Médicos & famosos:
Pablo Mantegazza.

PABLO MANTEGAZZA:

ASPECTOS HISTORIOGRÁFICOS
 

Por el Dr. Rodio Raíces
 

***

(Comunicación a las III Jornadas Anuales del Ateneo de Historia de la Medicina de Buenos Aires. Publicado en “Archivos de Historia de la Medicina Argentina”,  Año 2, Volumen I,  Nº 3)

    Hay autores cuyos libros merecen ser leídos  por varias generaciones, ora por su historicidad, ora por su ejemplaridad, ora por su vuelo literario o científico. Todos estos factores se hallan reunidos en la obra de Mantegazza como en un solo haz.
    La prosa fluida y comunicativa, plena de simpatía y humanidad, del célebre médico y antropólogo italiano, despertó el interés de algunos publicistas de nuestro medio, cuyos trabajos son a su vez tema de presente estudio.
    La mención de los episodios biográficos de la egregia figura extranjera, servirá de senda a mi quehacer.
 

PRIMERA ETAPA EN ITALIA

    Nuestro facultativo nació en Monza - ODDO dice que en  Vigerano  (4)-, ciudad de la Lombardía, el 31 de octubre de 1831 (1)  (15), y falleció en San Terenzo, comuna de Lévici (Golfo della Spezie), en una residencia que habría sido suya, llamada Villa Serenella, el 29 de agosto de 1910.
    La casa natal estaba provista de una nutrida biblioteca, con obras en italiano y otras lenguas vivas.
    Siendo estudiante de retórica, es premiada su poesía “Dell dovere dell´nomo”, que lo acerca al pintor y escritor Carlos Belgiojoso.
    Cursa medicina en Pisa, Milán y Pavía, y lo hace en la última cuando consigue autorización pasa suplir en la Cátedra de Química de la Escuela Técnica, al profesor Juan Polli.
    En 1848, a los diecisiete años de edad, toma parte activa en la defensa de Milán, frente al invasor austriaco.
    En 1852 comienza a escribir en Pavía, su primer libro intitulado “Fisiología del placer”, que terminará en París dos años después. Con él sabrá del
éxito de varias ediciones.
    Se gradúa en 1854 – según DALMA, en 1853 (2) – y tras un viaje por Suiza, Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, Inglaterra y Escocia, arriba
a Buenos Aires ese mismo año.
    Aquí será acogido por Juan María Gutiérrez  y Guillermo Rawson, que lo introducen en el mundo de relación (1) (15).
    De la trayectoria de Mantegazza en su terruño, antes y después de vivir en nuestro país, da cuenta  su compatriota CARAFFA, en un folleto del año 1931, publicado en La Plata y escrito en su idioma vernáculo. (1).
    En la Revista de la Universidad de Buenos Aires (año 1960), el profesor DALMA - de Tucumán - proporcionaba algunos datos genealógicos obtenidos de miembros de la familia del sabio (2).
    Tenía de ilustre prosapia. Era hijo primogénito. Su padre se llamaba Juan Bautista. Su madre, Laura Solera, “patriota de la época del Risorgimento, dio hospedaje en la casa patricia de Salbioncella y a los combatientes de 1848, siendo condecorada por Garibaldi”.
   De su encuentro con el gran héroe dará cuenta en su diario de sesenta y dos tomos (aún inédito). DALMA también cita a Julio, hijo de su primer matrimonio, y a María Carla, hija de su segunda esposa.
    SOLARI, en una publicación de este año (3), agrega el dato de haber comunicado al Instituto Lombardo, contando 23 años, un trabajo sobre “Las generaciones espontáneas”. Dice también, novedosamente, de un viaje a la India, pero sin mención de la fecha.
 
