Breves historias
del Hospital Rivadavia.EN EL VIEJO HOSPITAL
Por Rodio Raíces
El viejo Hospital de Mujeres de la calle Esmeralda, llamado Hospital Rivadavia desde su mudanza a Palermo, fue escenario del gracioso episodio que paso a relatar.
Corría el año 1841(plena época de Rosas) cuando un comandante de la Provincia de Buenos Aires, a la que obedecía el Hospital, se apersonó en el nosocomio y pidió permiso para visitar a su esposa internada, que le fue concedido de inmediato, por su grado de parentesco y por el grado militar.
Ya junto a ella, y aprovechando que las demás enfermas estaban en el patio charlando con sus familiares, corrió las cortinas perimetrales de la cama y pasó lo que pasó.
Al conocerse el acontecimiento la indignación general no tuvo límites, pues no se concebía que una frágil mujer pudiera prestarse a tales apremios, ni un reputado marido a semejantes acciones.
En consecuencia la Comisión Administradora tomó una serie de medidas para evitar la repetición de parecidos desatinos.
Toda visita masculina duraría, en adelante, un cuarto de hora a lo sumo, y se realizaría en presencia del ecónomo (administrador de la “caja chica”), de alguna enfermera o de una de las dos comisarias (que eran las encargadas de dirigir al personal).
Dice una crónica de la época que desde entonces, antes de entrar las visitas, se levantaban los canceles o cortinas de las camas, lo que ocurría hasta que no quedaba nadie en la Sala. Y se amenazaba con dar el alta -“por inmoral y escandalosa” conducta - a las desobedientes o rebeldes, siempre que su estado lo permitiese, para lo que se consultaría a los facultativos.=
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