Artículo publicado en la edición correspondiente a la 2a. Quincena de Febrero - Número 4 - Año 3
De Sapos, Princesas y Príncipes
Por Marco Rubio
Hoy quiero compartir contigo un cuento de hadas, que como todos, contiene gran sabiduría.
Un día, una bella princesa fue a caminar por el bosque y en el estanque encontró un sapo. El sapo la saludó muy cortésmente. La princesa se asustó al oír que el sapo hablaba. ¡Y su mismo idioma!
El sapo le dijo: "No tema su Alteza Real, no soy un sapo de verdad. Soy un príncipe, pero la maldición de una bruja me transformó en el sapo que todos ven".
La princesa, que era de corazón bondadoso, respondió: "¿Hay alguna cosa que se pueda hacer para quebrar ese hechizo?".
El sapo respondió: "Sí, la bruja dijo que si encontrase una princesa que yo amara, y ella se quedase conmigo tres días y tres noches, el hechizo se rompería y yo volvería a ser un príncipe".
La princesa miró detenidamente al sapo, y pudo ver el príncipe encerrado en aquel verdoso, áspero, baboso, verrugoso y repugnante cuerpo. Entonces decidió llevarlo consigo al palacio.
Todo el mundo decía: "¿Qué criatura repugnante es la que traes?".
Y ella respondía: "No, no es una criatura repugnante, ¡Es un príncipe!"
Y aunque muchos insistían en que desistiera en su intento por romper dicho hechizo (escuchó muchos "No vale la pena"), mantuvo al sapo consigo noche y día, en la mesa, en un almohadón mientras dormía. Después de tres días y de tres noches, ella vio al joven y bello príncipe, quien le besó la mano con gratitud por haber quebrado el hechizo y haberlo transformado en el príncipe que era.
Este cuento encierra varias enseñanzas. Nos habla sobre las maldiciones que cargamos en nuestras vidas; sobre la segunda oportunidad a la que todos tenemos derecho; sobre el amor (que cuando es puro transforma todo lo que toca); sobre nosotros mismos (tú y yo); y sobre un sueño que me gustaría que se hiciera realidad.
Yo en algún momento de mi vida también fui un sapo. Mi batracia maldición consistía en mi mal carácter, mi temperamento destructivo (hacia los demás y hacia mí). Conocí la prostitución, viví en la promiscuidad (sexual y no sexual), tuve problemas con el alcohol y jugué con medicamentos delicados, como los ansiolíticos y los antidepresivos. Llegué a ser un sapo de gran tamaño
Cuando era pequeño, una navidad, recibí de regalo una nave "X-Wing" de Star Wars para armar. Para hacerlo había que leer un breve y sencillo instructivo. Así, pieza por pieza, lograría ver completa esa nave y podría jugar con ella. Pero la vida real no nos facilita un instructivo sobre como construir nuestra propia vida. Y debido a nuestra inexperiencia para enfrentar algunas situaciones que aparecen en nuestra vida, o tal vez por nuestra inmadurez, somos susceptibles de cometer errores tremendos. Sin embargo, creo que todos tenemos el derecho a una segunda oportunidad, y poder corregir los renglones que hemos escrito mal en el libro de nuestras vidas.
Por eso, primeramente, a ti amig@ sapo te dedico este artículo. Tal vez, al igual que yo, ante el desconocimiento de la vida, sobre todo de la gay (siempre nos enseñan a cómo ser heterosexuales), tomaste y aceptaste lo que los demás decían que te merecías por ser como eres. Y, al igual que yo, lo aceptaste. En eso consiste la maldición de la bruja. Aceptar como nuestra realidad y naturaleza algo que en realidad no lo es.
Te convertiste en sapo cuando te involucraste en las drogas, en la prostitución, en el alcoholismo, la promiscuidad, el perreo excesivo, la ira, el desinterés permanente y profundo; cuando aprendiste a abusar de los demás o a usar a las personas para fines egoístas (chichífear, por ejemplo).
