Orión - ezine de divulgación literaria
Mario Razzeto en su poema "Otoño", nos dice: la patria es una palabra guardada en el corazón.  
Luis Valdés Pallete, en el poema "Esperanza", se dirige al pequeño hijo   
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		       OTOÑO
						
		     Mario Razzeto	

	Himnos enlutados entonándose bajo un sol de ambar
						muerto
	ante los muros derruidos del otoño, manifiesto amigo
	de la soledad, hoy que la patria es una palabra
	guardada en el corazón, el amor una página borroneada
	y la vida
	un juego macabro, un barco carenado, una sentina
	de espejos empañados.  Los antiguos
	incineraban bestias a sus dioses, solían negociar con
						salmos
	su futuro.  Yo solo tengo algunas cartas, viejos poemas,
						una foto
						descolorida
	en donde una delgada muchacha parece sonreir.  Si yo
						pudiese
	incinerar a la melancolía, si al menos yo pudiese
						destruir
	los rumores rondándome el pecho por las noches
	como un cascabel de barro, si pudiese empujar un poco
						el tiempo,
	hacerle camino al invierno, expulsar las trenzas del
						otoño,
	romper sus alas renegridas, desterrar su largo
						deterioro,
	cogerlo por las astas, invariablemente desterrarlo
	a la frontera del sueño.

	Tu modorra, voraz otoño, tu mórbida modorra
	ha varado medusas por las orillas de este día, detritus
	fatigado, conversaciones en voz baja, sombras
						desteñidas.

matrimonio de la dulce maru y su
hermoso okobín cuidador de odres

César Toro Montalvo

cuando cruzo maru oh tu ciudad riquimada en mil manzanas
me enredo en tu barrio de la esquina
me pongo a silbarte
la balada del cheyenne montado en un carnero negro

me encuentro maru con que estás
colgada encima de los nísperos contemplando a okobín

volabas graznando con tu taza de begonias
en la mano y te veía parada en el establo
subida al techo
con tu listón mostrando las uvas de fragoroso terciopelo
y saltabas luego
por encima de tu catedral de agujas y florerones
y se enredaba tu vestido
encima de mi mano (vestido hecho con enredo de agujeros)

y te traía a mi mesa acompañando a mi madre
y te llevaba a mirar las batallas perdidas de mi hermano

y te seguía corriendo hasta el sena
tocando los tambores con las gotas de nylon que caían
de tus labios y te traje en mi caballo alakur
con tu cuerpo de colores hacia lima

ay dios te dije

y okobín se peinaba y te borraba las primeras pecas de amaranto

ay dios te dije

y okobín te peinaba las manos y te traía a new york
en una tarde de carnaval cubriendo tu rostro de bolas y boroboles

ay te dije

y okobín rompía el último milagro de tu boca a su pecho
casándote por cuidarte los odres montado en un carnero negro

DOS POEMAS DE:
   Luis Valdés Pallete

	Canto Primero

		     PASION 
		     POR 
		     LA 
		     EXISTENCIA
			

		      - I -

Tengo una cita
con Cristo
a la hora veinticinco
los nervios se me engastan
en la piel.

...........................
Ir a la cita con Cristo
a la hora veinticinco
es ya no sentirme carne
es escupir sobre el tiempo
es cincelar mi rostro
hasta lograrlo eterno.

Mandar la cita al infierno
es un hálito sexual
pasión de hembra
oliendo a luna
es alba de manos turbias
coronando con sus senos
otro pecado inmortal
sobre mis hombros
mañana.

Lo sé lo sé
moriré esta noche
abrazado del pecado
resucitaré mañana
para poseer la aurora
y cuando ella se oculte
tras el tímido crepúsculo
escribiré versos
de resurrección
de muerte

Prefiero hacerme semen
o ensueño
o ser cada vez más tierra.

Buenas noches placer,
te ha esperado
mi pluma
te ha extrañado
mi agonía
ha entonado un salmo
mi mortalidad.

Te contaré,
tengo una cita con Cristo
a la hora veinticinco
y he decidido
no ir.

ESPERANZA

Pequeño hijo:

La vida
no es saberte hombre
igual o diferente
a los demás.

No es saberte en casa,
buenos días madre
papá no tarda en venir
Toñito rompió el florero.

La vida
hijo
es la muerte que orgullosa
nos espera
detrás de la batalla.

La vida
hijo
es la de tu hijo
leyendo tu nombre
en la historia nuestra
de su libertad.

	  VIEJAS PENAS EN UNA SACRISTIA

		Carlos Wertheman

	Para ti no existía la vulgata que valga
	Tu fe era ardiente
	Que buscaba lo más puro

	Tus ansias de latinista casi extinto
	Se dibujaba tras tu sonrisa
			Y tus pobres dientes
	Las colegialas que la recibían en las mañanas
				Estaban lejos
	Pero tan al alcance de tu mano
	Tan de cerca de tu habitación
	Que alguna vez pensaste en mostrar a alguna
	Tu colección de estatuillas de oriente
	(amadísima herencia materna)
	o tu vieja Biblia latina
	bendecida por algún papa sonriente
	tan grande y pesada que ya no puedes mover
	de ese atril que un abuelo trajo de Sajonia

	también reprimiste el deseo de mostrar
			tu vieja cama de patas en garra
	tan europea y rancia como tu quisiste ser
	y alguna vez una te vio sin el cuello duro
	y vio tus arrugas y te sonrió

	hacia ti no habrá malicia
	(la sotana tiene sus ventajas)
	pero no habra nunca colegiala a quien mostrar
	tu viejo pene reseco

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