Sobre botánica.

LOS PAINEROS

DEL HOSPITAL RIVADAVIA
 

Por Rodio Raíces
 
 

    Vulgarmente denominados PALOS BORRACHOS, los paineros constituyen un valioso elemento decorativo de las plazas y parques de la Ciudad de Buenos Aires, tanto por la vistosa apariencia de los troncos y de las ramas, cuanto por la llamativa belleza de sus flores.

    Apreciados por los porteños de varias generaciones, en la zona de Palermo son tradición y símbolo a la vez, ya que los primeros ejemplares crecieron en el barrio, más precisamente en jardines del Hospital Rivadavia.
 

 “Los había plantado el Dr. Arturo Zabala, que los trajera de su provincia de Jujuy hacia fines del siglo XIX”. Ésta es la versión del  Dr. Miguel Ángel Etcheverry, que fue un destacado hematólogo argentino de cuya palabra a nadie se le ocurriera dudar.
    Desde el Hospital -reza el decir de la gente- se propagaron primero a las inmediaciones y luego a las zonas aledañas,  creciendo con tal fuerza que la nuestra podría haber sido tranquilamente su tierra natal.
    Dando por aceptado que los demás árboles de igual denominación provienen de semillas de “los paineros del Hospital Rivadavia”, paso a la descripción de los mismos.

    Hay dos variedades de “palos”: el PAINERO BLANCO y el PAINERO ROSADO.
 

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PAINERO BLANCO o
PALO BORRACHO BLANCO o
YUCHÁN.

Chorisia insignis
(se pronuncia “corisia”).

Familia: Bombáceas o Bombacáceas.
 
 

    Es una dicotiledónea (la semilla posee dos mitades o cotiledones), que pertenece a la misma familia del “baobab”, árbol africano que llega hasta l0 metros de diámetro en su tronco y posee ramas de hasta veinte metros de largo, el cual fue popularizado por Antoine de Saint Exupery en su libro "El principito".

    Además del color casi albo de las flores, distingue a esta especie el destacado grosor de su tronco, que la imaginación popular asimila al aspecto del alcohólico.
    Este tronco, casi siempre cubierto por aguijones (que también poseen las ramas nuevas y las viejas), presenta una corteza lisa y verde en los ejemplares jóvenes, que se oscurece y aparece agrietada en los añosos.

    Las hojas son compuestas, de cinco o siete folíolos u hojuelas alargadas, de 5 a 12 centímetros de longitud, que por sendos pecíólulos de 1 a 2 centímetros confluyen en un centro adonde llega un pecíolo o cabillo de unos 10 centímetros. Se dice que estas hojas son palmático-compuestas, por tener la forma de la  palma de la mano. Las puntas de las hojuelas aparecen acuminadas (terminadas en punta) y aserradas en los bordes, siendo glabras (o sea sin pelos en la superficie). Desde mediados de 1998 esta hoja se hizo representativa del Hospital Rivadavia y figura  inserta en la bandereta y en la “escudeta” de la institución, siendo deseable que simbolice a toda la zona desde el escudo de la futura Alcaidía de Palermo.

    Las flores son solitarias, y además forman grupos de a dos o de a tres, apareciendo en abundancia desde febrero hasta fines de abril, cuando generalmente ha caído buena parte del follaje (lo que contribuye a destacar la belleza de la floración).

    Esta variedad y la que le sigue, se hallan prolíficamente dispersas en el Hospital, así como en toda la Ciudad, siendo uno de los últimos sitios donde se plantaron, la plaza Roberto Arlt del Centro Histórico de Buenos Aires, donde hasta 1887 funcionaba el viejo Hospital de Mujeres, predecesor del Hospital Rivadavia.

    En el Patio de Honor del nosocomio (frente al busto de Lloveras) hay un ejemplar de esta variedad que causa la admiración de transeúntes, botánicos y fotógrafos, por el acentuado bombé de su tronco (es un perfecto botellón) así como por su intrincado ramaje y armonía de conjunto.
 

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PAINERO ROSADO O
PALO BORRACHO ROSADO O
SAMOHUT.

Chorisia speciosa
(se pronuncia “corisia”).

Familia: Bombáceas o Bombacáceas.
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    Se distingue del painero blanco esencialmente por el color de las flores, que varía del rosa pálido (casi amarillento) al  rosado muy oscuro o color de fucsia (nombre derivado del botánico alemán señor Fuchs). También se lo diferencia por su tronco poco globoso, lo que permite diferenciadlo de su congénere fuera de la época de la floración.

    En los párrafos siguientes hago mención especial de las flores y de los frutos, de común configuración a las dos especies que mencionamos.

    Las FLORES, por demás atractivas, son de gran tamaño y poseen un cabillo o pedúnculo que permite asirlas con la mano.
    Son hermafroditas, o sea que los dos sexos se encuentran en la misma pieza. Desde afuera hacia adentro se describen cuatro verticilos (conjunto de elementos que brotan al mismo nivel que el  pedúnculo).
a) El cáliz es acopunado (tiene la forma de una copa).
   b) La corola está compuesta de 5 pétalos de 6 a 9 centímetros de longitud, con una base blanco amarillenta y rayas de color púrpura.
   c) Más hacia adentro se halla el androceo o aparato masculino, con cinco estambres.
   d) Al centro, rodeado por los anteriores, se sitúa el aparato femenino o gineceo, que posee un estigma globoso con óvulos, de cuya fecundación resultarán las semillas.

    Los FRUTOS son dehiscentes, o sea  que los pericarpios (envolturas o cápsulas) se abren naturalmente al llegar a la madurez. Tienen 12 a 18 centímetros de longitud por 6 a 8 de diámetro. Son verdes hasta que envejecen y entonces se hacen oscuros; llegado este momento se abren en cinco valvas que dejan al descubierto, aún colgando del pedúnculo - en las ramas - un abundante volumen de vello blanco y sedoso (la paina) que rodea a las semillas.  Son éstas de color marrón oscuro, de 5 a 8 mm. de diámetro, casi esféricas, y están destinadas a ser llevadas  a sitios más distantes, para  dar origen a nuevos ejemplares. La suave lanilla, que ayuda al transporte aéreo de las semillas (y que según dijimos se denomina paina) está constituida por unas fibras  que son las únicas de la naturaleza que no pueden hilarse. Por el motivo de no aplastarse, y ser de gran suavidad,  se usaban estos capullos para realizar los más mullidos y costosos almohadones, hacia fines del siglo XIX, aquí en nuestro querido Buenos Aires. También escuché que los citados frutos se usaban  en función de salvavidas, con resultados tan buenos como la corteza del alcornoque (denominada corcho).= 




 
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