USA TODAY
(Nota publicada a fines de Mayo de 2005)
Ron Howard está a punto de
hacer un arriesgado movimiento en su carrera. Su amigo y colaborador, Russell
Crowe, está disertando poéticamente sobre Franklin Roosevelt, el New Deal y
las leyes que aprobó el parlamente para luchar contra la Gran Depresión cuando
Howard reúne el coraje para interrumpir a la estrella. "Psst" Dice
Howard, inclinándose hacia él "Es el Congreso. El Congreso aprueba las
leyes en los EEUU".
Romper el ritmo de un monólogo de Crowe podría ganar a la mayoría de los
directores un ceño fruncido, un tirón de orejas o peor. Pero el actor mira a
Howard y le guiña un ojo, y ambos comienzan a reírse.
Tal simpatía entre un director considerado el
más afable en el negocio y un actor considerado, bueno, no tan afable. Ambos
podrían reformar su reputación con su nuevo film, "Cinderella Man".
Para Howard, es el último paso para mostrar su
lado más oscuro y cambiar su imagen de director que prefiere el éxito
comercial a la madurez fílmica. Crowe, mientras tanto, puede sacudirse su fama
de ser uno de los actores más difíciles de Hollywood, un perfeccionista
imposible que pulveriza a directores y coprotagonistas que no comparten su
tenacidad.
Más que reputaciones están en juego. La película
de 86 millones de Dólares es comparativamente discreta para los fuegos
artificiales del verano de Hollywood. Y además llega después de dos films con
temática similar: "Seabiscuit" y "Million Dollar Baby".
¿Están las audiencias preparadas para otro héroe
de la Depresión? ¿O para otro boxeador con pretensiones de Oscar? Esto será
un buen test del poder de poner a Ron Howard y Russell Crowe juntos.
La extraña pareja.
El productor Brian Grazer dice que no le
preocupa que las audiencias sientan una sensación de Deja vú con
"Cinderella Man". "Esto es totalmente diferente de "Million
Dollar Baby" por un par de razones: Una que es una historia real. Y dos que
Ron y Russell tienen una química única que les diferencia de otros actores y
directores".
Desde fuera, Howard y Crowe parecen una extraña
pareja. Simpático y pronto a sonreír, Ron HOWARD ríe tus chistes, incluso los
malos. Insiste en que su éxito es el resultado de la buena suerte y
colaboradores más talentosos que él. Crowe exuda más confianza. Parece más
decidido a formarse una idea de ti con una dura mirada. Considera sus respuestas
cuidadosamente. Es rápido en reír después de que te haya epatado con un
comentario improvisado.
Ponles juntos sin embargo, y su ritmo se hace
obvio. Completan las frases el uno del otro y comparten chistes privados. La
simetría continúa en el set, dice Crowe, a pesar de que con el actor algunas
veces es difícil decir qué es un halago y qué es una crítica. "Ron es
el director más exigente con el que he trabajado. Se pasa el día moliéndote,
y eso es exactamente lo que tú quieres. Quiero a alguien que no te deje ir, que
te mantenga empujando".
Para Howard, los elementos deportivos de la
vida de Braddock eran poco atractivos. "Al principio, eso me echó para atrás.
Pero luego me reconcilié con el hecho de que no tiene por qué ser la más
grande película de boxeo de todos los tiempos. Es más bien un estudio de
personajes"
Y nadie, dice Howard, hace estudios de
personajes como Crowe. Para interpretar a Braddock adelgazó más de 20 Kg. En
el entrenamiento se dislocó el hombro. Pero el dolor, dice, mereció la pena.
"Tienes que hacerlo bien. Si hay algo sobre la vida de alguien que le hace
merecedor de hacer una película sobre ella, yo tengo la responsabilidad de
hacerlo todo correcto. Es una gran responsabilidad".
Ese sentido de la responsabilidad, dice Howard,
a menudo es confundido con obstinación. Y el temperamento de Crowe a menudo ha
sido su ruina. Algunos analistas de los Oscars creen que su explosión durante
la temporada de premios del 2002 le costó el premio de la academia por
"Una mente maravillosa".
Así que ¿Cómo doma Howard al león?.
Paciencia. El director suele decir que trabajar con Crowe es como hacerlo en una
isla tropical "Tú sabes que el tiempo está yendo a cambiar. Pero también
sabes por qué estás allí".
Ocasionalmente se enfrentaron en
"Cinderella Man", dice Howard, pero nunca por mucho tiempo.
"Russell es un tipo intenso" Dice, mirando a Crowe mientras los dos se
relajan en una habitación del hotel Four Seasons. "Podría parecer que hay
nubarrones, podría parecer tenso por un segundo, pero el sol brillará".
Crowe le da crédito a Howard por permitirle la
libertad de dejarlo desaparecer dentro de sus personajes, algo que Crowe decidió
que necesitaba cuando rodaba "El dilema".
"Fue una gran revelación para mí que yo
quisiera llevar las gafas de Wigand. Yo quería que mi pelo fuese como el de
Wigand. Quería el mismo peso. Porque eres responsable por el legado de la
persona a la que estás retratando".
Y Crowe es crítico con los actores que no
comparten el mismo nivel de compromiso. El dice que ha tenido críticas por una
entrevista en GQ en la cual le daba un toque a las estrellas, incluyendo George
Clooney, Harrison Ford y Robert De Niro por hacer anuncios.
"Entre más mayor me hago, más voy a
perseguir esa integridad” dice Crowe, inclinándose hacia delante “No creo
que sólo porque tengas la atención del público tenga que ser un requisito
vender tu centro moral. No pienso que esté bien. Si alguna vez dejo de ser un
tipo que pueda responder tus preguntas mirándote a los ojos y dándote mi opinión,
entonces debería parar de hacer películas".
Howard se echa para atrás en la silla y deja
espacio a su actor. Hay algunas escenas, ha aprendido, que es mejor dejar
interrumpidas.