiento del desempeño económico medido a través de los agregados macroeconómicos (Meadows, 1975, citado por Pilioneta y Ochoa, 2005).

 

    De este modo, se trata de la búsqueda de mecanismos que permitan descentralizar el desarrollo con respecto a lo económico y formularlo en torno al hombre. Se postula entonces, una concepción antropocéntrica del desarrollo, y en consecuencia, se requiere atender el modo como se constituye histórica y culturalmente el sujeto del desarrollo, en este caso, el venezolano de comienzos del siglo XXI (Fuenmayor, 2000).

 

    Desarrollar es des-arrollar, es decir, permitir que lo que está oculto sea desplegado. Pero, ¿qué es lo que se despliega cuando se trata del hombre? Si se reconoce  al hombre como una construcción histórico-cultural, entonces lo que se despliega no es un objeto previamente determinado ni las condiciones o potencialidades de una naturaleza específica del hombre. En realidad, lo que se despliega, lo que se desarrolla, son las posibilidades del quehacer social. Cabe destacar  que en la actualidad el quehacer social está limitado a la actividad económica relegando así, otros aspectos vitales para la sociedad.

 

    Superar la auto-legitimación de lo económico constituye entonces el primer paso para establecer una relación libre con la economía y permitir el despliegue de posibilidades, es decir, el desarrollo de la sociedad desde sus propias potencialidades y vocaciones (Pilioneta y Ochoa, 2005).

 

    Pero, ¿Qué significa una relación libre con la economía? ¿Por qué es importante una relación libre con la economía? Una relación libre con la economía implica la tarea de entender lo económico como un resultado de complejas relaciones que se dan en la sociedad y no entenderla como una manifestación independiente y dominante del devenir de la sociedad. La necesidad de establecer esta relación libre es incluso más urgente en sociedades como la venezolana, en la que, sus patrones sociales, económicos y culturales son dependientes de otras sociedades, culturas y economías (Fuenmayor, 2000).

 

    De este modo, el problema del desarrollo definido y asimilado culturalmente como el conjunto de pasos para alcanzar los criterios de actuación económica, no constituye la premisa fundamental sobre la cual se debe concebir la aproximación al desarrollo y su planificación. Es precisamente lo contrario, se trata de concebir al desarrollo como una pregunta que interroga a la sociedad desde los aspectos más elementales de su funcionamiento hasta su núcleo de identidad colectiva.

 

    Esta problematización debe tener su origen desde el interior de la misma sociedad e involucrar a todos los actores, interesados y afectados, sobre una determinada forma de definir y alcanzar lo que se considera bueno para esa sociedad. La condición interna hace referencia a la necesidad de poder descubrir y comprender aquello que hace posible o imposible, la definición de lo que es común para todos a partir del despliegue histórico de cómo se ha llegado a ser y cuales son las posibilidades que se revelan y aquellas que se ocultan.

 

    Estas condiciones constituyen un cierto modo de ser cultural, el cual permitirá a la sociedad poder proyectar los espacios de intervención para realizar lo que se propone como expectativas comunes y en base a lo que puede llegar a ser, sin tener que apelar a la imitación de las formas culturales dominantes en otras sociedades y que se imponen como buenas para todos, tal como lo planteaba el modelo desarrollista de mediados del siglo XX (Fuenmayor, 2000).

 

    Esta construcción colectiva es lo que se denomina quehacer social. Con mayor precisión, se entiende  por quehacer social la actividad sistemática a través de la cual el hombre construye significados y hace mundo en reunión con otros. En este sentido, el quehacer social está fundado en la búsqueda de la vida digna y la realización del bienestar público (Pilioneta y Ochoa, 2005).

 

    La búsqueda de la vida digna supone que existe un conjunto de necesidades básicas que necesitan estar atendidas en el proceso de inclusión de todos en ese quehacer social y la construcción de una identidad colectiva que apuntale una ética que se funde sobre los valores identificados por la propia sociedad como buenos.

 

    Estos dos últimos aspectos, la búsqueda de la vida digna y la construcción de una identidad colectiva, son condicionantes del modo como se entiende el quehacer social y la generación de bien-estar colectivo (Fuenmayor, 2000).

 

    El concepto fundamental de desarrollo es entonces formulado en los siguientes términos: despliegue del quehacer social en armonía con su entorno. Por entorno se entiende al espacio de relaciones espaciales, materiales, culturales, políticas y económicas en donde el hombre construye sentido colectivamente, es decir, donde el hombre hace mundo.

