VISIÓN
MUNDIAL GLOBALIZADA
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COMPETITIVIDAD A PARTIR DE LOS
AGRUPAMIENTOS INDUSTRIALES
Contenido
La globalización de la economía mundial comenzó
con la unificación del mercado financiero, pero este proceso de generalización
no sólo tuvo índole monetaria, sino que se extendió al sector real de la
economía.
Los mercados nacionales se fueron segmentando en capas horizontales, estratos
que se repitieron en otras divisiones políticas. Los consumidores se
estandarizaron a nivel mundial, aunque, paradójicamente, se diferencian
internamente. Los requisitos de cada una de las secciones de consumidores de los
diferentes países homogenizaron, con lo que la división ya no es conveniente
efectuarla por naciones, sino por niveles de ubicación social, cultural y económica.
Los consumidores modernos se han convertido en individuos sin nacionalidad, a
los que hay que satisfacer a como dé lugar. Debido a ello, la contienda entre
las empresas se fue tornando brutal. Dos aspectos deben ser considerados: la
obsolescencia de la tecnologías y las caída de los márgenes de rentabilidad
corporativa. Ambos tuvieron origen en la influencia de la economía nipona,
cultura que dirigió y profundizó las principales inclinaciones del sistema,
obligando al resto a aceptar sus parámetros para poder subsistir. Las empresas,
entonces, luchan por mantener o alcanzar supremacías. Los productos se
reemplazan unos a otros a expensas de condiciones especiales requeridas por un
mercado consumidor cada vez más exigente en materia de precios y diferenciación.
Todo gira a alta velocidad, las exigencias obligan a cambios en los productos,
que a su vez inciden sobre el cambio tecnológico, que a su vez cambia el perfil
de los bienes.
La estandarización de los consumidores, la necesidad de innovación tecnológica,
la velocidad de los ciclos y el aumento de los costos debido a la presencia y
mantenimiento de los productos en el mercado transformaron los lineamientos
culturales de las empresas. Este hecho microeconómico ha gravitado sobre la
macroeconomía y sobre los patrones que rigen el ordenamiento de la economía
mundial. La fuerza de este fenómeno barrió los límites políticos que dividían
al mundo y frenaban la libre circulación de bienes y servicios.
La globalización de los mercados ha sido el resultado natural de la presión a
la que se vieron sujetas las compañías, para mantenerse en un mundo altamente
competitivo, en el que el éxito depende de una elevada productividad y
eficiencia, que solo es posible a partir de cuantiosas inversiones en
equipamiento, tecnología y marketing.
En la actualidad el objetivo de buscar la expansión internacional es lograr el
armado de la cadena de valor más competitivas. En el pasado las corporaciones
actuaban en múltiples mercados nacionales, desde un centro operativo establecían
estrategias para cada país, aunque maximizando el interés de la matriz.
Ahora, la moderna corporación concibe sus actividades mundialmente, adaptándose
para funcionar en un mercado globalizado con una estrategia única.
La competencia moderna, se basa en la lucha que se define a través de disminuir
los costos (liderazgo en costos) o por la diferenciación de productos
(liderazgo en diferencia), pero no siguiendo las dos a la vez
Esto ha generado una nueva y original división del trabajo, donde los países
no se especializan en productos o sectores, sino en partes de la composición de
una mercancía, en valores agregados que, junto con la renta aceptada por el
mercado, componen el precio final de venta. Es el momento de los productos
mundiales, que deben ser flexibles a los requerimientos específicos de los
consumidores locales y de canales de comercialización en cada territorio.
Ohmae, distingue tres etapas en el proceso de internacionalización de las
empresas. La primera es la de exportación con utilización de canales de
distribución local; la segunda es la del armado de productos comerciales
propios en el país destino (en ese momento se produce un primario asentamiento
directo de la empresa en lugares cercanos a la demanda); y la tercera es la de
la transferencia hacia ese lugar, después de desembarcar y conocer el terreno
de algunas tareas productivas, hasta llegar a la inmigración plena, que culmina
con el proceso de desnacionalización de las operaciones.