 
EN LA ARGENTINA

    ODDO, de Santiago del Estero,  presenta una comunicación, este año (4), en que menciona una breve permanencia en Montevideo, antes de su arribo a Buenos Aires, noticia que ya había sido publicada por DALMA (2).
    GIUSTI, en un libro de la colección“La cultura argentina”, que fundara José Ingenieros (5), repitiendo un artículo suyo (18), AFIRMA COMO AÑO DE LLEGADA EL DE 1856, haciendo notar que corrige al Dr. Séller (6), que mencionaba el de 1858, considerado el de una segunda visita a nuestro país, como las que repitiera en 1861 y 1863.
El último viaje lo llevaría hasta el altiplano boliviano (18).
    Otros autores (3) (4) dan el año de 1854, y hay quien asegura que lo hizo en la nave “Camilia” (2).
    Insólitamente leemos en SERGI que, “habiendo solicitado  la Argentina a Italia, algunos profesores de sus mejores universidades, con el objeto se fundar la Facultad de Ciencias Exactas, recayó la invitación en Pablo Mantegazza, el cual – en 1857 – a la edad de veintiséis años, embarcó para Buenos Aires,  donde ejerció su profesión y en cuya universidad dictó la materia de su especialidad a fines de 1858, en que decidió regresar a su patria para hacerse cargo de la Cátedra de Patología en la Universidad de Pavía”.
    Igual información es repetida por SANTILLÁN (13) en su Enciclopedia, bien que mencionando su presencia en 1854, 1857, 1861 y 1863.
    Destaco que CARAFFA  (1) da como año de regreso a Italia el de 1858, datos que tal vez leyera en las notas necrológicas de “La Prensa” (15) y “La Nación” (14) de Buenos Aires, ya que los cita en su bibliografía, y he constatado personalmente antes de escribir estas líneas.
    BUCICH ESCOBAR (7) da cuenta de sus amistades porteñas: el coronel Mitre, Alsina, Mármol, Ocampo, Peña...
    Parece ser que su versada conversación y finos modales eran del agrado del primero, quien gustaba dialogar con él sobre historia y filosofía, aun a riesgo del descuido de las tareas de la guerra. Recordemos que Mitre conocía tan bien  el italiano que hasta tradujo la”La Divina Comedia” del Dante.
    Nuestro médico dirá más adelante: “Si la adversa fortuna me obligara a ser hombre de Estado, me gustaría serlo de una de las respectivas repúblicas sudamericanas”,  y respondiendo al “por qué” de un amigo, agregó que para ser acá diputado, ministro o jefe de Estado, no es necesario renunciar a las masas, ni a las armas, ni a la ciencia, ni a las letras, ni a las artes, como
lo demuestra Bartolomé Mitre.
    Dejando atrás Buenos Aire, sube por el Paraná y se afinca en Nogoyá (Entre Ríos), pero permanece allí sólo durante un año y medio, en el que ejerce su profesión. De la estadía en ésta da fe GIUSTI (5), tras haber tenido en sus manos una esquela suya escrita en esa localidad, en castellano, fechada en enero de 1856 (18) y dirigida respetuosamente a una señora de su amistad.
    Con creciente interés, este escritor busca en su biblioteca un olvidado libro de Mantegazza - donado por el periódico “L´Italia al Plata” a sus lectores - llamado “Recuerdos de España y de la América española”, del que no se conocía traducción por entonces.
    El alma ávida y expectante de Mantegazza, lo lleva a Paraná. Ahí - dice CARAFFA (1) -  el presidente Urquiza  quiere nnombrarlo jefe del Departamento de Salud Publica de la ciudad,  sede del Gobierno Nacional y capital de la provincia. Pero no acepta el cargo y prosigue su marcha,
    Se detiene en Santa Fe - dice GIUSTI (5) -  donde es acogido por un cacique abipón del norte de esa provincia, a quien iba recomendado por el gobernador Cullen.
    BUCICH ESCOBAR (7) traza el siguiente itinerario a seguir: Córdoba - pasando por Rosario, dice DALMA (2) -, Santiago del Estero, Tucumán, Saltta. Aquí concurre a la tertulia de don Salustiano Tejeda, “salteño de abolengo, sobrino de Güemres”, y se casa con su hija Jacoba el 6 de noviembre de 1856.
    El escritor que proporciona estas referencias, transcribe textualmente la partida de matrimonio (7) del que fueron testigos el gobernador Dionisio Puch y doña Josefa Tejada, que no sería – como afirma SOLARI (3) – la madre de la novia, ya que ésta se llamaba Felisa Saravia, a estar en el documento anterior.
    Tampoco expone BUCICH (7) nada sobre una carta de Mantregazza, enviada desde Italia a su suegro – titular de una banca por Cerrillos a la Legislatura salteña – en ocasión de su arribo al cargo : “Somos ya colegas, mi querido don Salustiano. El Rey me ha nombrado senador. Ahora ya le puedo escribir de igual a igual”. Doña Jacoba será la infatigable compañera de su esposo hasta rendir su vida, en Florencia, una hermosa ciudad para morir.
    De su vinculación con Güemes deriva un contrato firmado con la anuencia legislativa, en 1857, para colonizar la zona del río Bermejo. SOLARI (3) da adecuada información al respecto. Dice de una prórroga – solicitada y concedida – que no se plasmaría jamás, debido a “los acontecimientos públicos italianos y del país, en 1859”.  En Cambio DALMA (2) expresa que “el proyecto no se realizó por el traslado del proyectista a Italia”.
 

