Este artículo va dirigido a la sección Perspectivas

LA GESTIÓN AMBIENTAL COMO ESTRATEGIA DE DESARROLLO ENDÓGENO

Autor: Economista Rosa Barrios

Resumen

     

Este artículo realiza una  síntesis sobre los que ha sido la gestión ambiental a nivel internacional y cómo ésta ha sido asumida en Venezuela. Así mismo,  destaca la vinculación de la gestión ambiental con el desarrollo endógeno y cómo la conjunción de una eficiente gestión ambiental puede generar este tipo de desarrollo. De igual manera, se establecen las últimas iniciativas que a nivel del gobierno nacional se han establecido como parte de los planes de desarrollo. Concluyendo que si no existen esfuerzos mancomunados entre gobierno, instituciones y comunidad es imposible que la gestión en materia ambiental se transforme en un medio para alcanzar el desarrollo comunitario y por ende, el mejoramiento de la calidad de vida.

 

Descriptores: Gestión ambiental, desarrollo endógeno, calidad de vida.

 

     A inicios de la década del setenta, con relación a la situación ambiental, el aumento de la población mundial, además de los derrames de petróleo en los océanos y de las emisiones de dióxido de carbono, constituían las principales amenazas al bienestar del Hombre. Al inicio de la década siguiente la percepción de los problemas se amplía, ya se discutía el efecto invernadero, la contaminación de los océanos, la deforestación, la pérdida de la biodiversidad y la lluvia ácida. A finales de la misma década, otros factores eran incorporados como amenazas no sólo para el Hombre, sino también para el Planeta. Entre ellos se destacaban: el agravamiento de los cambios climáticos globales, la reducción de la capa de ozono, los residuos tóxicos, la pérdida de hábitats, la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, la disponibilidad de agua dulce, la intensificación de la degradación ambiental de los países en desarrollo, el desperdicio de energía, las pérdidas de suelo y la desertificación, la marginalización.

     Los esfuerzos por percibir y entender los problemas ambientales hizo que el Hombre también entendiese cuál es el tipo de relación entre él y la naturaleza que determinará los problemas ambientales, su intensidad y calidad. Al admitirse que toda actividad humana, económica y sociocultural tiene lugar en un contexto biofísico y que interfiere en él, hace necesario transformar la calidad e intensidad de esas relaciones.

    A nivel internacional la primera iniciativa de las Naciones Unidas acerca del planteamiento de cuestiones ambientales, si bien de carácter reducido y escasa trascendencia,  tiene lugar ya en 1949. Sin embargo no será hasta finales de la década  de  los sesenta por iniciativa sueca y con el aliento de la Conferencia  Internacional sobre la Conservación y utilización de la Biosfera, (UNESCO, Paris, 1968), se decide convocar en el seno de la Asamblea General de la Organizaciones Unidas en 1972, una Conferencia sobre Medio Ambiente Humano, que se popularizó con el lema “Una sola Tierra”.

      La llamada Conferencia de Estocolmo, fue celebrada en junio de 1972, a ella asistieron representantes de 113 estados, y cerca de 400 Organizaciones no gubernamentales, reunidos en un “Foro del Medio Ambiente” paralelo, presentándose estadísticas alarmantes de contaminación diversas y degradación de ecosistemas.

     Como consecuencia directa de este evento internacional se cuenta con:

     1-   La Declaración de Estocolmo que consta de 26 principios.

     2-   Un plan de acción para el Medio Humano con 109 recomendaciones para los estados.

3-        El establecimiento del Programa de las Naciones unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

     Por otra parte, en 1980 se publica la estrategia Mundial para la Conservación, subtitulada La Conservación de los Recursos Vivos para el logro un Desarrollo Sostenible, en la que se afirma que el desarrollo es una condición indispensable para la conservación, haciéndose especial hincapié en el mensaje novedoso de la interdependencia entre ambos conceptos y acuñándose el término Desarrollo Sostenible.

      Alentada por este nuevo espíritu, la Asamblea General de Naciones Unidas  resuelve en 1983 crear una comisión independiente (Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo (CMMAD), con objeto de analizar conjuntamente el medio ambiente y el desarrollo a nivel mundial y buscar estrategias para  un desarrollo sostenible que superase la anterior disyuntiva e incomprensión. Esta comenzó a trabajar bajo la presidencia de Gro Harlem Brundtland en 1984 y concluyó su tarea en 1987, cuando presentó ante la Asamblea las conclusiones en el llamado Informe Brundtland, denominado Nuestro Futuro Común (Declaración de Tokio, CMMAD, 1987).

