8 de mayo
Beato Jeremías de Valaquia (156-1625)

Nuestro Beato Jeremías de Valaquia, beatificado por Juan Pablo II el 30 de octubre de 1983, era en esa fecha el único hombre de Dios de Rumanía, elevado a los altares. Bien podemos llamarlo flor de Rumanía.

De joven había emigrado de su patria, porque había oído a su madre que en Italia estaban los buenos cristianos y los monjes santos. Aquí se hizo capuchino, y por más de cuarenta años fue enfermero en San Efrén, en Nápoles, convento donde había 160 celdas, la mitad enfermería.

Fray Jeremías es la pura caridad para el pobre de fuera y para el enfermo de casa. Él está en la clave que dieron las Constituciones capuchinas de 1536: contemplación, sí, vertida luego en la expresión de la caridad evangélica: la predicación, el servicio a los hermanos...

Un día, en oración, se le mostró la Virgen. ¿Eres Reina, y no llevas corona?, le dijo el hermano. Y la Virgen, apretando a su Hijo junto a sí, como en los iconos de Oriente, le respondió: Esta es mi corona.




Aroma del Oriente,
Beato Jeremías,
la Iglesia te venera
cual flor de Rumanía.

En busca de hombres santos
tu corazón gemía;
seguro que en Italia
muy santos los habría.

Felices los hermanos
que un día te acogían;
felices los enfermos
de aquella enfermería.

La pura caridad:
tal fue tu norma y guía;
y la contemplación
con ella bien se unía.





Y por tu sencillez
se te mostró María,
la Reina sin corona,
que un Hijo poseía.

Humilde hermano nuestro,
bendito Jeremías,
enséñanos amor,
y a orar con valentía.

¡Al Hijo, Dios Altísimo,
amor y pleitesía,
a él, que es nuestra Pascua,
la paz y la alegría! Amén.







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