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DESTIEMPO
Blanca Varela
I
Se fue el día,
las escamas del sueño giran.
Todo desciende,
la noche es el tedio.
En el desierto, a oscuras,
temerosa del amor
la ostra llora a solas.
Caen las lívidas hojas de tu frente,
te alejas, negra burbuja sin destino.
Se abren súbitamente mil calles,
arrecifes en llamas
retienen tu cuerpo helado como una lágrima,
nada te hiere,
el coral clava su garra en tu sombra,
tu sangre se desliza, inunda praderas,
salta de las ventanas como un rojo sonido
todo esto no es sino el Otoño.
II
Estréchame las manos,
la única luz que nos queda,
no me dejes olvidada
en la cima de una ola.
Aléjate. Aparten ese frío paisaje de cipreces,
escombren esos náufragos que ocultan el horizonte
La vida es una noticia conmovedora.
Atravieso el desierto,
la terrible fiesta en el centro de
un cielo derribado.
Estoy casi olvidando.
Ese puerto existe, Lima 1959.
OSARIO I
Juan Cristóbal
a Jorge Teillier
1
Cuando bebíamos las cervezas eran azules
Con tus ojos de fresa desnuda inventabas el mar y su
cólera incierta
En tus largos cabellos de otoño crecían palomas
adorando el rocío
La soledad es más cierta que el tiempo decías
Y la claridad de los caracoles alzaba sus sortijas de
fuego
Cuando bebíamos las cervezas eran azules
Nunca tuviste una idea fija del sueño
Tus hijos aprendieron a tirar manzanas al cielo
Y sonreías no sin antes saber lo que era la dicha
Buscaste la paz después del combate
Y la lluvia reemplazó a la vida
2
El verano es siempre cruel para los barcos
Nuestros ojos lo saben
Y ninguna espiga abre su imagen pura en la tierra
Para entender el silencio del guardián olvidado
Las colinas verdes del cielo y los peces rojos de los
mares del sur
Habrán de volar como tallos heridos
A ciudades que tengan
Caminos y sueños con olor a venado
Pero nada puede la aurora y el desierto renace
Entre las flores antiguas todo estará destruído
Igual
A esas garzas que hunden sus manos
De cielo
O como esos abuelos
Que llegan rendidos
Después de la lluvia
Al galpón
de los leños
POEMA PARA SER LEIDO EN TONO CONFIDENCIAL
Felix Puescas Montero
(Para Juan Carlos Lázaro)
Yo, tú, él,
esa guitarra desvelada junto al río,
ese ruiseñor que canta
sólo para humillar a los doctos académicos,
y la nariz de aquel astro
que ahora nos sonríe
desde más allá de la última galaxia
cuando estamos aquí llorando y solazando
nuestra efímera y tal vez
última carne.
Mírame bien
porque mañana nos veremos de nuevo,
pero entonces yo ya no me llamaré Félix
ni tú te llamarás Alfa Centauro.
Lo digo yo
porque anoche caí otra vez en la rueda
de las infinitas muertes y resurrecciones.
LEJOS DE LA TIERRA
Samantha Berger
Contemplé tanto la belleza,
Que mi visión le pertenece
Konstantinos Kavafis
Súbitamente descubro en tu cuerpo mis líneas,
como el reflejo silencioso de una imagen delirante
como el susurro suplicante de palabras sofocadas
súbitamente
te propongo absoluta,
y redundando,
rindo culto a los murmullos de una estrella sumergida
Mujer terrestre
Mujer museo
Mujer delirio
Mujer estruendo
Desde estos nardos desvalidos te propongo imperturbable,
tan levemente develada
que te respiro cuando surges,
tan levemente resurgiendo
que te respiro cuando emerges
cuando te sueñas
imperfecta y sugerida
disonante nínfula de acero.
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