DE NUEVO EN LA PENÍNSULA

    Como expusimos ya, torna su tierra en 1858. En 1861 (15) es profesor de Patología General de la Universidad de Pavía – DALMA (2) dice que fue en 1859 -  y crea el Laboratorio de Patología Experimental (1).
    En 1870 crea la primera Cátedra de Antropología italiana, en el Instituto de Estudios Superiores de Florencia (1). Con Arturo Zanetti funda la Sociedad Antropológica que va a presidir, y con Enrique Finzi, el Museo de Antropología y Etnografía, siendo además miembro del Instituto de Ciencias y Letras de Milán (1). Por todo ello, así como por otros valiosos aportes, se lo conoce como “el fundador de la ciencia antropológica italiana, de la que surgieron – entre otros – Sergi y Lombroso”.
    CARAFFA (1) prosigue dando cuenta de su coterráneo, haciendo mención de la invención del globulímetro, y de los nuevos índices craneanos. También habla de un viaje a Laponia, para estudiar cultivos, en 1879.
    SERGEI (8) y SANTILLÁN (13), dicen que en 1886 ve la luz, en Florencia, su “Estudio sobre una serie de cráneos fueguinos”, en el “Archivo para la Antropología y Etnografía”, Nº XV. También en Florencia enriquece y dirige el Museo de Antropología, y es nombrado profesor de su Universidad (15).
    Tiene 60 años cuando enviuda y contrae nuevas nupcias con la condesa María Fantoni, mujer que frisaba los treinta, y que era hija del difunto conde Juan Fantoni de Favizzano, que había sido soldado, político, literato y poeta (1).
    Su incursión en el periodismo sucede al fundar el diario de divulgación “Higiene”, que luego pasaría a llamarse “El Médico en Casa” (1)  (15).
    Es diputado por Monza en 1867, y senador vitalicio desde 1876 (1)  (15), cono adelantáramos. Es condecorado además con la orden del mérito civil de Saboya, comandado de San Mauricio y San Lázaro, gran oficial de la Corona de Italia, y otras distinciones foráneas de igual tipo(1).
    Además, colabora en varios periódicos: “Revista Médica Lombarda”, “Nueva Antropología”, “Revista Semanal”... (1).
    En mayo de 1901 es celebrado su jubileo, con motivo de cumplirse el 40º aniversario de su nombramiento como profesor de la Universidad de Pavía (14).
    El Gobierno argentino también lo designa su representante en el Consejo Estadístico de Florencia (5).
    Con Juan María Gutiérrez mantiene carteo constante.
    Cuando nuestras autoridades resuelven pedir al Reino de Italia tres profesores para enseñar en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas, de reciente creación, interviene en la contratación de Spelluzzi,  Strobel y Rosetti (1).
Y sigue dictando clases hasta su muerte, en 1910 (2).
 