 

    En este contexto, un proceso de desarrollo orientado al despliegue de las potencialidades del hombre en su entorno, es decir, del quehacer social exige que se cumplan los siguientes principios:

 

1. La decisión local sobre las opciones de desarrollo.

 

2. El control local sobre los procesos de desarrollo.

 

3. La retención de los beneficios del desarrollo en la misma comunidad (Pilioneta y Ochoa, 2005).

 

    Esta forma de entender el desarrollo se denomina  desarrollo endógeno sustentable. Las implicaciones de estos tres principios básicos son de distinta envergadura e involucran a los actores de la sociedad de forma distinta dependiendo de sus fortalezas y responsabilidades (Shucksmith, 2000). Una primera aproximación revela un conjunto de elementos mínimos para cada condición:

 

  1. La decisión local sobre las opciones de desarrollo.

 

    Parte del despliegue de las potencialidades del hombre tiene que ver con aquello que se busca desplegar. Es condición del bien-estar humano la posibilidad de construir el mundo en el cual habita. Esta construcción implica

decidir el qué hacer y cómo hacerlo. Para ello es necesario que el hombre en comunidad pueda:

 

     1.1. Reconocerse como sujeto y objeto del desarrollo. Colectivamente se presentan, discuten y deciden sobre las actividades orientadas a alcanzar las opciones de desarrollo y la incidencia de esas opciones de desarrollo, positiva o negativa, en la comunidad y sus miembros.

       1.1.1. Acceso a la información sobre las potencialidades económicas de la comunidad.

 

       1.1.2. Identificación de las bondades y peligros para el quehacer social de la comunidad de estas potencialidades.

 

      1.1.3. Divulgación de las formas de quehacer social valoradas socialmente en la comunidad.

    

      1.1.4. Vinculación y articulación entre las prácticas económicas y sociales.

 

 1.2. Crear y desplegar las opciones de desarrollo en la comunidad.   Apropiarse de su quehacer social. Se trata de identificar las mejores prácticas y quienes la realizan en función de hacer suyo el quehacer social.

 

   1.2.1. Formulación de escenarios posibles para la comunidad según las opciones de desarrollo potenciales.

 

   1.2.2. Evaluar estos escenarios en términos de la pertinencia para preservar el quehacer social no perturbado.

 

   1.2.3. Identificar los recursos necesarios para la realización de esas opciones.

 

   1.2.4. Formular los requerimientos en términos de recursos endógenos y exógenos para la realización de la opción de desarrollo.

 

   1.2.5. Definir estrategias de asimilación social y cultural de los recursos exógenos a la comunidad.

 

1.3. Comparar las opciones de desarrollo de la comunidad con actividades similares o complementarias que ocurran en los ámbitos regional, nacional e internacional.

 

  1.3.1. Identificar el impacto y relevancia de las opciones de desarrollo con respecto al espacio de influencia de la comunidad.

 

   1.3.2. Identificar otros ámbitos con similares opciones de desarrollo y establecer vínculos de cooperación estratégica.

 

   1.3.3. Incorporar aliados estratégicos para los procesos de producción y promoción de los productos de las opciones de desarrollo en ámbitos externos a la comunidad.

 

   1.3.4. Identificar formas de divulgación de los productos en otros ámbitos fuera de la comunidad.

 

1.4 Evaluar el impacto de las opciones de desarrollo para que el quehacer social sea cónsono con la cultura de la comunidad.

 

 1.5. Seleccionar las opciones de desarrollo adecuadas.

 

2. El control local sobre el desarrollo

 

     Supone la articulación de los medios apropiados para alcanzar las opciones escogidas en armonía con el quehacer social de la comunidad. Se espera que la comunidad pueda:

 

 2.1. Identificar los medios (procesos, herramientas, capital social) con los cuales cuenta para alcanzar las opciones de desarrollo escogidas.

 

  2.1.1. Recabar y actualizar la información sobre las capacidades instaladas en la comunidad.

 

  2.1.2. Definir estrategias para la capacitación de los miembros de la comunidad en las actividades específicas de la opción de desarrollo y aquellas otras áreas que se consideren claves para la preservación del quehacer social no perturbado.

