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"Ni
traicionarse, ni traicionar a los otros. Y, además, no traicionar la
propia lengua, el propio idioma, el sonido que uno ha venido a traer al
mundo. Y ser la esperanza de un mañana mejor, la luz de una utopía sin
la cual no merece la pena vivir..." Estas palabras del prestigioso
poeta, traductor y ensayista Rodolfo Alonso --habría que añadir: editor;
muchos se esmeran hoy por conseguir los títulos que dio a luz con su
sello--, pertenecen a la introducción por él escrita para este volumen
insoslayable, que reúne sus seis primeros poemarios. En orden de aparición:
Salud o nada (1954), Buenos
vientos (1956), El músico en
la máquina (1958), Duro mundo
(1959), El jardín de aclimatación
(1959) y Gran Bebé (1960). Es
un ejercicio de gran interés, creemos, poder cotejar con su obra de
madurez aquella poesía --ya alta y segura-- del primer Alonso; vale
decir: la de quien fue el adepto más joven de “Poesía Buenos Aires”,
un grupo y una revista que gracias al empuje de Raúl Gustavo Aguirre marcó
una época de oro en la década 50-60. Baste recordar que el griego
Odiseas Elytis, entre otros grandes, fue publicado en esas páginas antes
de obtener el Nobel.
Galardonado en 1997 con el Premio Nacional de Poesía junto con Juan
Gelman, primer traductor al español de los cuatro poetas que había en
Fernando Pessoa, así como de los máximos autores en francés, italiano y
portugués --de Ungaretti a Duras, de Baudelaire a Drummond-- el Alonso
del '58 podía cantar: "Cuando se quiebre la lengua del amor, nos
quedará todavía esta palabra ronca. / Cuando no pueda decir, volverá
todavía a mi garganta el eco de tu cuerpo". Tres décadas más
tarde, en 1988, su poema «Bajo la música» nos estremeció con su
angustiada letanía: "Música sobre las circunstancias, / música
sobre el callado dolor o el gran dolor, / música sobre las cicatrices,
sobre el vientre exangüe, / sobre lo que ha de ser y lo
imposible...". Y en 1997, en uno de los textos de su libro
ensayístico Defensa de la poesía,
reflexionó bellamente: "...no se es realmente parte del universo
cuando no se lo ha experimentado con la piel. Y, lo sepamos o no, la
poesía, la verdadera poesía, tiene que ver con eso". Con la piel,
con los sentidos en pleno, hablándole a la mente-corazón. Es visible la
continuidad de una voz que en 1959, con El
jardín de aclimatación editado por el sello post-surrealista Boa que
dirigía el poeta Julio Llinás, nos anticipaba ya al mejor y más hondo
Alonso: "Otros conocen el gusto del dolor. / Los días pesan sobre
ellos. / Otros gritan para unirse y no pueden vivir. / Se van sin
conocerte..."
La introducción de este volumen, por el propio poeta, es un ramo de
reflexiones esenciales y una emocionada recorrida por hitos de vida: la
infancia en un hogar de inmigrantes gallegos, las lecturas, el tímido
acercamiento al grupo “Poesía Buenos Aires”, las traducciones, los
ideales, la familia; y el recuerdo para Aldo Pellegrini, Raúl Gustavo
Aguirre, Edgar Bayley, Enrique Molina, Francisco Madariaga, entre otras fraternales
amistades poéticas, más la inesperada mención-homenaje a Roberto Arlt.
En suma. un libro necesario, lo que no es poco decir.
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