Las empresas internacionalizadas atacan mercados nacionales mientras despliegan
a escala mundial los recursos humanos, financieros y tecnológicos. Ellas
reciben el mismo tratamiento que las locales, pero gozan del privilegio de
poseer una visión global y una conjunción de capacidades provenientes de
distintos países, lo que les facilita disfrutar de una escala más amplia con
la cual amortizar tecnologías, gastos de aprendizaje, diseño, posicionamiento
de marcas y otros costos fijos.
Ante esta situación, quienes se mantienen dentro de sus estrechos ámbitos
nacionales, basándose en las cualidades relativas y limitadas de esa única
localización, no son idóneos para integrar el nuevo esquema de competencia y
están destinados a desaparecer.
Operar a nivel mundial obliga a pensar y actuar a nivel mundial. Es por eso que,
si bien las empresas no se radican en todos los países, ligan sus estructuras a
aquellos lugares o a aquellas compañías de las que pueden capturar valor.
Las Pymes en el nuevo escenario
Como ya mencionamos, la liberalización comercial, la desregulación de la
actividad económica, la privatización de activos productivos del sector público,
así como también un manejo mucho más cuidadoso de los grandes agregados
macroeconómicos, están induciendo profundos cambios en el comportamiento de
las economías de América Latina. En ellas se está difundiendo gradualmente un
"clima" competitivo más intenso a medida que las empresas, los
mercados y las instituciones se van adaptando a un nuevo escenario micro y
macroeconómico.
Las firmas industriales han comenzado a reaccionar en forma progresiva ante
estos cambios en su escenario operacional. Los empresarios empiezan a dejar de
lado "viejas" formas de organización de la producción -que
involucraban, por ejemplo, extensos inventarios de partes y piezas o un alto
grado de integración vertical- a medida que aprenden a utilizar y adaptan a sus
propias necesidades y circunstancias los principios organizacionales de la
fabricación flexible (flexible manufacturing system), los métodos de producción
y demanda sincronizadas (just-in-time) y control total de calidad (zero- defect
manufacturing).
Una mayor subcontratación de insumos intermedios y servicios de apoyo a la
producción, así como también un más alto contenido unitario de importaciones
en sus respectivos productos, aparecen hoy como estrategias corrientes en el
marco de la vida empresarial.
El vasto universo de las pequeñas y medianas empresas (PYME), posee en su gran
mayoría una estructura y propiedad aún familiar y están fuertemente
representadas en la producción de bienes como calzado, maquinas herramienta,
muebles y vestuario. En todos estos subsectores se registró una elevada tasa de
desaparición de empresas en el curso de la década de 1980, hecho imputable, en
primer lugar, al severo repliegue de la demanda interna que siguió a los
programas de estabilización macroeconómica y, posteriormente, a las
dificultades que las empresas de esta categoría han enfrentado para adaptarse a
la apertura de la economía y a un régimen competitivo más riguroso,
disciplinado por la competencia externa. Estas firmas han visto obstaculizado su
acceso tanto a los mercados de capital, por carecer de garantías bancarias
aceptables, como a los mercados de tecnología, debido a su proverbial falta de
información. Tienen una muy insuficiente percepción de la naturaleza de los
cambios del régimen global de políticas públicas y sus esfuerzos por
adaptarse al nuevo modelo de organización industrial han sido imperfectos.
Empleando procesos productivos y diseños de productos anticuados, con plantas
fabriles cuya organización del trabajo es aún muy similar a la que predominaba
antes de la reciente revolución acarreada por los sistemas de fabricación
flexible, y una estructura gerencial y empresarial de corte familiar que ha
tenido dificultades para asimilar las complejidades de principios organizativos
como producción y demanda sincronizadas (just-in time) y de control total de
calidad.
Por todo esto, a muchas empresas Pymes les ha sido imposible sobrevivir en esta
atmósfera mucho más competitiva de los años noventa y como resultado de
compras y absorciones no amistosas (take-over) de empresas, así como de una
elevada tasa de quiebras, muchas veces hasta la mitad de las PYME se vio forzada
a abandonar el mercado.
