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Rodolfo Alonso: LA DOLOROSA
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Carne
talada
¿Primero fue el temor, o la negación? Ni hablar de eso, porque trae
consecuencias. Ni hablar de eso, para que eso no exista, no suceda, no
esté ocurriendo, no haya sido. Hombres expertos en la ciencia de negar,
vivos contra la muerte estallando en todas partes, vivos entre la muerte.
El miedo se coagula, se deposita, cría cuervos donde menos se espera, pone
sus huevecillos estupefacientes en las más mínimas heridas, desarrolla sus
moscas autófagas, su veneno silente, su cáncer innombrable. La garganta se
seca, los ojos se abren en la oscuridad, sólo de pensar, asustados de eso,
sólo de recordar de repente lo que estaba p-a-s-a-n-d-o.
No revive la carne calcinada ni el hueso quebrado se endereza ni la
lengua cortada retoña otra vez. Nadie regresa de la muerte. Ni la memoria
se cura de su sarna, la conciencia de su mal aliento, la moral doble de su
hedor.
Después vienen las trampas del lenguaje, los juegos de la retórica
servil (esa que Heráclito entrevió como “arte de conducir a la matanza”),
la artesanía de embrollar con los sentidos al sentido, de hablar para no
hablar, mostrar para no ver, señalar ocultando.
Si uno tiene suerte no fue salpicado ni llegó a ver la sangre, ni
restos ni cenizas. Todo pasó más lejos, ahora estamos durmiendo, nunca vi
un órgano ni un pie ni una cabeza rodando, ni esa mancha de sangre, ni esa
voz, esas huellas, esas sombras.
Tierra de escasos inocentes, terreno del terror: los héroes
muertos, los corderos muertos, muertos también los lobos disfrazados de
oveja, la oveja, el pastor y el cazador.
Llegará el día en que querremos saber, enterarnos, estar al tanto.
La información servida en frío, el comentario en la antesala, cifras
inocuas, charlas de sobremesa, nos dirán finalmente que ahora se puede
hablar ya del asunto. (1983,
“Jazmín del país”)
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19
de abril de 1987 Voces
juntas y un mismo corazón. En
el tierno deshielo del recelo El
aire libre es un poco de todos. (1987,
“Jazmín del país”)
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Bajo la
música
Música
sobre las circunstancias, Música
sobre las frentes, sobre los inviernos, Música
sobre el desierto y sobre el mal, Música
sobre las fauces, Música
sobre los pormenores, (1987,
“Jazmín del país”)
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Desde la Tierra
Prometida
Los
viejos te soñaban y ya no eras promesa. Los
hijos de la tierra, los hijos de la sangre, No
es el bello desierto ni la selva voraz. ¿Cuándo
terminarás, Saturno, con nosotros? (1987,
“Jazmín del país”)
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El desierto nos
conquista
Al
comienzo fue una leve brisa cálida, casi una caricia cada vez más
súbitamente desmedida de los elementos. Luego nos descubrimos sintiendo en
plena cara los primeros granos de arena dura y fría, ríspida, arisca,
rígida, mientras los cielos se hacían de un azul pálido como acero
templado, destemplado, gris. Poco a poco las dunas se fueron instalando, a
la vez graves y gráciles, profundamente grávidas, de una oscura belleza
amenazante, con el peso concreto de la vida más la forma del aire y, en
las esquinas todavía alumbradas o en los barrios ya devorados por la
sombra, el adoquín y el asfalto resultaron cubiertos, breve y
precisamente. No menos malo era sentir crecer a eso dentro de uno,
insaciable, roedor, combativo, total. El desierto al ataque no era invasor
apenas, no sólo nos cubría y nos apabullaba, tan falsamente manso. También
nos convertía en su dominio, al imponernos sus dominios, secando nuestras
mentes junto con nuestros labios, agrietando a la vez párpados y canales
de acceso, corazones y vías de comunicación. Bajo el cielo metálico,
crudamente opaco, a una breve esperanza muy pronto desmentida la trajeron
unas púdicas matas, un momentáneo resplandor de verde coronando siquiera
fugazmente las moles movedizas y cambiantes de los crecientes médanos,
mínimo atisbo de reflejos vitales rápidamente desvaído y tornado recuerdo.
Pero lo peor fue quedarse viéndolos llegar, silenciosos, hoscos,
lentamente, casi como forzados pero en realidad indomables, hirsutos,
sólidamente bárbaros, más que ajenos, otros, y sorpresivamente o poco a
poco descubrir darnos cuenta que ya éramos, finalmente, del todo, también,
definitivamente quizá, como ellos. (1989,
“Música concreta”)
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Vizcacha
¿La
metáfora viva que buscaron El arte de callar 2001
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Rehusa
prosternarse ante Baal
¿Qué
es enfrentar los lobos
Silencioso, El arte de callar 2001
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MATRIA NUESTRA 1 patria
cegada patriA
rota ¿patria?
segada al
borde oprimida aplastada 2 cieno
de la cianosis óxido
del oxígeno terror
todo terreno tendal
de los tendidos sálvese
quien se salva hedor
de los hundidos náufragos
de la náusea espera
tu esperanza experta
en esperanza exprime
tu esperanza des
dolor a los tuyos 3 ¿puede
algo si
no puedo poder patria
matria hijanuestra el
pan ¿nuestro? patria
matria hijanuestra
El arte de callar 2001 | |||||||||||||||
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RODOLFO ALONSO ®
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