Este hechizo puede tener diversas caras. Es lo que hace que los demás nos vean como a un asqueroso sapo. Es lo que te hace sentir que vas en una espiral descendente, de la cual crees que nunca podrás ni debes de salir, porque te han dicho que ese es tu destino.
Amigo sapo: si ya estás cansado de serlo, mira a tu alrededor, siempre encontrarás alguien que pueda ayudarte. Pero para que esto suceda debes estar dispuesto a aceptar la ayuda de los demás.
Tal vez en este momento estés tan convencido de lo que te han dicho que te mereces, que llegas a rechazar esa ayuda, por creer que no la mereces, que nos eres digno de ella. Pero déjame decirte algo importante: esa persona que llega a tu vida y está interesada en ayudarte a romper el hechizo es alguien muy especial en tu vida. Esa persona te ama. Imagina, si la princesa del cuento no hubiese sentido amor, no habría visto al príncipe encerrado en aquel asqueroso sapo.
Al participar en el activismo gay me he encontrado muchos "sapos" que dicen que nadie los quiere y que se sienten solos. ¡Despierta! Voltea la vista sobre tus hombros, esa persona que te da la mano para salir de donde no quieres estar, es la persona que en realidad te ama, porque libre de prejuicios o de ideas preconcebidas puede ver el príncipe encantado que llevas dentro. Sólo con los ojos apoyados en este sentimiento se puede ver el príncipe dentro de las personas.
Muchos motivadores profesionales dicen que la fuerza suficiente para cambiar en nuestras vidas todo aquello que no queremos, está dentro de nosotros mismos. Y esto es una gran verdad. Sólo necesitas estar consciente de lo que no quieres para tu vida y decir: "¡Basta! Ya no quiero seguir corriendo hacia el vacío". Pero en algunas ocasiones necesitas que alguien te empuje un poquito, que te diga (aún sin palabras): "Yo creo en ti, creo que puedes ser tan grande como tus sueños, y creo en el príncipe que niegas dejar salir". O bien alguien que te agarre de los hombros y te sacuda un poco, al tiempo que te dice: "¡Ubícate jot@!".
Afortunadamente en mi vida han aparecido muchas princesas y, sí, muchos príncipes también, que me han ayudado a romper muchas de mis maldiciones. Gracias a su ayuda y a su amor he logrado muchas cosas que creí que eran imposibles para una persona gay.
También dedico este artículo a todos los príncipes y las princesas que han ayudado a transformar a un sapo. Te felicito y te doy las gracias por creer en la gente que se creía perdida. Sin embargo, tengo que aclararte que no se trata de recoger a todos los sapos que están en la calle o a cualquier sapo (cuidado con los sapos perjudiciales). Sé muy precavido con esto. Si el sapo al que estás ayudando a transformase en príncipe no pone nada de su parte para hacerlo -no quiere salir del estanque o siempre quiere regresar a él-, lo mejor es dejar que se vaya, ya que no es y nunca será el príncipe o la princesa que tú esperas que sea. Pero tú, al igual que la princesa del cuento, sabrás muy bien dónde realmente se esconde un príncipe y donde no.
Y por último dedico este artículo adicionalmente a todos los sapos transformados en príncipes para que ayuden a otros sapos a convertirse en príncipes al igual que ellos.
A todos ustedes, príncipes, princesas y sapos, les comparto mi sueño: Vivir en un mundo, en una comunidad, una vida en donde todos seamos príncipes o princesas, dejando a un lado el uso o abuso de unos con otros.
Gracias Jesús "Pretty Baby", por todo la atención que pones en mí para que deje de fumar. Gracias por tratar de ayudarme a romper este hechizo. Estoy poniendo poco a poco el mejor esfuerzo de mi parte. Te quiero mil.
Artículo publicado en la edición correspondiente a la 2a. Quincena de Febrero - Número 4 - Año 3
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