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Poco
habría importado a Fernando Pessoa (1888-1935) que sus inquietudes
cambiaran de sentido en el contexto de otras épocas. ¿Cómo iba a
imaginarse lineal, definitivo, explícito, quien vio hacerse en sí mismo
a varios creadores distintos, los heterónimos, de personalidades y obras
tan complejas como diferentes? Pero además, en vida, Pessoa no publicó más
que un solo título, Mensaje 1
y, cuando mucho, sólo podría darse por concluido otro relato suyo, El
banquero anarquista 2.
Cuando
Aldo Pellegrini, siendo yo tan joven, me encomendó la primera traducción
al castellano (Poemas, Fabril Editora, Buenos Aires, 1961) de los
cuatro poetas que hay en Fernando Pessoa, que fue también su publicación
inicial en América Latina, recuerdo lo arduo que fue obtener los
derechos. Como si sus herederos se avergonzaran de ese extraño
desconocido, de vida más que anónima, recluyendo bajo la humilde
apariencia de corresponsal extranjero de casas comerciales la gestación
de su “drama en gente”, la múltiple y fecunda obra de creación que
lo poblaba. Pero recuerdo también, vívidamente, la aceptación inmediata
por los lectores, que indujo aquí sucesivas reediciones cuando era todavía
un desconocido, incluso en Portugal, anticipando lo ya evidente: Pessoa
conquista sus admiradores de uno en uno, de persona a persona, de manera
honda, ineludible.
Haber
reeditado entonces, textualmente, aquella primicia argentina (Antología
poética, Argonauta, Buenos Aires, 2005), bien puede considerarse
celebración, no documento. Y abarca también otra lectura posible, más
rica y diversificada, no sólo del texto sino de la dimensión y del
dominio, local y universal, de esta figura y esa obra. Ahora que una
canonización universal (similar a la de Borges, y que misteriosamente lo
convirtió en el super-Camoens que había sugerido), confirma la
premonitoria afirmación de Adolfo Casais Monteiro, que ya en 1958 lo vio
como “el más universal y el más portugués de los poetas de este
siglo”, no cesa de sorprenderme la exquisita avidez, la delicada
fidelidad con que tantos lectores, en esta era de banalización
globalizada y consumismo acrítico, viven como descubrimiento propio,
personal, trascendente y enriquecedor, a este gran poeta distante,
multifacético, exigente y oculto.
Una
de las condiciones de cuyo encanto será siempre el carácter auténticamente
enigmático, la irónica altivez de quien supo desnudarse a fondo (¿sólo
para sí mismo?): “Trata de seducir con lo que hay en tu silencio”.
1
Mensaje, de Fernando Pessoa, traducción
de Rodolfo Alonso (Emecé, Buenos Aires, 2004)
2
El banquero anarquista, de Fernando Pessoa, traducción de Rodolfo
Alonso (Emecé, Buenos Aires, 2003).
RODOLFO
ALONSO. Poeta, traductor y ensayista argentino. Premio Nacional de Poesía
(1997). Orden “Alejo Zuloaga” de la Universidad de Carabobo
(Venezuela, 2002). Palmas Académicas de la Academia Brasileña de Letras
(2005). Premio Único de Ensayo Inédito de la Ciudad de Buenos Aires
(2005).
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