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El padre Leopoldo nació en lo que después de la II Guerra mundial se llamó Yugoslavia, y, tras la recuperación de la autonomía de diversos estados, en lo que hoy llamamos Herzegovina. Pasó la mayor parte de su vida en Italia, en Padua, confesando, humildemente confesando, con una bondad sin límites. Fue canonizado por Juan Pablo II el 16 de octubre de 1983, mientras en Roma se celebraba el Sínodo de Obispos sobre la Reconciliación. El himno, de forma muy sencilla y llana, nos presenta al humilde capuchino confesando, perdonando. Toda su persona infunde perdón; basta mirarle a sus ojos. Pero hubo un secreto en la vida del padre Leopoldo, que se descubrió tras la muerte: las muchas veces que ofreció su vida por la Unidad de los Cristianos, pues él había nacido en tierra donde se palpaba la división de los cristianos. También se destaca en el himno esta nota esencial de su carisma. |
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