SEMBLANZA DEL DOCTOR
CARLOS DOMÍNGUEZ,
Por el Dr. Rodio Raíces
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Llamado PADRE y MAESTRO por sus fervorosos
seguidores, Domínguez fue el clínico más importante
de su época en el Hospital Rivadavia, al que sirvió finalmente
como jefe de la Sala 1. No realizó las geniales descripciones que
prestigiaron a otros clínicos de eminentes, no dejó más
escritos que las devotas copias a mano de sus clases, no formuló
teorías ni inventó cosa alguna, no formó investigadores
ni pretendió serlo. No mostró la imagen de un sabio abstraído
en el mundo de los conocimientos, jamás hizo alarde de su notable
erudición, y sin embargo causó la admiración general.
Tal vez por su capacidad de observación,
tal vez por su parquedad, seriedad y adustez, tal vez por su curiosidad
y avidez de saber, tal vez porque desdeñaba la lisonja, tal vez
por la medida dosificación de su ironía, tal vez por la capacidad
de síntesis que todo lo clarifica, y por sus excelentes exposiciones
sobre el diagnóstico individual y diferencial, tal vez por su acierto
pronóstico, tal vez -como dijera el Dr. Carlos Campos, su continuador
en la Sala 1- “por su manera de ver la Medicina misma sin espectacularidades,
con modestia, con sacrificio y sin reclamos”, Domínguez descolló
netamente en el Hospital Rivadavia. Mostraba la imagen que todos deseaban
ser, era el ejemplo.
Afectado por un mal súbito
y traicionero (accidente cerebro-vascular), murió el 2 de diciembre
de 1943, dejando una pléyade de admiradores que tuvieron en él
al progenitor y al guía.
También lo vieron partir cinco
hijos suyos (frutos de su primer matrimonio, ya que de sus segundas nupcias
- contraídas a la muerte de su espossa - no tuvo descendencia).
El Dr. Domínguez (“Cololo”,
como se lo llamaba familiarmente), había nacido en la ciudad de
Buenos Aires el 29 de diciembre de 1884, siendo sus padres don José
Domínguez y doña Elena Arteaga, ambos de nacionalidad argentina.
Su foto original se exhibe en el Salón
de Notables del Hospital Rivadavia, habiendo otra más en el interior
del Museo.=