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Lea el sentido poema de despedida Farewell de Ricardo Palma, expatriado por motivos políticos.  
Un poema recordando al padre por Augusto Elmore desde la perspectiva del tiempo  
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FAREWELL

Ricardo Palma

La curva de los mares
dilata el horizonte,
y mi nativo monte
no alcanzo a contemplar
¡En él queda mi alma!
De muerte herida el alma
¡oh patria! te abandono a mi pesar.

Los malos se alborozan
cuando los buenos gimen;
arriba se halla el crimen
ceñido de laurel,
y un César se levanta
que, con inmunda planta,
holló de la República el dosel.

Me arroja al extranjero
mi fe en la Democracia;
allí de la desgracia
me espera amargo pan;
mas ¡patria que amo tanto!
tu nombre sacrosanto
mis labios sin cesar bendecirán.

Amiga cariñosa
del pobre peregrino,
no llores... El destino
nos juntará a los dos
La noche por el cielo
extiende ya su velo...
¡Patria, amores, adiós, adiós, adiós!

DOS POEMAS DE:
Augusto Elmore

TU NO PERMANECES

El tiempo permanece
en la mirada que te doy
como si fuera historia susurrada
paloma inhalada
para tenerla presa

Como si salieras del alma
vestida de fiesta
y en mis ojos te apresara
toda mirada

El tiempo permanece
y tú no

EDICION PATERNA

Cuando en la casa
entraba tu río tibio
mojábamos en él las manos
y las risas
padre

Recuerdo bien
aquella vez que subí por tu mirada
concurriendo a la dulce cita de tu voz

También
cuando tomabas
tu espada de civil tu lapicero
y nos hacías cartas a medida
como un sastre que escribe deletreando
sus puntadas

y cuando en el destierro
te vi el rostro surcado de tus manos
oyéndote decir Perú mientras leías


puro sol nuestro de cada día
dánoste hoy

padre

SIEMPRE ES AL SUR

Carlos López Degregori

Siempre ha sido al sur para ti.
Y porque siempre ha sido el sur
lo has amado:
tú le entregaste flores cada repetida primavera
para que adornara las latas de su casa,
le escribiste tus mejores cartas y poemas
donde nada le decías
o apenas le decías que el amor en el sur
es una cueva y un tiznado cisne
y el rincón donde vigila una luna
de palo
y alambre.

Al sur puedes golpearlo también.
Perderlo, si quieres, en un taxi perdido a medianoche.
Encenderlo con las luces y pétalos
de las últimas calles
y apagarlo después.
Dormirlo.
Trizarlo de piedras y de voces.
Ocultarlo como a una joroba
o a una enfermedad.

Pero nunca olvides
que todos los trenes que corren
atropellando la noche con sus silbidos
o los ríos que merodean buscándote
vienen desde el sur.
Y son del sur las botas decepcionadas de tus leguas,
tus palabras que tuercen a la hora justa
las conversaciones, los olores más secretos,
el anillo que llevas como una prueba de miedo
o fidelidad, los hilos vivos con los que coses
tu ropa.

Tu puerta abre al sur.
Tu cama duerme para el sur.
Los labios que vuelan fríos y partidos
te besan desde el sur.

Y más adelante
si en un jirón de carne o en un hotel al fin
o en una lengua postrera
descubres que en el sur no existe
secreto alguno,
no te entristezcas:
sólo abre la ventana y escribe en la noche estrellada
que el sur fue tu empeño
y tu orgullo
y tu amor
y que estar en el sur fue suficiente.

(De Lejos de todas partes)

OTOÑO

Rosina Valcarcel

Caen los músculos
El otoño
Las últimas hojas
Piadoso el árbol me mira
Gotas de relámpagos
Me arrastran hasta la Estación
de los huérfanos
donde estás tú, cansado, bajo la lluvia
como el Dios de la guerra
que sólo aspira alcanzar la Venus del espejo

AQUI TE ESPERO HASTA EL ULTIMO OCASO

Luzgardo Medina Egoavil

Como fue antes del principio. Aquí te espero.
Manchado con el sueño más lila. Deteniendo el paso
Del viento que acostumbra a desnudarse entre
Las yerbas medievales. Aquí te espero desde nunca.
Desde cuando el amor aprendía a parpadear bajo la
Peregrina lluvia de marzo. Desde cuando el mar aún no
Se agitaba y la estrella más lejana tenía tus ojos.
Y te espero en el recuerdo que todo lo olvida
Y que se pasea por la cotidiana extensión del silencio.
Yo no sé si estás lejos habitando otro cielo anónimo.
Yo no sé si estás cerca recogiendo las hojas castigadas
Por el frío. Yo no sé si a cada instante tu piel muda
De color o si en tus labios todavía arden mis cenizas.
Aquí te espero hasta el último ocaso o hasta cuando
El álgebra se haya ido a vivir en los acantilados.
No creo que de insomnio se pueda morir. No lo creo.
Si así fuese: Ahí en el insomnio también te espero.
En la calle lejana en donde la noche siempre se atasca
Con mi niñez de siglos —adorable mujer— te aguardo.
Ven desde tus reinos diurnos vestida de pálida nostalgia.


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