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El
resplandor de una escritura
por
Juan Gelman
“Poesía
junta (1952-2005)”, de Rodolfo
Alonso
(prólogo
de Juan Gelman, Alforja, México, 2006, 168 páginas.)
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Fue
un honor presentar esta antología a los lectores mexicanos. Traductor,
ensayista, crítico y, ante todo y sobre todo, poeta, Rodolfo Alonso ha
publicado más de veinte libros de poesía. El título del primero, que
recoge poemas escritos desde los 17 años, anuncia la obsesión central de
esta voz única: salud o nada. “Yo quiero ser / de los que aman la vida
/ de los que son la vida / candente inimitable.” Desde hace más de
medio siglo, esta voz cristalina celebra la existencia vertebrando su
palabra como una espiral más abierta. La espiral, dijo sor Juana, es la
verdadera representación de la belleza.
La
belleza hace la música de estos poemas, repujados con un rigor formal,
imaginativo y conceptual excepcionales. “Yo los invito / a pasear el
amor entre los indiferentes”, invita Alonso. Su fulgor sin duda nace de
un subsuelo de dolores y suciedades del mundo que él supo apisonar a
golpes de hermosura. En una época cada vez más deshumana como la que nos
toca padecer, llagada por ese genocidio
más silencioso que el de los hornos crematorios pero no menos
terrible que es el hambre, su poesía dispara contra los ministros de la
muerte y espera el tiempo “en que la palabra amor no tenga necesidad de
ser pronunciada”. Parafraseando a René Char, no permite que los caminos
de la memoria sean cubiertos por la lepra de los monstruos.
Alonso,
poeta verdadero, nombra lo que no tiene nombre todavía. Su poesía crece
a la intemperie de lo que va a venir y está llena de hombres y de
mujeres: le duelen “las cadenas / las manos de los otros”. Ve la
palabra ajena y la alberga, la transforma, la calcina para devolverla
limpia al otro. Interroga al misterio y encuentra los laberintos del
enigma: “El bien y el mal te forman un solo meridiano.” Se piensa a sí
misma y, para saberse, se ignora. Su invención ensancha
la invención del horizonte.
Este
libro, más que antología, alcanza para atisbar la grandeza de la poesía
de Rodolfo Alonso y ser tocado por ella. Ojalá el lector mexicano pronto
conozca su obra entera: entrará en otros territorios de la “Señora
Vida” donde “el bello amor / se queda y vence”. El resplandor de su
escritura, virtud de una sobriedad que es materia, ilumina los tiempos
oscuros, “calienta / el corazón del mundo”.
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