Artículo publicado en la edición correspondiente a la 2a. Quincena de Febrero - Número 4 - Año 3

 

Los Hombres Marcan la Diferencia

por Alicia Yolanda Reyes

 

Gabriel tenía tan sólo 27 años cuando falleció, había terminado la carrera de medicina y se encontraba haciendo la especialidad en ginecobstetricia, tenía muchos proyectos para su vida, pero el SIDA le impidió cumplirlos; él adquirió la infección del VIH cuando era estudiante de medicina, en una noche en que conoció a un chico que actuaba en un bar gay, el cual le invitó a su casa; fue su primera relación sexual, "fue algo bello para mí, incluso cuando supe que había resultado afectado, pensé que valía la pena".

 Gabriel conoció, a lo largo de los nueve años que vivió con el virus, a muchos jovencitos que como él, en busca de afecto, de aceptación o simplemente sentirse amados, se metían en relaciones sin protección. La gran mayoría de ellos no se consideraban a sí mismos como gays, muchos se casaron más tarde, y algunos por ignorancia y desconocimiento incluso de su estado serológico, trasmitieron el virus a sus parejas femeninas.

Jorge es un profesional de la salud que vive con el virus que causa el SIDA desde hace casi seis años. Cuando se le detectó que tenía un línfoma y los médicos no le daban ni seis meses de vida, él acudió a apoyo psicológico y espiritual e inició con la terapia anti-retroviral.

Actualmente acaba de terminar una Maestría, y su estado de salud es excelente, su carga viral sale indetectable desde hace más de cinco años, Sin embargo, sabe que el virus puede estar por ahí agazapado y aparecer cuando menos se lo espere.

 Jorge cuenta que desde pequeño sus amigos en la escuela le gritaban que era joto, recuerda que un día un grupo de muchachitos mayores que él, lo agarraron para ver si era hombre, lo empezaron a manosear "pero nunca me dijeron si era hombre". "A mí me gustaba una niña en el salón, pero pensaba. "¡Qué lástima soy joto!" 

Esa situación contribuyó a que sus primeras experiencias sexuales fueran con otros hombres. Así adquirió el virus, pero durante el tiempo que estuvo en terapia llegó a la conclusión que a él le gustan más las mujeres. Estuvo a punto de casarse con una chica; hablaron sobre el hecho de que iba a ser difícil que tuvieran hijos propios, habían pensado adoptar uno, pero al parecer, para la chica, el temor al futuro de estar juntos fue muy difícil, y no pudo seguir adelante.

Gerardo era maestro de educación física, "hubo una época de mi vida en que bebía con frecuencia, e incluso llegué a fumar marihuana". En esas ocasiones llegó a relacionarse sexualmente con otros hombres, pero Gerardo se sentía atraído por las mujeres. Contrajo matrimonio y tuvo dos hijos, cuando el menor de ellos tenía cuatro años, Gerardo enfermó gravemente de las vías respiratorias y presentó diarreas. 

A Gerardo lo internaron en el hospital Gómez Farías del Instituto de seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), ahí trabajaba la mamá de su esposa, quien preocupada por los síntomas le pidió al médico le hiciera la prueba de detección del VIH, misma que dio positiva. Acto seguido se le practicó a la esposa y a los hijos; en los dos últimos resultó negativa, no así en la esposa. Cuando Gerardo recobró la conciencia después de casi 15 días de haber estado delirando con fiebres muy altas, lo primero que supo era que el médico había dicho que tenía SIDA, que su esposa también había resultado afectada y que ya había iniciado los trámites para el divorcio.

 Ese fue un golpe muy duro para él y se sentía culpable, pese a que él cuando se casó ignoraba su estado serológico, constantemente repetía que había dañado lo que más amaba, se deprimió y falleció en menos de un año.

En México, al igual que en Estados Unidos y gran parte de Latinoamérica el virus que causa el SIDA afecta primordialmente a hombres que tienen sexo con hombres, no importa si se asumen o no como gays. Un alto porcentaje de ellos mantiene una doble vida, básicamente porque socialmente el ser gay no es valorado de manera positiva. 

