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10 de julio
Santa Verónica Giuliani (1660-1727)
Este himno, de tipo
lírico, canta lo que a toda capuchina, a todo capuchino, sugiere santa
Verónica: la pura mística del padecer y el amor. Es una auténtica
maravilla de la gracia, ante la que uno se queda, sin palabras, en el asombro...
Dios ha hecho todo lo que ha querido en esta mujer. Toda la fenomenología
mística parece darse cita en ella, como lo sugieren las miles y miles
de páginas de su Diario espiritual, editado con el título
de Un tesoro escondido.
Verónica en
la Iglesia es mediadora del perdón y madre, y esto también
se quiere poner en resalte, al cantar la mística de unión
esponsal. Estos simples rasgos nos invitan a penetrar en el misterio sorprendente
e insondable del amor.
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Arde en la Iglesia
Verónica
con aquel fuego encendido
que de la brasa divina
trajera en su carne Cristo.
Mujer del inmenso
amor
en alma y cuerpo sentido,
mujer para el padecer
viviendo el amor sufrido.
Toda para ser esposa,
sola para Cristo vivo,
corazón para mirarle,
cuerpo para el sacrificio.
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En el baño
de sus llagas
su Esposo le ha sumergido,
en la alta luz del secreto
le ha dado el divino anillo.
Gozo, esperanza y
dolor
con los hombres compartidos,
cual quieta madre Verónica
padece donde está Cristo.
¡Señor
de amor silencioso,
rey de vírgenes querido,
para ti el aroma santo
de tu huerto florecido! Amén.
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