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Carne
talada
¿Primero
fue el temor, o la negación? Ni hablar de eso, porque trae
consecuencias. Ni hablar de eso, para que eso no exista, no suceda,
no esté ocurriendo, no haya sido. Hombres expertos en la ciencia de
negar, vivos contra la muerte estallando en todas partes, vivos
entre la muerte. El miedo se coagula, se deposita, cría cuervos
donde menos se espera, pone sus huevecillos estupefacientes en las más
mínimas heridas, desarrolla sus moscas autófagas, su veneno
silente, su cáncer innombrable. La garganta se seca, los ojos se
abren en la oscuridad, sólo de pensar, asustados de eso, sólo de
recordar de repente lo que estaba p-a-s-a-n-d-o.
No
revive la carne calcinada ni el hueso quebrado se endereza ni la
lengua cortada retoña otra vez. Nadie regresa de la muerte. Ni la
memoria se cura de su sarna, la conciencia de su mal aliento, la
moral doble de su hedor.
Después
vienen las trampas del lenguaje, los juegos de la retórica servil
(esa que Heráclito entrevió como “arte de conducir a la
matanza”), la artesanía de embrollar con los sentidos al sentido,
de hablar para no hablar, mostrar para no ver, señalar ocultando.
Si
uno tiene suerte no fue salpicado ni llegó a ver la sangre, ni
restos ni cenizas. Todo pasó más lejos, ahora estamos durmiendo,
nunca vi un órgano ni un pie ni una cabeza rodando, ni esa mancha
de sangre, ni esa voz, esas huellas, esas sombras.
Tierra
de escasos inocentes, terreno del terror: los héroes muertos, los
corderos muertos, muertos también los lobos disfrazados de oveja,
la oveja, el pastor y el cazador.
Llegará
el día en que querremos saber, enterarnos, estar al tanto. La
información servida en frío, el comentario en la antesala, cifras
inocuas, charlas de sobremesa, nos dirán finalmente que ahora se
puede hablar ya del asunto.
(1983,
“Jazmín del país”)
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19
de abril de 1987
Voces
juntas y un mismo corazón.
El nuevo día se hace de viejos soles.
En
el tierno deshielo del recelo
las sombras retroceden de un vistazo.
El
aire libre es un poco de todos.
(1987,
“Jazmín del país”)
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Bajo
la música
Música
sobre las circunstancias,
música sobre el callado dolor o el gran dolor,
música sobre las cicatrices, sobre el vientre exangüe,
sobre lo que ha de ser y lo imposible.
Música
sobre las frentes, sobre los inviernos,
sobre los remolinos del futuro o el abismo de ayer,
música sobre la memoria y sobre el viento,
música sobre la sed.
Música
sobre el desierto y sobre el mal,
música sobre el resentimiento y el aullido,
música sobre el silencio,
música sobre la aridez, el hambre y la sospecha.
Música
sobre las fauces,
música sobre las pezuñas y las zarpas,
música sobre el pico ávido y curvado,
música sobre el desgarramiento.
Música
sobre los pormenores,
música sobre el superviviente y el verdugo,
música sobre el frío, sobre el filo,
música sobre la sombra.
(1987,
“Jazmín del país”)
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Desde
la Tierra Prometida
Los
viejos te soñaban y ya no eras promesa.
Sal sobre las heridas. Y corona de espinas.
No hay primavera fácil en las ciudades tóxicas.
El campo es impotente en manos impotentes.
Los
hijos de la tierra, los hijos de la sangre,
abren los mismos ojos a la mañana ácida.
¿Quién podría anidar sobre nieblas y espanto,
tanta muerte infecunda, esta vida que mata?
No
es el bello desierto ni la selva voraz.
Un reiterado abismo nos ciega y nos atrae.
Quiere hacerse destino, se pretende constante.
Nos engañan y quieren engañarse también.
¿Cuándo
terminarás, Saturno, con nosotros?
Tu mirada congela, y tu estrépito encubre
los dolores, los odios, las miserias, las penas.
¿Nunca terminarás de devorarnos, patria?
(1987,
“Jazmín del país”)
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El
desierto nos conquista
Al
comienzo fue una leve brisa cálida, casi una caricia cada vez más
súbitamente desmedida de los elementos. Luego nos descubrimos
sintiendo en plena cara los primeros granos de arena dura y fría, ríspida,
arisca, rígida, mientras los cielos se hacían de un azul pálido
como acero templado, destemplado, gris. Poco a poco las dunas se
fueron instalando, a la vez graves y gráciles, profundamente grávidas,
de una oscura belleza amenazante, con el peso concreto de la vida más
la forma del aire y, en las esquinas todavía alumbradas o en los
barrios ya devorados por la sombra, el adoquín y el asfalto
resultaron cubiertos, breve y precisamente. No menos malo era sentir
crecer a eso dentro de uno, insaciable, roedor, combativo, total. El
desierto al ataque no era invasor apenas, no sólo nos cubría y nos
apabullaba, tan falsamente manso. También nos convertía en su
dominio, al imponernos sus dominios, secando nuestras mentes junto
con nuestros labios, agrietando a la vez párpados y canales de
acceso, corazones y vías de comunicación. Bajo el cielo metálico,
crudamente opaco, a una breve esperanza muy pronto desmentida la
trajeron unas púdicas matas, un momentáneo resplandor de verde
coronando siquiera fugazmente las moles movedizas y cambiantes de
los crecientes médanos, mínimo atisbo de reflejos vitales rápidamente
desvaído y tornado recuerdo. Pero lo peor fue quedarse viéndolos
llegar, silenciosos, hoscos, lentamente, casi como forzados pero en
realidad indomables, hirsutos, sólidamente bárbaros, más que
ajenos, otros, y sorpresivamente o poco a poco descubrir darnos
cuenta que ya éramos, finalmente, del todo, también,
definitivamente quizá, como ellos.