SOBRE SU OBRA

    Todos los autores se refieren, de una u otra manera, a la valiosa obra suya.
    CARAFFA (1) da una nómina no completa, pero cierta, de cuarenta y cinco libros, sin agregar comentarios.
    BUCICH ESCOBAR (7) hace una mención de menor cuantía, pero habla del centenar de obras en su haber.
    DALMA (2), en 1960, realiza breves consideraciones y transcribe algunos párrafos de “Cardas Médicas sobre la América Meridional”, “Recuerdos de España y de la América española” y “Dios ignoto”. Y en 1968 se refiere al primero de estos, nuevamente.
    De “Cartas médicas...” y de “Recuerdos...” habla brevemente SOLARI, así como de “Río de la Plata” y Tenerife”.
    El Dr. SÉLLER, de la Universidad del Tucumán, tradujo casi íntegramente este libro “con excepción de dos capítulos sin importancia histórica ni actual y de la mínima parte de la obra, destinada al Paraguay del Dr. Francia y de los López,  así como un hermoso estudio sobre la isla de Tenerife , completamente ajeno a los fines de la edición” (6).  Así se expresaba en su “Prólogo del Traductor”. Lamento la mutilación localista; valoro la acertada translación y el esfuerzo realizado, pero censuro el haber tornado el título del libro en “Viajes por el Río de la Plata y el interior de la Confederación Argentina”. Mejor hubiera sido conservar el eninciado original, con el agregado de “versión incompleta”.
    En 1949, la Universidad del Tucumán decidió editar las “Cartas Médicas...”
    SÉLLER, por ese tiempo presidente de la Suprema Corte de la Provincia, y consejero  fundador de la citada casa de estudios, es el encargado de la versión castellana a presentarse. En su “Advertencia del Traductor”, acepta lo que sigue.
    Mantegazza había publicado “Río de la Plata y Tenerife” en 1857. Este libro, que fue el que tradujo SÉLLER como “Viajes...”, era la versión en un tomo, resumida, simplificada y ampliada por el autor, de dos volúmenes que se publicaron tiempo atrás “Sobre la Antártida meridional, Cartas médicas del Dr. Mantegazza”. El primero de estos era de 1852, y el segundo de 1860. El autor los dedica a Juan María Gutiérrez.
    Estos dos volúmenes de “Cartas Médicas...” , editados en Milán, fueron la recopilación de las cartas  que Mantegazza envió a la3 “Gazeta Médica Lombarda. La traducción de SÉLLER para este nuevo esfuerzo editorial que iba a entrar en prensa, contenía sólo los capítulos o cartas que no figuraban en
“Viajes...”, para evitar repeticiones.
    Estaba por imprimirse la obra, cuando la Universidad decide ofrecer a los lectores un versión en dos tomos de “Cartas médicas...”
(edición de Milán ,1858-1860).
    Pero el criterio traumatológico otra vez impera, y sale de máquinas una edición amputada, pues “se han omitido las Cartas médicas referidas al Paraguay, reduciendo lo que puede atribuirse a su jurisdicción espiritual” (Nota al pie de la “Advertencia del Traductor”, del Dr. HELLER)..
    HÉLLER cita en ésta al artículo de GIUSTI aparecido en el diario “La Prensa” en 1931, y fecha estas observaciones en abril de 1946.
    ARAOZ ALFARO (12), miembro honorario de la Universidad del Tucumán  y presidente de la Academia Nacional de Medicina, prologa la citada edición de las “Cartas médicas...”  Destaca los temas dedicados al gaucho argentino, al mate, al mal de ojo, a los curanderos, a las enfermedades, y a la  historia y política del país. No agrega otra información sobre Mantegazza que la derivada de
la lectura de esta obra.
    GIUSTI, en 1930, cita algunos libros e incursiona apenas en la sicología de Mantegazza. Pienso que hizo bien de no profundizar en una personalidad tan compleja, tan difícil aun para el profesional especializado. En 1931 (18) ya había mencionado a “Río de la Plata y Tenerife”, “Cabeza”, “Elogio de la Vejez” y “El Siglo Tartufo”. También aquí indica GIUSTI la conveniencia de difundir libros sobre la Argentina escritos “por los extranjeros que supieron vernos con simpatía”, comprendiéndonos y explicándonos, porque “también ellos son nuestros clásicos”. El autor, miembro de la Academia Argentina de Letras, ya se había referido a Guido Boggiani, italiano que había convivido muchos
años con los indios.
    Juan María GUTIÉRREZ, (17) en 1865, da cuenta del libro “Elementos de Higiene”  y también del capítulo noveno “De los alimentos nerviosos neuróticos”, que trata del tabaco y de la coca.
    En “La Prensa” (15), puede leerse - al respecto - que “introdujo en Italia la coca, y la recomendó por sus propiedades medicinales, haciendo de esta planta, como de la hierba mate, un análisis profundo en lo relativo a los efectos que produce en el organismo humano”.
    LANDABURU, KHON LONCARICA y AUSBUCH MORENO – los dos primeros ya habían mencionado a Mantegazza en un trabajo sobre inmigración italiana (9) – analizan minuciosamente el libro “Fisiología del dolor”, tras una esforzada nota histórica (10).
    No estimo conveniente hacer los comentarios de los comentarios. Estos son suficientes. Los libros deben ser leídos y juzgados individualmente. El criterio de cada uno dirá de las conclusiones.
    Para terminar,  quiero destacar algunas de las palabras de “La Nación” (14) en el día de la muerte del erudito médico italiano. Decía, refiriéndose a sus obras de divulgación, que “no se encerró en las torres de marfil” y difundió la “ciencia doméstica democráticamente”, como “sabio popular” que era. Creo que ésta es la mejor alabanza para quien quiso brindar a sus semejantes las enseñanzas que les sirvieran para adoptar una mejor manera de vivir.=



(1)
CARAFFA, PEDRO I. “Dr. Paolo Mantegazza, in ocorrenza del primo centenario dl suo genettiaco 1831-Ottobre-1941. Monografía biográfica (folleto).
La Plata, 1931.