     En 1991  se publica en Gland, Suiza el Informe Cuidar la Tierra, estrategia  para el Futuro de la Vida (UICN/PNUMA/WWF), de gran trascendencia internacional por cuanto se orienta a la definición  de actuaciones e instrumentos concretos hacia un desarrollo sostenible.

     En este contexto, la gestión ambiental, entendida, de manera amplia como el “campo que busca equilibrar la demanda de recursos naturales de la Tierra con la capacidad del ambiente natural, debe responder a esas demandas en una base sustentable”(Colby, 1990, p.1), surge como el elemento fundamental en la búsqueda de la sustentabilidad ambiental. Su principal objetivo es conciliar las actividades humanas y el medio ambiente, a través de instrumentos que estimulen y viabilicen esa tarea, la cual presupone la modificación del comportamiento del Hombre en relación con la naturaleza, debido a la actual situación de degradación de la naturaleza.

     El momento actual de la relación entre Hombre y naturaleza y de su percepción, las discusiones en torno a los medios de implementar el desarrollo sustentable se reflejan en las propuestas de políticas y en los conceptos e instrumentos de gestión ambiental y desarrollo, así como en el progreso del dominio de uso de estos instrumentos, tanto a nivel de gobierno, como de empresas. En este contexto, la gestión ambiental constituye el conjunto de diligencias conducentes al manejo del sistema  ambiental.  Dicho de otro modo e incluyendo el concepto de desarrollo sostenible,  es la  estrategia mediante la cual se organizan las actividades antrópicas que  afectan al ambiente, con el fin de lograr una adecuada calidad de vida,  previniendo o mitigando los problemas ambientales.

     La gestión ambiental responde al "cómo hay que hacer" para conseguir lo planteado por el desarrollo sostenible, es decir, para conseguir un  equilibrio adecuado para el desarrollo económico, crecimiento de la  población, uso racional de los recursos y protección y conservación del  ambiente. La gestión ambiental abarca un concepto integrador superior al del  manejo  ambiental: de esta forma no sólo están las acciones a ejecutarse por la  parte operativa, sino también las directrices, lineamientos y políticas  formuladas desde los entes rectores, que terminan mediando la  implementación.

     A partir de las áreas normativas y legales establecidas se define la Gestión Ambiental (GA) como un proceso que está orientado a resolver, mitigar y/o prevenir los problemas de carácter ambiental con el propósito de lograr un Desarrollo Sostenible entendido éste como aquél que le permite al hombre el desenvolvimiento de sus potencialidades, elucidado del patrimonio biofísico y cultural, garantizando así su permanencia en el tiempo y en el  espacio.

     Es un concepto integrador  superior al del manejo ambiental, de esa forma no sólo están las acciones a ejecutarse por la parte operativa, sino también las directrices, lineamientos y políticas formuladas desde los entes  rectores que terminan mediando la implementación de las medidas tomadas. La GA responde al “cómo hay que hacer” para conseguir lo planteado por el Desarrollo Sostenible. Es decir conseguir un equilibrio adecuado para el desarrollo económico, crecimiento de la población, uso racional de los recursos, y protección y conservación del ambiente.

     La necesidad de aplicar estos principios legales, normativos y conceptuales a nivel regional y local plantea la creación de un concepto que permita tratar integralmente la problemática del desarrollo, la cual no siempre se encuentra expresamente establecida en las políticas nacionales ni internacionales, situación que ha originado, a lo largo de las últimas décadas, arreglos territoriales que no responden, necesariamente, al  interés colectivo o a las necesidades de desarrollo de un área determinada  y, mucho menos, a las necesidades de desarrollo de Venezuela.

    El problema actual, planteado en términos del desarrollo regional, se ha expresado en desequilibrios territoriales que se concretan en un patrón concentrado de ocupación del territorio, conforme al cual una porción muy pequeña del ámbito nacional, es decir, la franja norte costera, concentra un  elevado porcentaje de la población, del empleo manufacturero, del producto  industrial no petrolero, de los establecimientos comerciales y de las actividades bancarias. En contraste, el resto del territorio -prácticamente vacío- concentra casi la totalidad del potencial forestal, de los crudos pesados y de los recursos hídricos, y la mitad de los suelos con vocación agrícola, a pesar de lo cual se encuentra rezagado en cuanto al desarrollo y aprovechamiento de tales recursos.