Muchas de las que sobrevivieron lo lograron mediante una significativa
modificación de la naturaleza de sus prácticas, que implicó dar preeminencia
a las actividades financieras y especulativas y abandonar relativamente sus
esfuerzos en materia de ingeniería y producción. Otras subsistieron porque se
transformaron en subcontratistas de grandes firmas transnacionales o se
mantuvieron aisladas en pequeños nichos de mercado. Sólo unas pocas tuvieron
éxito gracias a que optaron por invertir, mejorar considerablemente sus plantas
fabriles y sus capacidades tecnológicas, re - entrenar a su personal y
transformar en profundidad sus principios de gestión y administración
empresarial.
En años recientes se observa que en este último grupo han aumentado las
compras de equipos extranjeros y la adquisición de licencias internacionales de
nuevos producto y procesos productivos. Las modalidades de arrendamiento con
compromiso de compra (leasing) y concesiones exclusivas (franchizing) de grandes
cadenas transnacionales han comenzado a entrar en las empresas de esta categoría,
si bien de manera aún incipiente.
Pertenecen al segundo colectivo los grandes conglomerados con capital nacional,
insertos principalmente en las ramas de la industria procesadora de recursos
naturales que producen celulosa y papel, aceites vegetales, hierro y acero,
productos petroquímicos y otros.
Las Pymes en la República Argentina
En nuestro país, el nuevo escenario económico e industrial se fue perfilando
de forma nítida después de la puesta en marcha del plan de convertibilidad,
cuyos parámetros de funcionamiento para las Pymes podemos resumir en:
· Modificaciones significativas en los precios relativos básicos vinculados
con la actividad industrial, tanto en el mercado de los factores como en la
relación de precios entre bienes nacionales e importados.
· Rápida y fuerte presión competitiva como consecuencia dela apertura
externa, que introduce nuevas tecnologías y productos y que es acompañada de
algunos cambios en el perfil de la demanda de los consumidores y en la
organización y política de proveedores de empresas grandes y terminales, en el
caso de bienes intermedios, partes y piezas.
· Redimensionamiento cualitativo y cuantitativo del tamaño del mercado
domestico interno a partir del proceso de integración MERCOSUR junto con la
introducción de nuevas modalidades de comercialización y distribución. Estas
últimas se manifiestan en fuertes inversiones en infraestructura comercial, en
el desarrollo de nuevas cadenas de distribución, en la introducción de nuevos
esquemas logísticos de aprovisionamiento y en una importante radicación de
empresas extranjeras, que ampliaron la difusión de sistemas y prácticas
organizativas industriales y comerciales relativamente nuevas en el contexto
argentino.
· Incremento de la inversión externa e incremento del peso de las compañías
manufacturas extranjeras radicadas en Argentina con el objetivo de posicionarse
productivamente en algunos rubros industriales que emergen como nuevas
oportunidades productivas y comerciales.
Las empresas Pymes argentinas son pequeñas respecto a sus semejantes europeas,
japoneses y estadounidenses en la producción anual por ocupado y por
establecimiento. (unidad productiva o establecimiento industrial), según
podemos observar en el siguiente cuadro:
|
Región
o país |
Monto
por ocupado |
Monto
por establecimiento |
|
Argentina |
71.500 |
2.100.000 |
|
Europa |
120.000 |
3.500.000 |
|
Japón |
150.000 |
4.000.000 |
Respecto a la distribución geográfica, la
actividad industrial argentina se ha caracterizado históricamente por un alto
grado de concentración territorial, tendencia que pese a los esfuerzos de
descentralización a través de estímulos fiscales o subsidios de promoción
industrial, esta se ha mantenido.
Según el censo económico de 1994, el aproximadamente el 80% de la actividad
industrial se concentra en cuatro distritos: Provincia de Buenos Aires, Capital
Federal, Santa Fe y Córdoba, siendo decisivo el aporte generado por el Gran
Buenos Aires que concentra aproximadamente la mitad de la producción nacional.
Las empresas Pymes guardan una alta relación con el perfil territorial de la
industria nacional, aunque algunos rasgos distintivos. Aproximadamente el 55% de
las Pymes está radicado en el Gran Buenos Aires. Esta área de fuerte presencia
de empresas pequeñas y medianas cuenta con más de 40 Pymes en cada
departamento y suma en total aproximadamente 15000 firmas, ubicadas en una
superficie menor al 0.3% del territorio argentino.
