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LOS
INICIOS DE UN VERDADERO POETA
por
Pablo Anadón
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"RODOLFO ALONSO foto Otharán"
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A favor del vientoPoesía reunida 1952-1956de
Rodolfo Alonso Editorial
Argonauta, Buenos Aires, 2004, Hay
poetas que han necesitado una más o menos larga serie de ensayos hasta
encontrar el propio tono personal. Hay otros que desde el primer libro
publicado pareciera que han dado con el registro de voz que caracterizará
el resto de su obra. Este segundo caso, según nos lo muestra A favor
del viento. Poesía reunida 1952-1956, es el de Rodolfo Alonso. Hay
asimismo poetas cuya escritura ha remado en general contra la corriente poética
de su tiempo, inactuales por vincularse con épocas anteriores o por
anticipar épocas por venir. Hay otros, en cambio, que desde un primer
momento parecieran haber captado la orientación central, la estrella
polar estética de su tiempo, y hacia allí dirigen su obra. A favor
del viento, diría, es un ejemplo de esta segunda modalidad.
Rodolfo Alonso, en una especie de autorretrato de poeta que traza
en el prólogo del libro, recuerda unos versos de Rafael Alberto Arrieta
descubiertos en su libro de lectura de segundo grado: “Sol de la mañana,
/ gloria del invierno” (pertenecen al segundo poemario de Arrieta, El
espejo de la fuente, de 1912). En esos versos el niño se asoma al
resplandor de la palabra poética, que ilumina y entibia imaginativamente
aún en la soledad matinal de la existencia (la infancia melancólica que
el autor rememora), aún en el desamparo invernal de una época infeliz.
En los años en que Alonso comienza su obra la generación de Arrieta
–tan valiosa poéticamente-- ingresaba en la sombra, de la que aún no
ha salido; la mayoría de los autores vanguardistas de los años 20 desde
hacía dos décadas aproximadamente se hallaban de vuelta de su
vanguardismo juvenil y construían obras de clásica modernidad (el caso
ejemplar, claro, es el de Borges); la lírica neorromántica surgida en la
década del 40 tenía para entonces una amplia difusión en diarios y
revistas (todavía era el tiempo en que un suplemento literario podía
dedicar toda la página de portada al poema de un nuevo autor argentino),
pero su perfección misma ostentaba cierto lustre de anacrónico
manierismo estilístico... Evidentemente, estaba sonando la hora de una
transformación en la poesía nacional, y a ese llamado acudieron
paulatinamente --quienes antes, quienes después-- los poetas que la crítica
ha definido, con cierta indefinición, como la generación del 50. Esta
transformación es, a mi juicio, la ruptura más profunda que se haya dado
en la tradición poética que inició el modernismo en la Argentina, al
menos si tenemos en cuenta sus efectos a lo largo de la segunda mitad del
siglo XX. Se trata de un cambio al mismo tiempo renovador y restaurador,
en la medida en que convertirá en “canon” compartido cada vez por más
autores lo que había sido aventura de unos pocos en las vanguardias históricas
de las primeras décadas del siglo. Creo que el nombre de neovanguardismo
es el que mejor les cuadra a las distintas tendencias que toman impulso en
los años 50, cuyo vehículo de expresión paradigmático y englobador es
la revista Poesía Buenos Aires (1950-1960). Es este el aire estético
que sopla en los poemas que Rodolfo Alonso reúne ahora en A favor del
viento.
Llama la atención que en libros y plaquetas cuya redacción
pertenece a años “entre la última niñez y la primera juventud” del
autor, éste haya tomado tan decididamente el rumbo de la nueva poesía y
la orientación que guiaría el resto de su obra, con las lógicas
variaciones que pueden aportar los años. En este sentido, para
aproximarse a la experiencia de la formación del poeta, así como de la
generación a la que pertenece, son muy significativas las páginas de su
“Aviso al lector desprevenido”, que previamente habíamos leído en su
Antología pessoal publicada en Brasil. sus sentidas rememoraciones
y sus lúcidos análisis retrospectivos pueden inducir, no obstante, a una
fácil confusión: la de juzgar esta “poesía reunida” como obra de
madurez. No es así, claro. Esto se advierte, a mi ver, en varios signos,
y en primer lugar justamente en la excesiva madurez que los textos
aparentan: es normal que, a la edad en que esos textos fueron compuestos,
el “artista cachorro” busque mostrar las garras de un león adulto.
En este libro el lector puede encontrar, en su estado naciente, los
motivos que desarrollará el poeta en su obra futura, así como no pocas
de las señales estilísticas que alumbrarán el espacio de la poesía
argentina en los años 50 y 60. Entre tales señales, destacaría el
recurso a la expresión aforística (“nuestra orilla es un eco / una
sola palabra que buscamos / para abrevar el mundo”), la incursión en la
poesía en prosa, el verso libre como verso “moderno” por antonomasia,
la elusión de la anécdota explícita, la economía verbal, la analogía
entre dimensiones distantes, casi inabarcables, de raíz surrealista...
Entre los motivos, distinguiría el esplendor epifánico de la mujer; la
ciudad como el lugar donde se juega el destino del hombre contemporáneo;
la naturaleza como fuente inagotable de poesía y de felicidad; la
solidaridad del solitario, consciente del sufrimiento de los otros y de
los límites del arte para aliviarlo; la esperanza a pesar de todo, a
pesar incluso del rencor que asedia a quien se siente un extraño en la
sociedad en la que vive... Y, lo mejor, el lector puede hallar aquí y allá
en esta compilación de los inicios de un verdadero poeta esas líneas que
invitan a ser dichas y repetidas en la soledad, esos extraños amuletos de
palabras que nos ayudan a sobrevivir: “Aire abierto de la noche, ciñendo
tu silencio. // Aire de la mañana, blanco, sorprendido en su gracia.”.
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RODOLFO ALONSO ®
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