Sobre  un género literario.
 

“ GREGUERÍAS “

Por Rodio Raíces
 

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Las GREGUERÍAS constituyen un fino exponente literario que apasionó a varios escritores de nuestra lengua.
Es un género creado... vaya uno a saber cuándo, ya que cada composición se basa en comparaciones disparatadas; por eso tan viejo como los hombres.
Mas el nombre de “Greguerías” obedece a la inventiva del escritor español RAMÓN Gómez de la Serna (1888 - 1963), que las fue publicando desde 19910 hasta su muerte.
También se las conoció como “Diamantes”, “Perlas”, “Virutas”, etcétera, sin que ninguno de estos términos fuera título superior al citado, tal vez por la dificultad de una definición adecuada.
Pero si la idea es lo esencial  ¿por qué no usar el nombre de su cultor principal?  Sería un justo homenaje al ingenio de don RAMÓN, tantas veces demostrado en ésta como en otras ocasiones, sea en sus concurridas charlas de café, sea en la creación de “El doctor Inverosímil” (precursor del moderno sicoanalista), sea en las originales conferencias desde lo alto de un trapecio o a grupas de un elefante, en el famoso Circo de los hermanos Fratellini.
Fascinado por esa “fusión de humorismo y metáfora” (como quisiera el literato) , transcribo algunas frases de mi cuño, publicadas hacia la década del ´50 en EL BOLETÍN de EL DÍA MÉDICO, suplemento cultural de un periódico científico de gran circulación por entonces.
 

  A la “W” la inventaron los ebrios de Escocia.

Algunos clínicos exhiben la condecoración del estetoscopio.

El esternón es la espada de Damocles del estómago.

La aguja se halla molesta cuando en el ojo le entra la basurita del hilo.

La soda no tiene olor para que huela el sifón.

Qué montañitas de acné tiene la faz de la tierra.

El ropero, tan lúgubre, guarda las cosas viejas en sus cajones mortuorios.

Para abanicar la mirada chispeante, para eso están las pestañas.

La mujer del albañil lleva a su bebé en carretilla.

Aquel cirujano usaba los separadores para abrirse paso en la multitud.

Usan anteojos los ojos de buey de los barcos.

Los pomelos son naranjas con ictericia.

Ese clínico no hacía sacar la lengua a ninguno por temor a la burla.

El anochecer es un amanecer con sueño.

Los impactos daban en el blanco como el plomo de la  máquina de escribir.

No eran banderines los del barco lejano, sino la ropa colgada de los marineros.

Llegan tarde los paraguas cuando se abren los hongos después de la lluvia.

YO FUI es el nombre de un chino que, por estar ya inventada la pólvora, pretendió ser autor del pasado.

La copa es un vaso garza.

Tras la hoguera del horizonte aparece el carbón de la noche.

El dios del mar no parece Neptuno, sino el Demonio, con su tridente dispuesto.

Nada de pintor futurista, me estoy cepillando los dientes.

Ya no hay calzadores... ni toboganes.

Cuando quería rascarse la cabeza se ponía muy pensativo.

Al revés de la lógica: los árboles se visten en verano y se desabrigan en invierno.

No figura al comienzo, pero la “F” es la llave inglesa del abecedario.

No quería abrir la carta porque le sacaba la lengua.

El león usa melena desde la época de los trogloditas.

No era una lámpara de pie, sino la silla eléctrica.

No os empolvéis la cara con el pañuelo para secaros  el sudor.

Cuando alguien dijo que las mujeres se parecían a los gatos, estos resolvieron dejarse el bigote.

Los famélicos ratones del castillo crearon las almenas.

Le amputaron los brazos y se transformó en silla.

No tiraba de las perillas del panel de control de su automóvil sino que abría los cajones de la cómoda.

Se quejó con trueno, y lo rubricó con el rayo.

Llamad a las gitanas, para que tiren las cartas a los buzones.

Qué buen teatro de títeres es la ventana del vecino de enfrente.

Caen sobre la acera las hojas de los árboles y los panfletos de liquidación de temporada.

El anciano sentía el peso de los años, pero la balanza evidenciaba su creciente delgadez.

No cae la nieve donde brotan los copos de algodón.

El ángulo obtuso dio la espalda al agudo.

Me preguntó, el gancho de la percha, adonde iba con el sobretodo descolgado.

SábaDO y DOmingo: un día termina y otro comienza de igual moDO.

El sello del médico tiene  una tos irritativa.

Con el pasar del tiempo la tinta china se hace amarilla.

Los cocos y los bacilos se hablan en clave de Morse.

Esa mujer pidió ver a la luz del día el género que usaría para su vestido de noche.

Napoleón usaba el sombrero militar atravesado porque era tan loco que se creía Napoleón.

La tenaza encierra un clavo entre paréntesis.



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