(2)
DALMA, JUAN. “Pablo Mantegazza y la Argentina (en el cincuentenario de su muerte)”. Revista de la Universidad de Buenos Aires, V  Época,
Año V, Nº 20, 1960.


(3)
SOLARI, JUAN ANTONIO. “Pablo Mantegazza, un viejo amigo de la Argentina”. Revista Auto Club. Año XI, Nº 57, pág. 22-24.
Buenos Aires,  marzo-abril de 1971.


(4)
ODDO, VICENTE. “Pablo Mantegazza, sus Cartas Médicas”. Comunicación a las I Jornadas de Historia de la Medicina y de la Farmacia Iberoamericanas.  Buenos Aires, 16 al 19 de junio de 1971.


(5)
GIUSTI, ROBERTO. Libro “Literatura y Vida” (capítulo sobtr Pablo Mantecaza).
Edición de Nosotros. Pág. 283. Buenos Aires, 1939.


(6)
HELLER JUAN. “Prólogo del Traductor” del libro de Pablo Mantegazza “Viajes por el Río de la Plata e interior de la Confederación Argentina”.


(7)
BUCICH ESCOBAR, ISMAEL. “Otros tiempos, otros hombres”. Capítulo: “Pablo Mantegazza, el poeta de la Fisiología”. Buenos Aires, 1932. Pág. 162.


(8)
SERGI, JORGE. “Historia de los italianos en la Argentina”. Traducción del autor. Apartado Nº 18: “Pablo Mantegazza enseña Historia Natural en la Facultad”.
Pág. 196.


(9)
LANDABURU, ARGENTINO & KHON LONCARICA, ALFREDO. “La inmigración italiana y los orígenes de la Medicina argentina”. Trabajo presentado al 2º Congreso de Historia de la Medicina Argentina. Córdoba, 21 al 24 de octubre de 1970. Publicado en “La Semana Médica”. Edición 77º Aniversario.
Buenos Aires, 1970.


(10)
LANDABURU, ARGENTINO; KHOM LONCARICA, ALFREDO & AUBUSCH MORENO, CARLOS J. “Las ideas fisiológicas de Pablo Mantegazza”. Comunicación a las Iº1 Jornadas de Historia de la Medicina y de la Farmacia Iberoamericanas. Bueno Aires, 16 a 19 de junio de 1971.


(11)
DALMA, JUAN. “Pablo Mantegazza en la Medicina”. Trabajo presentado en el 1er. Congreso de Historia de la Medicina Argentina Buenos Aires, 27 a 30 de noviembre de 1969.


(12)
ARÁOZ ALFARO, GREGORIO. “Prólogo” del libro de Mantegazza “Cartas Médicas sobre América Meridional”. Tradición de Juan Séller. Universidad Nacional del Tucumán. Buenos Aires, 1949.


(13)
SANTILLÁN, DIEGO ABAD DE. “Gran Enciclopedia Argentina”.
Buenos Aires, 1959. Pág.76


.

(14)
“La Nación”. Nota necrológica.  Buenos Aires, 29 de agosto de 1910. Página 8-9.


(15)
“La Prensa”. Nota necrológica. Buenos Aires, 29 de agosto de 1910. Página 10.


(16)
“En Nogoyá vivió durante muchos años el fisiólogo Pablo Mantegazza”. “La Razón”, Sección 2º, pág. 1. Buenos Aires, 14 de octubre de 1925.


(17)
GUTIÉRREZ, JUAN MARÍA. “Elementi d´Higiene del Doctor Paolo Mantegazza”. Revista de Buenos Aires. Tomo VI, página 661; y Tomo VII, página 152. Buenos Aires, 1865.


(18)
GIUSTI, ROBERTO. “Un viejo amigo de la Argentina, Pablo Mantegazza”.  “La Prensa”, 15 de noviembre de 1931.


(19)
SÉLLER, JUAN. “Advertencia del Traductor” del libro de Mantegazza “Cartas Médicas sobre la América Meridional”. Edición de la Universidad del Tucumán. Buenos Aires,1949.




 
 
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