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Poetas Peruanos desde principios de Siglo Veinte - Enrique Peña Barrenechea y su famoso poema Canción Antigua -   
Poemas del primer libro de Miguel Angel Zapata - y la poesía narrativa de Carlos Garayar: "Mi naturaleza no es real"   
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CAMINO DEL HOMBRE

Enrique Peña Barrenechea

Yo no podía saber
si era tu cielo o el mío,
si era mi sueño o tu sueño,
mi delirio o tu delirio.

Sobre el agua una luz ancha
era a modo de un camino,
y sobre la luz un barco
y sobre el barco un destino.

¡Jardín del aire, jardín
iluminado y sombrío,
lluvia azul que del paisaje
era así como su espíritu!

Yo no podía saber
si el mar era el mar, si digo
que era el mar, el mar no era,
y, si no era, era el mar mismo.
¿Cuánto tiempo estuvo el sueño
de otro sueño suspendido?

¡Azucenita del aire,
lámpara sobre el abismo!
Yo no podía saber
si era tu sueño o el mío.
Hombre que elige su ruta
tiene que andar su camino

CANCION ANTIGUA

Enrique Peña Barrenechea

Hace tiempo que repito
este cantar:
el mar, la sombra, tú,
la soledad.

Hace tiempo que quiero irme,
—cielo o mar—
pero todo se vuelve garfio
y me sujeta. ¡Qué se hará!

Hace tiempo que digo: ¿Cómo,
no puedo andar?
Y camino, pero, entonces,
tú quedas atrás.

Y en este juego de encontrarte,
y en esta angustia de llegar,
otras son las naves que pasan;
y el mar; igual, igual, igual.

FOSFOROS QUE SE APAGAN SIN QUE NADIE LOS PRENDA

		Carlos Garayar

Mi naturaleza no es real, es la suma infinita
de senderos, superpuesto mediodía en que cantemos
			    como grillos la venida
	del verano
Setiembre corría como un loco entre la lluvia y yo no
			     pensaba.  Sólo mis ojos
permanecieron abiertos, no se perdieron en el sueño
			aunque tampoco se rompieron
al contacto de la furia.
Todos los días viví largamente sin saber de mí mismo,
sin intuir el camino, pensando en las cosas.
	En Santiago;
los días son luces al viento, potros que dan imprevistos
relinchos o fósforos que se apagan sin que nadie los prenda.
Ahí, con esa rotundidad que recordará siempre el que no
					quiso partir, sin
	esa emoción
falsa que podía haberme emocionado, dijiste: el poeta se
					  va y no regresa.
El poeta se va y no regresa.
Pero ya lo sabía con temor y sin embargo, ¿Qué viaje era
						necesario
para buscar el rumbo conveniente?
	¿Qué pudo suceder allá, en el sur,
para que surgiera la vida?
No fueron las palabras, no fueron los arenales que
					atravesamos sin parar,
	dando bandazos.
Porque viajamos torpemente como naves que arrastra la tormenta
y no supimos si eran ciertos el espacio, el tiempo que nos
					esperaba más allá,
como esas neblinas que pasaban y pasaban,
	¿Supimos acaso,
si eran solamente el reflejo de tu vida, la pintura transparente que
	ofrecía el paisaje
o el señuelo esperado?
Setiembre corría como un loco entre la lluvia y yo,
					en mi habitación acorazada,
supe que no era real el lamento, que no podía esperar
					realidad de las cosas
aunque fueran más verdaderas que mi propia existencia.
Porque viajamos torpemente como naves que arrastra la tormenta
sin saber el destino, ignorando el naufragio, esperando
						los restos, los
	adioses que esperan la vuelta de la esquina.
Triste de aquél que viene en misión de guerra y encuentra paz.
Vine saltando entre las olas pero pasamos como luces
					que se cruzan en la noche.
                          GRACIAS POR EL FUEGO
								
			      Max Dextre

                           A Ricardo Rivas Martino

                             Gracias Whitman
                            Inmenso camarada
                              Gracias Basho
                           Pasaste por mi vida
                         Como el viento del Fuji
                        Gracias Gerardo de Narval
                     Tu locura me salvó del suicidio
                             Gracias Rimbaud
                    Por ayudarme a cruzar el infierno
                       Gracias José Asunción Silva
                 Porque me enseñaste a sublimar el deseo
                              Gracias Rilke
                            Tiene usted razón
               Hay que haber estado al lado de los muertos
                       Antes de escribir un verso
                             Gracias Borges
                     Por ayudarme a seguir el camino
                             Gracias Valéry
                  Porque hiciste de mi vida poesía pura
                          Gracias Mario Florián
                              Por la música
                              Gracias Dante
                   Porque me hiciste conocer a Beatriz
              Gracias Ricardo Rivas Martino por el ejemplo
                         Gracias Edgar Allan Poe
                Cuando me enteré que te habían encontrado
               Muerto sobre un banco cerca del puente del
                       Puerto de Baltimore en 1840
                        Comencé a escribir poesía.

       EL MOMENTO PROPICIO

Miguel Angel Zapata

Espero solamente el momento propicio para ir al
Mar
O sea para mirarlo desde el centro y verlo en la
Vida y en la muerte ambulando sin razón y sin
Apresuramiento
Creo que no quiere mirarme a los ojos y no sé a
Donde irá con sus espumas y sus peces
Multiformes
Las islas han concluido su charla con las gaviotas
Alegres
Desde allí se ve a lo lejos la ciudad
La sangre derramada los abismos los precipicios
Y los puentes desgastados
El mar
Solitario prosigue su calma hasta llegar a la
Curva cansada de mis ojos
El mar
El mismo desde niño
Testigo de la sal de los hombres
Es el mundo esperando el final de los silencios.


BUSCANDO COBIJO EN EL MUELLE 39

Miguel Angel Zapata

San Francisco se evapora en la Bahía:
Llegó la tormenta, los piratas
Anclaron aquí en esta plaza, se
Quedaron con nosotros en la ciudad
De la Pirámide con telescopios y
Microcomputadoras.
Ya no necesitaron el mar,
Las olas son ahora el juego de la
Bolsa, y el antiguo hogar de los
Remolinos (el mar)
Quedó hecho un laberinto de piernas,
Llantas y maletines velozmente
Atados entre sí.
Aún no he enloquecido
(Excepto por una rodilla redonda y
dorada de mujer, y el paisaje).
Son las seis de la tarde
Llueve en el muelle 39;
Buscaremos cobijo bajo los techos,
Y yo seré el mismo mentiroso
Aventurero
(Prefiero el vino rojo
Es la única verdad)
el mismo que cree que las luces del
Saint Francis no fueron reales
ni la gente automática
sólo la camarera me sonrió aquel
sábado
cuando volé hasta el piso 40
sin alas
con cuarenta ilusiones ópticas
en mis viajeras córneas.

      ROJO RADIANTE

Celia Flores

Sumergido en la profundidad del beso
el deseo parece que flotase, en el vaho
azul, celeste y rojo: arde
el fuego de la carne.

El viento se detiene en las esquinas
y juega acariciando al tiempo en su huida
mientras la noche se alborota herida
al saber que las horas se disipan.

Todo duerme a las caricias del amado,
todo sueño es un mundo ya sin sombras,
ha cerrado las alas el olvido
para acunar solitario una lumbre.

Un fuego nació en las entrañas
y el beso que es estrella y es latido
rompió sus fulgores más serenos
en las humedecidas fauces del deseo.


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