Comentario sobre la exposición pictórica de Elisa Algranati, efectuada en el Museo Histórico del Hospital Rivadavia
(Las Heras 2670, Ciudad de Buenos Aires), del 20 al 30 de octubre de 1992.
PINTURA EN EL HOSPITAL RIVADAVIA
ELISA ALGRANATI es una pintora fascinante. Sus cuadros impactan, activan, desconciertan. No me atrevo a decir que cautivan, porque fueron realizados en libertad y para la libertad. No atrapan, no engrillan. Al principio deslumbran. Una segunda vuelta ayuda a develar el misterio, y a concretar en ideas y palpitaciones el contenido sugerido y las emociones que sueñan.
Hay rostros, panoramas, alegrías, que suponen situaciones intrincadas, pero que se facilitan merced a la proyección de nuestra fantasía, aunque no faltan sombras de confusión y de duda.
Otras pinceladas, más figurativas, definen mejor el motivo. Aunque no demasiado, por fortuna. Porque Elisa Algranati no es realista. No necesita ni quiere serlo. Posee fuerza imaginativa para trascender de lo cierto, e incita a cada uno a que lo haga a su manera. Así la libertad es de ella y de nosotros.
El desnudo femenino muestra menos lo de arriba que lo de abajo. En lo temático también es más lo de abajo que lo de arriba.
En sus mujeres aparece menos la riqueza del amamantamiento que la exaltación prolífica de las caderas y de los muslos.
En el plano social se manifiesta también en lo de abajo, en lo humilde, en lo cotidiano, mediante escenas intrascendentes de la esforzada vida del colonizador de Neuquen, donde habita la artista.
La figura telúrica del mapuche emerge en figuras cuadrangulares y angulosas, ora levando los brazos, ora en el ensamble del hombre y la mujer, que aparecen en actitud mutua de ternura y amparo. Otras secuencias esbozan el desafío estático del indio y su rencor eterno.
Muchas veces surge a la interpretación la extraña presencia del felino y del pájaro.
La dualidad de los opuestos, nacida del milagro de la comparación, está muy, pero muy presente, en la obra de Elisa Algranati, en sus trazos firmes e intencionados, y en otros lanzados al acaso, tantas veces ocultados por borrones de color, pero que no impiden que la figura sea encontrada y descifrada. Es todo un desafío a la imaginación, de remover imágenes, y al alma, de remontar vivencias.
Por eso su obra se presenta seductora y nada fácil por cierto . Corporizándola, es como la mujer insinuante, que dice “no” al comienzo, pero termina siendo accesible a quien hace el esfuerzo de merecerla y a quien la ansía de verdad , y quiere con decisión penetrar en ella y gozarla.
Todo lo que va es para la amplia producción que conozco, y no necesariamente para el capítulo de esta muestra. El público podrá apreciar su obra in toto, seguramente, a través de otras exposiciones que tendrán lugar aquí, en Buenos Aires.
Elisa es joven, porteña de nacimiento y sureña por adopción. Es bonita, rubia, de mirada clara y sincera. Pregunta al mundo que tiene por delante, y se contesta ella misma a través de la plasmación pictórica que es flecha, guía y mensaje. Conviven en ella un ángel que sueña y una pitonisa que adivina.=(Tonado de un catálogo-invitación editado en la oportunidad)
RODIO RAÍCES
Presidente de la Comisión de Cultura de la
Asociación Médica del Hospital Rivadavia
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