La asociatividad como estrategia competitiva
Entenderemos por asociatividad, a un mecanismo de cooperación entre empresas
pequeñas y medianas, en donde cada empresa participante, manteniendo su
independencia jurídica y autonomía gerencial, decide voluntariamente
participar en un esfuerzo conjunto con los otros participantes para la búsqueda
de un objetivo común. Los objetivos comunes pueden ser coyunturales, tales como
la adquisición de un volumen de materia prima, o generar una relación más
estable en el tiempo como puede ser la investigación y desarrollo de
tecnologías para el beneficio común o el acceso a un financiamiento que
requiere garantías que son cubiertas proporcionalmente por parte de cada uno de
los participantes.
El esfuerzo conjunto de los participantes en la asociatividad puede
materializarse de distintas formas, desde la contratación de un agente de
compras o vendedor pagado conjuntamente, hasta la formación de una empresa con
personalidad jurídica y patrimonio propio que permita acceder a financiamiento
con requisitos de garantías, o para la comercialización de productos.
El término asociatividad surge como uno de los mecanismos de cooperación entre
las empresas pequeñas y medianas que están enfrentando un proceso de
globalización de las economías nacionales. La globalización económica está
redefiniendo los procesos de manufactura al localizar las fábricas en
diferentes partes del mundo, abriendo oportunidades pero también significando
amenazas para las PyME, las cuales además de verse presionadas a cambiar sus
paradigmas gerenciales (Rosales, 1996a) requieren diseñar nuevos mecanismos de
interrelación con el entorno.
En la búsqueda de las estrategias más viables para enfrentar la competencia
derivada de las aperturas, directivos de las empresas, independientemente del
tamaño de éstas, pueden apelar a un conjunto de opciones las cuales se
clasifican en dos grandes categorías, no excluyentes: las individuales y las
colectivas. Las estrategias individuales son de la absoluta discrecionalidad de
la gerencia, mientras que las colectivas requieren el concurso de numerosos
participantes al menos más de dos.
Entre las estrategias individuales que pueden emplear las empresas, además de
las conocidas como de mejoramiento continuo y reingeniería, se encuentran otras
menos divulgadas y analizadas como la de ingeniería de reversa o inversa.
Las estrategias individuales no son necesariamente excluyentes de las
estrategias colectivas. Estas, como su nombre lo indica, involucran a todos los
participantes y la acción de una repercute sobre otras en diferentes grados,
dependiendo el impacto de la modalidad de estrategia empleada.
La necesidad de diseñar y adelantar estrategias colectivas pasa a ser no
solamente una posibilidad de desarrollar ventajas competitivas individuales y
conjuntas sino que puede llegar a constituir un requisito básico de
sobrevivencia para las PyME. Incluso alguna de las estrategias individuales
tendrán éxito en la medida que ellas sean complementadas con estrategias
colectivas.
La asociatividad: alianza voluntaria para la competitividad
La introducción efectuada anteriormente, permite ubicar con mayor precisión lo
que debería entenderse por asociatividad, despojando a este término de falsas
expectativas que pudieran conducir en el futuro a una frustración.
Seis distinciones importantes tiene la asociatividad, a saber:
· Es una estrategia colectiva.
· Tiene carácter voluntario.
· No excluye a ninguna empresa por el tipo de mercado en el cual opera.
· Permite resolver problemas conjuntos manteniendo la autonomía gerencial de
las empresas participantes.
· Puede adoptar diversas modalidades jurídicas y organizacionales.
· Es exclusiva para pequeñas y medianas empresas.
La asociatividad permite el esfuerzo colectivo de varias empresas que se unen
para solventar problemas comunes y se lleva a cabo mediante la acción
voluntaria de los participantes, no siendo forzada la cooperación por ninguna
empresa en particular. La decisión de intentar la asociatividad puede ser
estimulada por instituciones ajenas a las empresas, como el Estado o los gremios
empresariales, pero en definitiva son las empresas las que deben llevarla a
cabo. De acuerdo a esta característica la asociatividad se asemeja a una red
horizontal pero se diferencia de ésta en que no hay restricciones para la
afiliación. En las redes horizontales la cooperación se busca entre empresas
que atienden al mismo mercado.