     Ante esta realidad, la nueva estrategia territorial está dirigida a promover, por la vía de la descentralización desconcentrada, un desarrollo humano sostenible, es decir, un mejoramiento de la distribución territorial del ingreso, sobre la base del aprovechamiento de las potencialidades de cada región, que se exprese espacialmente en una ocupación racional, armónica y eficiente del territorio, para lograr una distribución equilibrada de las actividades productivas, las inversiones y la población.

     Esa nueva estrategia territorial para la descentralización desconcentrada se apoya en tres elementos: Las fachadas de integración, Amazónica, Andina y Caribeña, que permitirán favorecer tanto el desarrollo de las regiones fronterizas, como la comunicación con los países vecinos a través de la integración de los grandes ejes fluviales y el transporte ferroviario y terrestre.

     Los tres ejes de desarrollo, Occidental, Orinoco-Apure y Oriental, que conforman las regiones principales cuyos recursos serán dirigidos a la ejecución de obras de infraestructura y al mejoramiento de los servicios públicos en los centros poblados ubicados a lo largo de cada uno, a los efectos de generar condiciones favorables a la inversión privada.

     La dinámica regional, que privilegiará las actividades productivas de acuerdo a la vocación y potencial propios de cada región, tomando en consideración los sectores definidos como dinamizadores, es decir, pequeña y mediana industria, agricultura y agroindustria, minería, petróleo y petroquímica, turismo e infraestructura y servicios.

    Consecuentemente, en el marco del Plan Nacional de Desarrollo Regional 2001-2007, como parte de la estrategia territorial y dentro de esa dinámica regional, se incorporan las estrategias y propuestas identificadas en cada una de las seis regiones del país, a saber, Central, Centro Occidental, Occidental, Oriental, Los Llanos y Guayana, así como el desarrollo de Zonas Especiales de Desarrollo (ZEDES) y el proyecto PAISSARAO.

     La filosofía implícita en la idea de región abarca el concepto de áreas de tratamiento diferenciado en función de objetivos territoriales específicos, como el aprovechamiento de recursos naturales para la expansión productiva y la generación de empleo con fines desconcentradores, lo cual implica inversiones en infraestructura, apoyo a la producción y facilidades impositivas, entre otros.

     El programa de Zonas Especiales surge como un instrumento para impulsar el desarrollo socioeconómico de algunas áreas cuyas características físico-naturales, geopolíticas, potencialidades, condiciones de habitabilidad, ámbito de influencia dentro de los ejes de desarrollo delimitados estratégicamente, requieren de un mínimo esfuerzo dirigido y planificado en pro de los objetivos planteados.

     Actualmente, dentro del marco de la estrategia territorial de descentralización desconcentrada, que pretende reducir los desequilibrios entre regiones e impulsar la redistribución de la población y actividades sobre el territorio, se están buscando diferentes opciones que permitan adelantar procesos integrales de desarrollo local y territorial basados, precisamente, en el aprovechamiento de las potencialidades y recursos locales.

     Sin embargo, estas iniciativas aún cuando se enmarcan dentro de las políticas internacionales en materia de gestión ambiental siguen siendo limitadas en su efecto, por cuanto las comunidades y los entes de gobierno aún no trabajan en forma mancomunada para  llevar adelante acciones tendentes a un mejor uso y aprovechamiento del espacio disponible para que éste se convierta en un recurso que garantice el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes.

     Una eficiente gestión ambiental más allá de ser un enunciado en las políticas de desarrollo y en la planificación de cada gobierno debe traducirse en logros, tales como: disminución de la degradación ambiental, conservación de áreas en situación de riesgo, mantenimiento de los suelos destinados al cultivo, rotación de cultivos para evitar la degradación de los suelos, preservación de afluentes fluviales, control del uso de pesticidas, práctica de la agroforestería.

     Pero para desarrollar todas estas acciones se requiere un decidido compromiso y los recursos económicos necesarios. Este compromiso tienen que ser conjunto organismos gubernamentales, organizaciones comunitarias y ciudadanos por cuanto todas implican no sólo el trabajo de planificación, organización, dirección y control sino que también pueden servir para generar fuentes de empleo que garanticen un desarrollo comunitario endógeno.

 

 

 

 

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