 

  2.1.3. Identificar mecanismos para prolongar la sustentabilidad de la opción de desarrollo en el tiempo.

 

 2.2. Identificar los mecanismos de acceso y asimilación para aquellos medios con los cuales no se cuenta en la comunidad.

 

  2.2.1. Formular estrategias para la captación de los recursos escasos en la comunidad para el despliegue de la opción de desarrollo.

 

  2.2.2. Identificar potenciales aliados en virtud de su pertinencia económica y social para participar en la opción de desarrollo escogida.

 

  2.2.3. Formular estrategias a largo plazo para el desarrollo de las capacidades generadoras de los bienes necesarios para el desarrollo de una determinada opción en el ámbito local correspondiente.

 

 2.3. Articular los medios en función de garantizar la continuidad del quehacer

social.

 

  2.3.1. Formulación de los escenarios de impacto de las nuevas relaciones que se incorporan en el quehacer social de la comunidad.

 

 2.3.2. Identificación de mecanismos de asimilación de estos medios para la colectividad.

 

  2.3.3. Formulación de los mecanismos de articulación de los medios autóctonos y exógenos para garantizar la continuidad del quehacer social o, al menos, garantizar medios de corrección a efectos secundarios de la opción de desarrollo.

 

 2.4. Ejecutar la opción.

 

  2.4.1. Formación de los actores del proceso de desarrollo

 

  2.4.2. Realización de la actividad correspondiente.

 

2.5. Hacer seguimiento de los planes

 

  2.5.1. Recabar información sobre los resultados de las opciones de desarrollo en los distintos ámbitos identificados en la comunidad.

 

  2.5.2. Identificar otros posibles impactos de la opción de desarrollo en la comunidad.

 

  2.5.3. Formular instrumentos de medición de impacto directo e indirecto.

 

3. La retención de los beneficios del desarrollo en la comunidad

 

    Entendiendo que los beneficios del desarrollo no se limitan a los objetos de intercambio en el mercado de bienes materiales, se pretende que algunos de los beneficios de las opciones se reproduzcan en ventajas para seguir desplegando las actividades consideradas claves para el sostenimiento y mejoramiento de las opciones de desarrollo de la comunidad. Así, la comunidad debe ser capaz de:

 

 3.1. Evaluar los resultados de las opciones de desarrollo ejecutada en los distintos ámbitos del quehacer social.

 

  3.1.1. Realizar proceso de evaluación en función de los instrumentos de medición de impacto.

 

  3.1.2. Formular posibles escenarios prospectivos de acuerdo a las tendencias identificadas.

 

  3.1.3. Identificar aspectos críticos según los escenarios propuestos.

 

3.2. Determinar los requerimientos necesarios para la continuidad de las opciones de desarrollo y la mejoría en su ejecución.

  3.2.1. Evaluar el nivel de desarrollo alcanzado en la opción e identificar posibles escenarios para garantizar su continuidad y mejoría.

 

  3.2.2. Evaluación del desempeño en otras comunidades con similares opciones de desarrollo e identificar fortalezas y debilidades. (mejores prácticas)

 

  3.2.3. Establecer vínculos de cooperación estratégica en los distintos ámbitos que corresponda.

 

 3.3. Identificar los beneficios directos e indirectos de la actividad en el quehacer social de la comunidad.

 

  3.3.1. Formular criterios para la medición de los beneficios alcanzados.

 

  3.3.2. Evaluar los beneficios.

 

  3.3.3. Formular escenarios posibles del desempeño de los beneficiosen el tiempo.

 

 3.4. Reforzar aquellas otras actividades que promueven la opción de desarrollo como viable, deseable y sustentable en la comunidad.

 

  3.4.1. Formular los criterios de viabilidad y sustentabilidad de la opción en la comunidad.

 

  3.4.2. Evaluar las actividades según los criterios identificados.

  

   3.4.3. Formular estrategias para el reforzamiento de las actividades beneficiosas y control de aquellas que pudieran ser nocivas para la comunidad.

  

    En la identificación de las tareas que son necesarias para garantizar la condición endógena del desarrollo, se hace evidente la importancia de la dinámica entre ciudadanos, territorio y Estado que apunta hacia una dirección opuesta a las formas de relación entre estos tres componentes que se dan en el marco del desarrollo económico. En el desarrollo económico estos tres componentes son considerados solamente desde su contribución a la actividad económica dentro de un orden regido por el mercado (Shucksmith, 2000).