Otra distinción importante de la asociatividad es el alto grado de autonomía
gerencial que mantienen los participantes después de adoptar la decisión. Por
ejemplo, la manera de emplear los recursos o beneficios obtenidos a partir de la
asociatividad es de la incumbencia exclusiva de cada empresa, la cual debe
responder ante el resto de participantes por la cuota parte de los esfuerzos que
le corresponde. La autonomía gerencial es un rasgo también presente en las
redes horizontales, pero en esta la afiliación, como ya se mencionó, está
restringida a quienes comparten el mismo mercado.
La posibilidad de mantener un alto grado de autonomía gerencial puede
constituir uno de los principales estimuladores al desarrollo de la
asociatividad en el futuro. Bajo esta modalidad los directivos de las empresas
no son obligados a compartir información que estimen confidencial para sus
compañías, como en el caso de la cooperación compulsiva de las redes
verticales, o las exigencias de las alianzas estratégicas.
Una distinción adicional de la asociatividad es el carácter amplio de
actividades de cooperación que puede abarcar. La asociatividad se puede
establecer para múltiples propósitos desde el financiamiento hasta la
investigación conjunta de determinado problema y, al mismo tiempo, abarcar las
diferentes etapas de los procesos básicos de las empresas, a saber, diseño,
manufactura, comercialización, servicio post-venta, entre otros. En principio,
no hay limitación del ámbito de la cooperación en la asociatividad como sí
lo hay tanto en las redes verticales como en las horizontales. En las redes
verticales el ámbito de la cooperación está determinado, como ya se ha
mencionado, por los intereses específicos de la cadena de producción o incluso
por los intereses estratégicos de las empresas líderes. En las redes
horizontales, la cooperación está restringida a los límites impuestos por los
mercados en los cuales operan las redes. En la asociatividad tampoco hay
restricciones para la participación en cuanto al tipo de actividad que
desempeñe la empresa participante.
La última distinción señalada de la asociatividad es que ella constituye un
mecanismo de agregación de intereses exclusivo para las pequeñas y medianas
empresas. Las grandes empresas apelan a la cooperación a través de alianzas
estratégicas y aun cuando una misma empresa pueda mantener múltiples alianzas
estratégicas siempre cada una de ellas es un acuerdo específico entre dos
partes y no hay, en consecuencia, el carácter colectivo.
Las características de la asociatividad le otorgan a este mecanismo de
cooperación inter-empresas una alta flexibilidad de afiliación, operación y
ámbito de acción que puede ser empleado tanto por empresas insertadas en redes
verticales u horizontales, o incluso para aquéllas que no pertenezcan a ninguna
red.
Una empresa pequeña en particular puede estar simultáneamente empleando tanto
la estrategia colectiva de la asociatividad como la de la integración en una
red de producción. Las exigencias gerenciales, tecnológicas y financieras,
entre otras, pueden ser, sin embargo, diferentes.
Dentro de las modalidades de la asociatividad se puede dar el caso de que las
empresas participantes también integren una red horizontal de producción,
donde todas ellas elaboran los mismos productos para un mismo mercado (cliente).
En esta situación prevalece la independencia jurídica y cada empresa
participante es responsable ante sus clientes por la calidad y condiciones de
entrega de sus productos.
Como síntesis podemos decir que para lograr el estado de competitividad
perfecta es necesario operar bajo entradas gratuitas al mercado, lo cual implica
excluir condiciones tales como:
1. Altos costos de entrada para nuevos entrantes,
2. Falta de reconocimiento de marca,
3. Pobres canales de distribución,
4. Recursos escasos (o ya capturados por los líderes).
5. A estas condiciones podemos agregar otras, captadas de múltiples
experiencias en diferentes sectores y regiones, tales como:
6. Bajo conocimiento de las necesidades de los clientes y de nuevas
oportunidades de los mercados internacionales.
7. Altos costos de customizar productos diversos a los clientes.
8. Grandes inventarios para satisfacer la inestabilidad de la demanda y la
desconfianza de los proveedores
9. Largas demoras para la penetración en el mercado.
10. Largas demoras en la entrega de órdenes
11. Largos ciclos de ventas (lenta selección de alternativas, sin información
detallada, ni políticas claras de retornos, etc)
12. Pobres certificados de calidad, de procesos, de servicios, etc. y costosas
capacitaciones de los programas masivos.
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