|
La voz
sin amo, por Rodolfo Alonso,
Alción
Editora, Córdoba, 2006, 198 páginas,
(prólogo
de Héctor Tizón).
Son muy pocas las
personas que han trabajado tanto por la difusión de la poesía como Rodolfo
Alonso. Traductor del francés, del italiano, del portugués, y autor de una
obra vastísima que incluye ensayos y poemas, Alonso ha demostrado una pasión
y una fidelidad por la literatura que exceden el promedio de lo que los sociólogos
llaman “el campo literario”. Su actividad intelectual condensa como un
emblema lo que significó la poesía en el país, entre las décadas de 1950
y 1970: una materia viva, un compromiso con el lenguaje y una forma de utopía
que trascendía la instancia política para proyectarse sobre una idea de
hombre integral.
Desde
ese horizonte filosófico, hay que leer los ensayos breves, las reseñas,
los comentarios y las anotaciones reunidas en La voz sin amo. Los
temas y los autores que incluye son variadísimos, aunque todos los textos
parecen atravesados por la misma voluntad de preservar la poesía en medio
de los embates de los “medios masivos de incomunicación”, como él
mismo los define, y de la cultura del consumo.
El
espíritu combativo no le impide ser lúcido, especialmente cuando rescata a
autores como Saint-Pol-Roux, Murilo Mendes o Baldomero Fernández Moreno,
que han tocado las fibras más receptivas de su sensibilidad de lector.
Lejos de la jerga académica y con una ubicuidad que sólo proporciona la
erudición, Alonso despliega un mapa vital en forma de lecturas.
|
|