 

    En la propuesta de un desarrollo generado desde dentro se reinaugura la separación entre un adentro y un afuera que fue abolido por los procesos de integración multinacional guiados por la apertura de mercados y la ruptura de las barreras comerciales nacionales. En este sentido, el desarrollo endógeno inicia un tránsito de carácter nacionalista o, mejor dicho, una propuesta de ejercicio soberano sobre el territorio que plantea, no sólo interrogantes sobre las formas de concebir ese ejercicio, sino incluso, pone sobre la mesa de discusión la pertinencia de la soberanía en un mundo cada vez más entendido como un enorme mercado global con rezagados en los países que aún propician accesos diferenciados y selectivos al mercado.

 

    Siendo este el caso, el desarrollo endógeno sustentable aparece no sólo como una respuesta a la recurrente pregunta por el modo de alcanzar el desarrollo. Se propone más bien como un concepto auxiliar para volverse a plantear preguntas fundamentales vinculadas al modo como los miembros de una sociedad hacen uso de sus potencialidades y vocaciones en afinidad con lo acordado en los espacios de concertación que se construyen con la participación del Estado. Este último, entendido como el instrumento que la sociedad constituye para garantizar el reconocimiento de los otros por parte de todos.

 

    La vinculación entre ciudadanía, territorio y Estado es entonces replanteada. No se trata de una vinculación abstracta fundada en el mercado, sino de una asociada con las peculiaridades de un determinado territorio y la configuración que de él se hace a partir de los modos como los ciudadanos asumen su vida, su quehacer social, en ese territorio; con el Estado como garante de los espacios de concertación necesarios para el proceso de desarrollo (Pilioneta y Ochoa, 2005)

 

    La vinculación entre ciudadanía, territorio y Estado en el desarrollo endógeno sustentable se puede concebir como constituida por distintas capas que se definen en función de un modelo básico de sociedad. Estas capas las denominan estos autores como: capa productiva derivada del quehacer relacionado con la generación de bienes materiales; capa innovadora-educativa la derivada del quehacer propio de la generación de conocimiento y la transmisión de saberes; capa social derivada del quehacer relacionado con la dependencia entre los miembros de la sociedad y capa institucional derivada de la necesaria sistematización de algunas relaciones entre los miembros de la sociedad.

 

    Todas estas capas están definidas como redes en las cuales se intercambian permanentemente información, necesidades, problemas, propuestas y soluciones. Alimentando todo este circuito de redes se va develando y desplegando la cultura que trasciende a las distintas capas y que permite el desarrollo. La cultura se atisba en las distintas tareas identificadas para el Desarrollo Endógeno como aquello que impulsa y posibilita los procesos de apropiación de beneficios, tecnologías, avances, amenazas y fortalezas con los cuales la sociedad asume como propio la constitución de su porvenir (Pilioneta y Ochoa, 2005).

 

    El aspecto más resaltante del Desarrollo Endógeno Sustentable es precisamente su constitución como condición de posibilidad para impulsar procesos de transición hacia una sociedad orientada por la comprensión de su propio quehacer; la puesta en cuestionamiento del modo como ha alcanzado la situación en la cual se encuentra actualmente; y las posibilidades que esa situación comporta para el florecimiento de las capacidades humanas de sus miembros.

 

    Es precisamente desde la revisión de los fundamentos sobre los cuales una sociedad se intenta re-pensar a sí misma, que la endogeneidad se convierte en motor de nuevos procesos de definición del bienestar para la sociedad. En este sentido, trasciende al dualismo de la globalización vs. localismo, para referirse al ámbito de cómo pensar una sociedad justa desde la reconstitución histórica de sus propias raíces y el reconocimiento de su quehacer social.

 

    La reconstitución histórica de la sociedad, en el caso particular de sociedades periféricas o marginales al discurso del desarrollo económico dominante hasta el presente, implica una apropiación de la cultura que se formula desde las propias preguntas constitutivas de la identidad colectiva. En este sentido, es precisamente la promoción y existencia de procesos de aprendizaje e incremento de las capacidades críticas de los miembros de la sociedad a través de los cuales se va destilando el proceso de reconocimiento de humanidad de todos y de la posibilidad de establecer diferencias que no impliquen procesos de exclusión social, política y económica.

 

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