Prólogo del libro de Miguel Ángel
Morano “Caja de Acuarelas”.
Buenos Aires, 1992.
 

P R O E M I O
 

Prologar este libro entraña para mí un patronazgo intelectual con que el autor me distingue.
Conocí a Morano cuando luchábamos codo a codo contra la enfermedad, el dolor y la muerte, en la Guardia del Hospital Rivadavia.
Lo vi triunfar profesionalmente en la Cirugía, esa especialidad tantas veces derivada del fracaso de nuestra Clínica.
Hoy es dado apreciar otra faceta de su inquieta personalidad, el ejercicio de la poesía lírica. Y me congratulo de saber cuán sensible es su alma a tantas cosas visibles e invisibles.
Con estas líneas saludo al camarada de otros tiempos y al nuevo compañero de letras, vislumbrando para él un sitio destacado en nuestro cenáculo, en virtud del logro de indudables aciertos, que auguran otros éxitos del futuro.
El autor posee la facilidad de cantar y empuña la pluma con la misma sensibilidad con que toma el bisturí. Que sea para curar el cuerpo. Que sea para aliviar el espíritu. Que sea para compartir la extraña soledad del hombre ante lo arcano. Que sea para buscar en la pequeñez del guijarro o en la belleza del pétalo, respuesta a la inquisición existencial, esa dolencia que muchos padecemos, que el arte palia, y que tan sólo la fe conteste.=

               RODIO  RAÍCES

Miembro activo de la Sociedad Argentina de Escritores.
Miembro  titular  de la Société International d´Histoire de
la Médicine.




 
 
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