(1989,
“Música concreta”)
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Vizcacha
¿La
metáfora viva que buscaron
para buscarse todos, al buscarse,
vuelve como parodia e ironía?
¿Este misterio, este país que somos
y que se enzarza fiero en su destino
como luz mala en el desierto, ahora o
siempre bajo el solazo crudo, al rayo
del deseo, la impaciencia y su hermana
ciega: la impotencia? ¿Ni civiles
ni bárbaros, apenas decadentes?
¿Esa imagen profunda de uno mismo
donde abrevaba el mito, la verdad
oculta porque oscura, oscura
porque honda, eso que nos hacía
ser y que íbamos a ser, culpables,
desolados, quejosos, engreídos,
ni Cruz ni Fierro fueron, sino El Viejo?
El
arte de callar 2001
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Rehusa
prosternarse ante Baal
¿Qué
es enfrentar los lobos
en el silencio blanco
del Yukón o la estepa,
ser echado a los leones
liviano como un mártir,
trepar involuntario
al potro del tormento,
sentir el frío abrazo
de la Dama de Hierro,
que acaricien tu cuello
con el garrote vil,
el lazo de los tugs,
la soga del verdugo
o la atroz sutileza
de los Inquisidores,
sobrevivir naufragios,
te trague la Ballena,
atravesar los polos,
caerse en la manigua,
delirar en la selva,
sostener al simún
bajo el sol de las doce,
salvarse de la peste,
perderse en la tormenta
de nieve hasta dormirse
dulcemente por siempre,
ser presa de caníbales,
comprado como esclavo?
¿Qué es enfrentarse a eso
frente al escalofrío
de un alud financiero,
el maëlstrom de la Bolsa,
el rugir del dinero,
el tifón de la usura
que te sorbe la médula
con la fría mirada
seductora y terrible
de insaciable Medusa?
¿Nunca se podrá ser
lo suficientemente
humano?
Silencioso,
Harpagón, corroído
por su cáncer dorado,
vuelve silencio al mundo
y prisión al destino.
Miserable confort.
El
arte de callar 2001
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MATRIA
NUESTRA
1
patria
cegada
sesgada
encenagada
patriA
rota
¿patria?
segada
diluida
in extremis
al
borde
(a bordo)
de la asfixia
oprimida
por cielos
enomes
grandes mares
megápolis
trigales y distancias
aplastada
por tanta
riqueza
abandonada
2
cieno
de la cianosis
espera
óxido
del oxígeno
espera
terror
todo terreno
espera
tendal
de los tendidos
espera
sálvese
quien se salva
¿espera?
hedor
de los hundidos
espera
náufragos
de la náusea
espera
espera
tu esperanza
(des)
experta
en esperanza
(des) es
exprime
tu esperanza
(des) espera
des
dolor a los tuyos
(des) esperanza
3
¿puede
algo
la metáfora?
si
no puedo poder
si poder no se puede
que puedan las palabras
que las palabras pudran
que pierdan las palabras
patria
matria hijanuestra
que no estás en los reinos
venga a nos el tu cielo
vénganos tu venganza
véngate de verdugos
véngate de inocentes
ingenuos en cuclillas
asustados mesiánicos
mesías de lo mediocre
no perdonan tus deudas
no perdonan tus deudos
hacen su voluntad
su santísima gana
nos vomitan por tibios
yo no soy el camino
que no vengan a mí
no dejen a los niños
así en la tierra
¿no habrá más cielos nunca?
el
pan ¿nuestro?
¿de cada día?
dánosle dánosle dánosle
con el sudor
de nuestra deuda
¿hoy? ¿hoy? ¿ahora?
así como nosotros no perdonamos
ni perdonaremos
con el helado sudor
de la agonía
intenta despertar
a tanto lázaro
feliz en su miseria
ebrio de buena muerte
ausente de vivir
sin color ni calor
patria
matria hijanuestra
no hay genio en el ingenio
no hay vuelo en la parodia
no hay decadencia útil
no hay dorados finales
que conduzcan al cielo
a los pobres de espíritu
El
arte de callar 2001
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