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El
autor de Poesía vertical opinó sobre una de las primeras
publicaciones de Rodolfo Alonso: POESÍA
CEÑIDA Y GENEROSA por
Roberto Juarroz Duro
mundo, de
Rodolfo Alonso Universidad
Nacional del Litoral, Santa Fe, 1959 |
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La
desnudez es deseable en todo y doblemente en la poesía. Su claridad difícil,
su peligrosa limpieza, se parecen a la verdad. Las mayores búsquedas de
nuestro tiempo van más detrás de la desnudez que de la pureza. Esta
evoca cierto inalcanzable absoluto; aquélla, en cambio, posee la
temblorosa dimensión de los contactos abiertamente humanos.
Los poemas de Rodolfo Alonso testimonian una búsqueda de la desnudez,
aunque en algún momento puedan confundirla con el hablar poco. Cuanto
menos se charle en poesía, mejor. Pero no basta usar pocas palabras para
que haya poesía: puede haber simplemente menos ruido. Es posible que
convenga a Alonso vigilar su “brevismo”, a fin de no caer en el oficio
de breve, en un taller de escorzos más o menos fugitivos y evanescentes. Duro
mundo alcanza a superar ese peligro, aunque dé la impresión, a
cierta altura, de ser un poema único desdoblado en pequeños fragmentos.
Este desdoblamiento contribuye a subrayar los toques creadores y aumenta
la sugestión, pero podría servir también como ersatz o recurso
supletorio de la sencillez y la desnudez auténticas, que son en último término
cuestiones de “animal de fondo”.
Hay en este pequeño volumen (separata de la publicación Primera Reunión
de Arte Contemporáneo 1957, con un dibujo de E. A. Serón) amplio
margen de sugerencia y dominio expresivo, sin academicismos ni petulancias
lexicográficas. Resulta atractiva y curiosa la polivalencia de algunos
giros, al haberse suprimido los signos de puntuación, como es frecuente
en la poética contemporánea. Poesía distante de la huella discursiva,
que tanto daña a casi todos nuestros poetas. Poesía ceñida y a la par
generosa, pero no con generosidad de reparto, sino de ser (“quisiera
hablar de mí sin olvidar a nadie”). Se nota en ella más toque poético
que conformación poemática, lo cual abriría un motivo de análisis para
lo que pudiera tener de herencia no superada del surrealismo. Poesía a más
de media altura de entrada (profundidad más que media) y sólo a media
altura de salida (vigor relativo). Si algo le falta, tal vez sea
precisamente cierta decidida y última intensidad, cierta vena nocturna.
Pero a toda poesía le falta algo.
Cada cual debe hablar con su voz, la de todos más uno a quizá menos uno.
Rodolfo Alonso así lo hace. Tiene “el día la ciudad el pecho de la
lluvia / la libertad como una mano”. Y en su voz hay poesía. O como él
lo dice: “una ciencia me tiembla en el aliento”. (Publicado
en el suplemento literario del diario argentino “La Gaceta”, Tucumán,
domingo 21 de junio de 1959.)
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