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El cuento más leído de Alfredo Bryce: "Con Jimmy en Paracas", remembranzas sobre un padre con la perspectiva que dan los años  

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CON JIMMY EN PARACAS

Cuento

Alfredo Bryce Echenique

Solo con los años se puede aquilatar el verdadero valor de un padre. Mis confesiones
sobre lo que pasó en Paracas aquel verano de hace como un millón de años  

Lo estoy viendo realmente; es como si lo estuviera viendo; allí está sentado, en el amplio comedor veraniego, de espalda a ese mar donde había rayas, tal vez tiburones. Yo estaba sentado al frente suyo, en la misma mesa, y sin embargo, me parece que lo estuviera observando desde la puerta de ese comedor, donde ya todos se habían marchado, ya solo quedábamos él y yo, habíamos llegado los últimos, habíamos alcanzado con las justas el almuerzo.
Esta vez me había traído; lo habían mandado sólo por el fin de semana, Paracas no estaba tan lejos: estaría de regreso a tiempo para el colegio, el lunes. Mi madre no había podido venir; por eso me había traído. Me llevaba siempre a sus viajes cuando ella no podía acompañarlo, y cuando podía volver a tiempo para el colegio. Yo escuchaba cuando le decía a mamá que era una pena que no pudiera venir, la compañía le pagaba la estadía, le pagaba el hotel de lujo para dos personas. "Lo llevaré", decía, refiriéndose a mí. Creo que yo le gustaba para esos viajes.
Y a mí, ¡cómo me gustaban esos viajes! Esta vez era Paracas. Yo no conocía Paracas, y cuando mi padre empezó a arreglar la maleta, el viernes por la noche, ya sabía que no dormiría muy bien esa noche, y que me despertaría antes de sonar el despertador.
Partimos ese sábado muy temprano, pero tuvimos que perder mucho tiempo en la oficina, antes de entrar en la carretera al sur. Parece que mi padre tenía todavía cosas que ver allí, tal vez recibir las últimas instrucciones de su jefe. No sé; yo me quedé esperándolo afuera, en el auto, y empecé a temer que llegaríamos mucho más tarde de lo que habíamos calculado.
Una vez en la carretera, eran otras mis preocupaciones. Mi padre manejaba, como siempre, despacísimo; más despacio de lo que mamá le había pedido que manejara. Uno tras otro, los automóviles nos iban dejando atrás, y yo no miraba a mi padre para que no se fuera a dar cuenta de que eso me fastidiaba un poco, en realidad me avergonzaba bastante. Pero nada había que hacer, y el viejo Pontiac, ya muy viejo el pobre, avanzaba lentísimo, anchísimo, negro e inmenso, balanceándose como una lancha sobre la carretera recién asfaltada.




Alfredo Bryce Echenique (1939 -) Escritor peruano de gran calidad, autor de novelas,cuentos y ensayos. En 1968 ganó el Premio Casa de las Américas, Havana, Cuba, por su libro de cuentos Huerto Cerrado.

Con Jimmy en Paracas

Análisis de "Con Jimmy en Paracas"
Cantidad de palabras: 4045
Formato: Retrospección, contado en primera persona, tiempo pasado con flashes en presente como recuerdos del narrador en su veteranía.

Este cuento es un tanto difícil de diseccionar ya que aquí Bryce es bastante complicado. Calculamos que más de la mitad de esta historia es contada en retrospección. Se supone que el narrador es el hijo ya en su adultez. El narrador empieza a contar desde casi la mitad de la historia en pasado cercano, (en pleno viaje hacia Paracas), y vuelve reiteradamente hacia el pasado más lejano y trae a colación los acontecimientos previos al viaje para lograr que la historia se redondee. Este tipo de cuento por lo general es abordado por escritores (narradores) veteranos. Aquí se presenta la figura de un padre contado desde la óptica de un adolescente de 14 años. El valor del trabajo reside en la forma tan natural como lo es el punto de vista de un niño, y los flashes en presente son distanciamientos del autor para comentar desde su óptica de veterano: "...y ahora que lo estoy viendo ya no es un hombre alto. Ya aprendí que mi padre no es un hombre alto, sino mas bien bajo. Es bajo y muy flaco. Bajo, calvo y flaco, pero yo entonces no lo veía aún así...". La veteranía del narrador le da una gran perspectiva para crear una obra madura, pero con un toque anglo-sajón cuyo mayor ingrediente es lo que se conoce como "wittiness", algo así como muy inteligente y lleno de humor fino. El resultado: un cuento muy hermoso.
La primera vez que leí el cuento, allá por el año 1980, no me pareció así, fue cuando en Canal 7 me entregaron una pila de manuscritos de los cuales había que escoger los más adaptables a la pantalla chica para convertilos en una serie llamada "Cuentos Hispanoamericanos", proyecto que fracasó casi al nacer, como fracasan muchas otras cosas buenas en nuestro país.
La mayoría de los cuentos estaban firmados con seudónimo o no tenían firma. Mi lectura del cuento en esa época fue muy a la ligera, y sólo buscaba acción dramática y yo no la encontraba, pero ahora, 25 años después, encuentro la calidad que no hallé en esa época. El cuento pudo haber sido un éxito si se hubiera hecho un trabajo serio, pues este cuento tiene la particularidad de tener en el subtexto una gran carga emocional.
El cuento es sobresaliente ya que el narrador tiene la oportunidad de describir al padre con la profundidad que da la madurez. Al igual que el cuento "El Desafío" de Vargas Llosa, aquí el padre es el héroe, pero el niño que narra la historia no sabe que su padre lo es, el niño lo ve con indiferencia, no se da cuenta cuan difícil es ganar el dinero para mantener a la familia. Ya adulto lo reconoce y lo narra con ese estilo zumbón que pareciera mofarse del padre, pero que en realidad es la manera como el narrador veía las cosas en su época de adolescente, el cuento es más bién un homenaje al padre.
Hay que resaltar también que en esta obra, se muestra muy bien el contraste entre la clase media alta, la clase alta y la clase popular personificada en el mozo. Este último es un hombre muy práctico, a primera vista conoce el status de su cliente, basado en sus propios parámetro, y lo coloca en el lugar que le corresponde y les da el correspondiente trato. Por la descripción del viejo Pontiac podemos suponer que la historia se desarrolla a comienzos de la década del 60, época en que circulaban en Lima los últimos pontiacs. Son interesantes los diversos giros idiomáticos, asi como las frases hiperbólicas en las que abunda la palabra "millones" y que seguramente representa la expresión favorita del niño para expresar una exageración a los actos de su padre.

Rolando Sifuentes, 2006




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