ENRIQUE E. DEL ARCA,
CLÍNICO DEL HOSPITAL RIVADAVIA
Por Rodio Raíces
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Nació en Buenos Aires el 11
de septiembre de 1854, en un holgado hogar capitalino. Mas cuando su padre,
el Dr. Zenón del Arca, decano de la Faculta de Medicina, murió
durante la epidemia de fiebre amarilla, el hogar constituido ahora por
doña Saturnina Plá y seis hijos pequeños, se vio severamente
afectado. El auxilio de la Sociedad de Farmacia, no obstante, le permitió
a Enrique
realizar sus estudios.
Tras cursar el bachillerato en el
Colegio Nacional de esta Ciudad, ingresó a la Facultad de Medicina
(U.B.A.), inscribiéndose en las Escuelas de Medicina y de Farmacia,
en 1871.
Se recibió de farmacéutico
en 1873, y fue practicante interno en el Hospital General de Hombres, bajo
las órdenes del Dr. Manuel Augusto Montes de Oca.
Cuatro años más tarde
se graduó de Doctor en Medicina (1877), presentando una tesis intitulada
“Observaciones sobre las operaciones practicadas en 1875, en las salas
de clínica quirúrgica del hospital general de hombres”.
A continuación ejerció
la profesión y en 1879, junto a Manuel T. Podestá y Carlos
Villar, dirigió la REVISTA DE CIENCIAS, ARTES Y LETRAS, en la que
escribirían Mitre, Sarmiento, Rawson, Estrada y otros grandes figuras.
También realizó algunos viajes por Europa, visitando Clínicas y Hospitales donde recogeía datos ùtiles para la organización de su Servicio.
Desde 1879 a 1889 fue profesor suplente de Materia Médica y Terapéutica, sin alcanzar la categoría de titular porque el gobierno lo desestimó, pese a ir primero en la terna. A raíz de este episodio, a manera de desagravio, la Academia de Medicina lo convirtió en uno de sus miembros, el 19 de febrero de 1890, presentando para ello un trabajo sobre “Losas antitérmicos”. En esta corporación, donde ocupó el sillón Nº 15 (legajo 74), alcanzó el grado de Presidente (18 de noviembre de 1897 al 30de noviembre de1900).
En 1892 presidió la Comisión, nombrada el 30 de mayo por el Consejo Nacional de Higiene, para redactar el CODEX MEDICAMENTARIUS (ley del 14 de diciembre de 1893).
Desde 1897 hasta 1900 fue Decano de
la Facultad de Medicina por voto unánime, cumpliendo una destacada
actuación. Mientras tanto su fama de clínico se acrecentaba
y lograba una abultada clientela particular, que le permitía a la
vez atender gratuitamente a los pobres.
En época de revueltas estudiantiles
se lo llamó otra vez al decanato, en 1906, pero a los pocos meses
decidió renunciar.
Además fue médico jefe del Asilo Maternal, presidente del Círculo Médico Argentino, delegado al Congreso Internacional de Medicina de París (1900) y al Congreso Científico Latinoamericano de Río de Janeiro (1905), así como Jefe de Sala de Clínica Médica en el HOSPITAL RIVADAVIA de Palermo.
La política había constituido
otra de sus actividades inexcusables, y desempeñándose como
diputado a la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires desde el 21 de
abril de 1879, y militando en las filas revolucionarias al
siguiente año de 1880.
Convencido de las bondades de la hidroterapia,
escribió varias monografías sobre el tema y un importante
libro: “Aguas minerales, especialmente de la República Argentina”
(1910). Por estas razones se lo designó miembro correspondiente
honorario de la Sociedad de Hidrología de París.
En busca de alivio para su artritis
reumática invalidarte, recorrió varios balnearios europeos,
mas hubo de retirarse progresivamente de sus actividades en razón
del inexorable avamcede la dolencia.
Falleció en su casa de San
Fernando, provincia de Buenas Aires,
el 21 de marzo de 1911.
Le sobrevivió su esposa, doña
Justa Lynch, integrante de una tradicional familia porteña.
A la inhumación de sus restos
hablaron los doctores Gregorio Aráoz Alfaro y Rodolfo Lemos,
este último lugarteniente y sucesor suyo en su sala de Clínica
Médica del HOSPITAL RIVADAVIA, a la que se impuso su nombre
al año siguiente.
Dijo este profesional: “No comprendió
el ejercicio de la Medicina como una profesión y menos como un oficio.
Hizo de ella una misión, una cruzada contra la enfermedad y el dolor,
un verdadero apostolado, para el cual la ciencia es poca, y el amor por
la humanidad lo sustantivo y trascendente”.
A su turno expresó el Profesor
Aráoz: “... un gran médico, un gran universitario, un ciudadano
digno, progresista y patriota”.
Rodolfo A. Eyherabide, presidente
de la Asociación Médica Argentina y muy posteriormente
Académico de Medicina, expuso a su vez que era “un clínico
sagaz y experimentado”... que “supo con su altruismo, hacer fructificar
los sentimientos más puros de gratitud y de veneración ante
la dignidad de su conducta y la efectividad de sus enseñanzas”.
Posiblemente este maestro mío en la Sala III del Hospital Rawson
(que me brindara su amistad por añadidura) se refiriera a la faceta
caritativa de nuestro personaje respecto de la asistencia a los necesitados.
El 21 de marzo de 1996, a 84 años de su deceso, se impuso su nombre al Pabellón Nº 1 del Hospital, donde cupiera gloriosamente su Servicio. También por mi iniciativa se colocó una placa alusiva de piedra, a la entrada del mismo.
En la actualidad una calle de San Fernando
lleva su nombre (avenida del Libertador al 2200) y el Salón de Notables
del Hospital Rivadavia muestra su retrato, copia de una reproducción
guardada en una de las cajas de archivo de la Academia Nacional de Medicina.
La tarea del Dr. Del Arca en el HOSPITAL
RIVADAVIA merece unos
párrafos finales.
Su nombramiento como “médico
de Sala interno” se produjo el 7 de mayo de 1896 y el 16 de octubre del
año siguiente se lo designó “médico de Sala”, según
constancias del Archivo General de la Nación.
De acuerdo al Dr. Osvaldo Loudet (ligado
a mi familia paterna por una larga amistad con su familia), don Enrique
trabajó tanto en el Asilo Maternal como en nuestro Hospital, durante
“25 años”, lo que haría suponer que la tarea desempeñada
fuera anterior a su nombramiento.
Respecto de mi interés por
la vida de este eminente médico, debo manifestar que su noticia
la tuve cuando el subjefe de la Sala 10, Dr. Héctor Coll Villatte
manifestó, a mi requerimiento, que a principios del siglo XX el
jefe se llamaba Enrique del Arca, siendo sucedido por Rodolfo Lemos y Carlos
Colls. Lo cual destaca hasta qué tiempos se remontaba la tradición
oral en la década de 1950, cuando yo era practicante del ese Servicio
de Clínica Médica que comandara el ahora legendario Profesor
Dr. Enrique del Arca.=