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POEMAS
por Rodolfo Alonso
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| Querido Rodolfo Alonso: Sus palabras de amistad me resultan preciosas proviniendo de un hombre que me parece dar tanto valor a la Poesía como para no disolverla en el discurso y la efusión gratuita, sino por el contrario asirla y respetarla en su estado de revelación, comprender lo que ella tiene a la vez de pudoroso y de violento, y saber no traducir sino su grito sin añadirse indebidamente a ella. Creo que esa es la única manera de acceder a la dignidad de respirar también un día con lo que esa Poesía guarda de calma sagrada y de efusión eterna. Tratarla, como usted lo hace, en el honor de su simplicidad y de su apartamiento frente a lo que no son más que accidentes en el mundo, le asegura proseguir durante largo tiempo su camino con esta grande y quizás única real Compañera. Yo se lo deseo de todo corazón y le envío mis votos de coraje cotidiano, sabiendo cuánto la vida en Poesía reclama de abnegación y de energía mental. Desde todo punto de vista, estamos siempre en condiciones de morir, y toda presencia se gana en la sangre y el sudor del alma. Pero usted es un verdadero combatiente. René Ménard 25 de octubre de 1964 |
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| Poderes de la lluvia | ||||||||||||||||||
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Me madrugan las gotas |
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| El peso de tu paso | ||||||||||||||||||
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¿Pasas sin darte peso |
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| Bajo la paz del tilo | ||||||||||||||||||
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Da tinte al tiempo con su temple el
tilo,con tanto tino, con ternura tanta, |
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| A la sombra de Malthus | ||||||||||||||||||
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Sabios
anuncian, |
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| Da, genitor | ||||||||||||||||||
| “Da jungere dextram,da, genitor, teque amplexu ne subtrahe nostro.” Virgilio Tiende tu mano, padre. Hoy ya puedo decírtelo. Dame ahora esa mano que tanto te negaste. Porque el dármela hubiese despertado a otra mano: la que tu propio padre, allá en sus altos años, como garra aferrada contra el pecho labriego que la tierra hizo roca, mal cruzados los mares, los lares confundidos, divididos los hijos, nunca supo dejarte. Sé que tú la esperabas aunque no lo dijeses, como yo te esperaba sin dejarme soñarlo. Esa mano desciende de otra mano y de otra mano y de otra mano y otras manos de antes, que en la sombra se pierden de los lares del tiempo, hasta volverse una junto al fuego primero, la tibieza inicial, el rescoldo del hombre. Tiende esa mano, ahora, desde el alto en que callas dale aliento a esta brasa, extiéndeme tu mano para que pueda darla a las luces que vienen, a los que sin decirlo me la piden callados como si sólo fueras un lazo de la especie, una sombra de sangre: las manos que se dieron los que no se la daban. Como si yo no fuera el padre de mi padre y el hijo de mis hijos. |
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| El pájaro a destiempo | ||||||||||||||||||
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El pájaro del sol | ||||||||||||||||||
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RODOLFO ALONSO ®
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