Cuentos para niños.
MEMORIA DE UN GATO
Por Rodio Raíces
A mis tres hijos :
Pablo Adolfo Raíces,
Sergio Adolfo Raíces
y María Adela Raíces.
En la avenida Coronel Díaz, frente a la ex Penitenciaría Nacional, vivía un animalito a quien bauticé como el Gato Cato.
La noche que le ladró un bull-dog, con la cara de pocos amigos que tienen esos perros, a Cato se le erizaron los pelos y desplegó tanto apuro que llegó a lo alto de un árbol, allí donde acaba el tronco y comienzan las ramas, donde hizo su “nido”.
Al día siguiente, extrañando sin duda la presencia de víveres, Cato comenzó a maullar de modo tan lastimero que lo escuchó la viejecita de un departamento vecino, quien colocó un tablón entre el árbol y su balcón. Allí puso dos platos hondos (uno para la carne y otro para la leche), además de un cajón de manzanas para que se protegiera de la lluvia.
Mis hijos y yo saludábamos al felino, y festejábamos sus dotes de equilibrista, al pasar rumbo a la Escuela Herrera Vegas, todas las mañanas. Hasta que inesperadamente notamos la ausencia de Cato y nos invadió la inquietud.
Entonces preguntamos al portero de la casa, un gallego socarrón y curiosamente leído, que se expresó de esta manera:
-De tanto estar en las alturas le crecieron las alas, y con unas golondrinas amigas partió ~ ayer por la tarde ~ adonde van esos pájaros, a San Juan de Capistrano, en los Estados Unidos de América.=