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(QUISIERA PERDERME DE MI MISMA)
Magda Portal
Quisiera perderme de mí misma
limbo de mi pensamiento
y haber perdido la mirada angustiosa
de mis ojos
para los pasos arrebatados por la muerte
Perderme de los hilos tensos
que el corazón tiende a los cuatro
puntos cardinales de la vida
Saltar el círculo que me aprisiona
y en el que se debate
serpiente cercada de llamas
mi juventud inútil
Perderse! Tendido vuelo
por sobre las agujas de las ciudades
más altas por sobre el mar
como un globo cargado de oxígeno
que sueltan a merced de los vientos
L e j o s Más allá de todas las distancias
L e j o s d e m í
RELATO DE OTELO
Rodolfo Hinostroza
Sí, te amo! Y cuando no te amo
vuelve otra vez el Caos.
Shakespeare.
"...Cierta vez, en Aleppo,
sí, fue en Aleppo donde me desgracié con ese turco
circunso:
le ceñí con sus propias babas, y su lengua morada
escupió las plegarias,
y así
salvé mi vida. Esta vida que tan poco valía, y que hoy
pesa en tus manos
como un cofre de ébano. Signorina.
Aunque yo caiga
tumbado sobre un sueño de paz
roto por las matracas de la guerra, nada se habrá
perdido si es que no
te he perdido.
Aunque yo caiga sobre los amargos tablones del recuerdo,
y recoja el final de la experiencia, y encuentre que
sólo es un ave mojada,
y el término y sentido de este viaje se extravíen
como arras oxidadas de algo que no ocurrió, nada se
habrá perdido
si he logrado hacerme amar por ti.
"Moro! por quién has combatido". "Moro!
Para qué has combatido", me gritaron los jinetes ociosos
viéndome hablar contigo. Y en verdad, Signorina,
después de este
feroz ascenso de flecha malherida, he vuelto la cabeza
por ver a quién servía, y no he encontrado a nadie.
Pero los tuyos
escupen a escondidas cuando paso, y los míos me
niegan, y ese callado
impulso de grandeza que me arrancó de esclavos y galeras
ha cesado, y es como si de pronto, en la alta noche
el rumor del mar cesara, despertándonos,
y el helado temor y la premonición trepasen la
garganta como arañas.
Hacia Chipre, una vez,
un insolente rubio me dijo que yo apestaba a rata. No
pude sino herirlo
y entonces me arrojaron del barco, y quedé solo otra vez,
por mi olor, por mi piel, por esta mi mirada que
ahuyenta a los buhos. Y quedé solo
después de haber contado una penosa historia
de brutalidad y miseria, de espanto y gargajos, y una
avidez de amor
arriba de la piel, debajo de la piel
tensa como un tatuaje, Signorina..."
CUATRO MUCHACHAS ALREDEDOR DE UNA MANZANA
José Watanabe
La música de Susana tocaba las lujuriosas fibras
Wallace Stevens
La manzana es alianza del hombre y su deseo.
Y así perdura bajo mis uñas, inacabable
en estridencia de la guitarra.
Pienso en la frente del viejo Beethoven que he
propuesto como una pausa;
pero la manzana acecha y codicia en silencio
el viejo fuego en la risa demasiado suelta
de cuatro muchachas que hacen del fuego juego de entrega,
juego y juego
que me obligan a parapetos que me humillan:
forzo gesto que no acostumbro
como sonrisas condescendientes
como miradas que se refugian en los rincones.
En verdad que en el asalto nunca he sido ducho,
sé que mi viejo caballo está hecho para dilatadas acechanzas
y ante ellas de estos tiempos de desenfado
se intimida no se consume ni en hoguera ni en discordia.
Celebro el rasgueo vertiginoso de la guitarra en la fonola
y mientras ellas aplauden yo sueño procacidades, me miro
los dedos que ya no llevan guantes para arrojar al suelo
y decido mi retiro, sin discordias y a desgana,
mientras va devorándose sola mi manzana.
B A B I L O N I A
Carlos Olivera
Como todos los hombres de Babilonia,
he sido procónsul; como todos, esclavos;...
Jorge Luis Borges
A ella...Babilonia.
¡Oh, Babilonia!
extraño tus calles Babilonia
donde vagaba como figura griega
con el cuerpo y los miembros desnudos
entregados al templo de una diosa
Los parques y las plazas
donde crecía el árbol del placer
circundado de ojos superpuestos
formando paredes
de granita pulpa
aún llevo
tus jardines colgados al pecho
como falso recuerdo
de tu olvidada grandeza
el Eúfrates recorre mis ojos
y el Tigris mis pulmones, oh ahogado
sediento de pureza hallada
en tus manos de concupiscencia
celestial tirrena
virgen del viento
¿Por qué no he de partir a buscarte
a la candidez del desierto?
quien no te busca,
quien no deja familia y oficio,
y parte en un viaje de arenas
por muchas vidas sin tiempo,
y entrega su vida a un frágil
trirreme,
hasta cruzar las islas del
desierto;
y se sobrepone a genios alados:
asirios y esfinges,
hasta llegar a ti,
y crear tus calles mientras las
recorre,
y descubrir tus edificios con sus
manos
como un arqueólogo de
recuerdos;
quien no te busca
es por que no conoce la flor de
tu deseo.
Y hoy yo me propongo tu dios
y toco trompetas frente a tus
muros,
y me corono sacerdote de tu tierra
y soberano de tu historia.
Ahora vuelven tus calles
al barullo de mercados fenicios,
y eres el palacio,
el vino y la fuente,
vuelves a la Grande Babilonia.
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