Las relaciones sexuales entre hombres se dan en un ambiente de clandestinidad, casuales y en lugares en los que hay pocas posibilidades de saber con quién se están relacionando. Los baños públicos y cuartos oscuros de algunos bares y gimnasios son un lugar propicio para darle salida a los instintos reprimidos, de manera anónima, y sin calcular los riesgos que se corren.

Rubén, la primera persona que conocí con SIDA adquirió la infección en un viaje a San Francisco en la década de los ochenta. Un fin de semana acudió a unos baños públicos, ahí se relacionó, según sus propias palabras, con medio centenar de hombres. Cuando regresó a México se metió de fraile, a los dos años enfermó y lo llevaron al hospital. El superior de la orden al conocer el diagnóstico lo corrió del convento, pero Rubén había tenido relaciones sexuales dentro del convento con más de 20 frailes, por lo que tiempo después se detectó que varios de ellos vivían con el virus que causa el SIDA.

De acuerdo con el doctor José Antonio Izazola, director ejecutivo de SIDALAC, si bien entre la población heterosexual las mujeres son las más vulnerables, por su poca capacidad de decisión. Entre los hombres que tienen sexo con hombres se ha concentrado la epidemia en México por casi dos décadas, al grado que del total de casos que existen en el país, el 75 por ciento se encuentra en varones. 

En el DF, por cada mujer con SIDA hay 19 varones. Izazola puntualiza que "de hecho tanto biológica como socialmente muchos hombres que tienen sexo con hombres, tanto los que se autoidentifiquen como gay, bisexuales, homosexuales, o no, sostienen prácticas de riesgo y no tienen la capacidad en sus manos de modificar el riesgo al que están expuestos, por lo tanto, en la definición de vulnerabilidad se califican como altamente vulnerables".

El doctor Peter Piot, director del Programa Conjunto de las Naciones sobre VIH/SIDA (ONUSIDA), señaló durante el pasado Foro 2000 en Brasil, que era urgente que los gobiernos enfrentaran el hecho de que los hombres que tienen sexo con otros hombres eran los que estaban resultando más afectados. Urgió a los gobiernos de la región a apoyar campañas dirigidas a este sector de la población.

En Brasil se reconoció que existen varias epidemias del SIDA, ya que por ejemplo en América Central y el Caribe la mayoría de las transmisiones ocurren en relaciones heterosexuales, pero todavía existe un alto índice de afectados que lo adquirió por relaciones homosexuales. Pero en el resto de América la transmisión entre heterosexuales es menos significativa, en Costa Rica por ejemplo el gran porcentaje de las personas que adquirieron el virus lo hicieron en relaciones homosexuales.

En México, al igual que en Estados Unidos, desde el inicio de la epidemia, el mayor porcentaje se concentró en hombres que tienen sexo con hombres. En San Francisco se había logrado bajar la infección entre los homosexuales, pero en los últimos dos años se ha dado un incremento en este sector de la población. Una de las cosas más alarmantes es que cada vez es más temprana la edad en que las personas adquieren el virus que causa el SIDA. Por otro lado están adquiriendo virus resistentes a los nuevos anti-retrovirales, esa es la razón por la que muchos de los jóvenes de infección reciente presentan síntomas a etapas más tempranas, que los primeros casos. 

Tratar de buscar culpables del incremento de la transmisión por VIH/SIDA, no ayuda en nada. Es preferible reconocer que existen varias formas de relacionarse sexualmente, que la diversidad sexual es algo real y tangible y no va a desaparecer porque a algunos no les agrade, y que las autoridades de salud tienen la obligación de elaborar campañas para todos los sectores de la población, no sólo los socialmente aceptados. A esto habría que sumarle la obligación personal de protegernos a nosotros mismos y a los otros, pero no dejar en manos de los demás nuestra salud e incluso nuestra propia vida. 

Un alto porcentaje de personas que ha transmitido el virus a sus parejas, ocasionales o habituales ignoraban su estado serológico, de ahí la importancia de dar herramientas a la población, incluso desde la escuela primaria para que aprendan a que deben utilizar métodos de barrera como el condón masculino o femenino a la hora de iniciar sus relaciones sexogenitales. Sólo de esta manera lograremos abatir el alto índice de personas afectadas en el mundo por esta pandemia, para la que todavía no hay cura.

Publicado originalmente en: Cimac semanal, Comunicación e Información de la Mujer, AC (CIMAC) 6 de febrero, 2001

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