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Sin duda alguna, puedo decir con toda confianza que Avalancha, o el proyecto
en sí, surgió un día específico: 4 de mayo de 1999.
Por qué tanta precisión??? Porque ese día, para los que estuvieron en el poliedro presenciando
el mejor concierto de Rock hecho en Venezuela, sería un día que no olvidarán jamás
y que influiría en su forma de vivir, desde ese momento, o, al menos, eso es lo que pensé. Metallica
presentó un espectáculo increíble, pesado y estridente el cual sirvió como detonante
para que dos personas, David Pérez y Carlos Aguilar, tuvieran una misma idea: formar una banda. Sin querer
fui testigo mudo de algo en lo que ahora estoy involucrado mucho más que cualquiera de nosotros.
Al día siguiente, al llegar a clase, discutieron la idea con los que pensaban los ayudarían en su
nueva idea. El plan era sencillo, David sería el guitarrista y cantante, Carlos el baterista, y otros dos
serían segunda guitarra y bajo. Pero las palabras generalmente están muy alejadas de la realidad.
Los problemas comenzaron a emerger. David era el único que poseía conocimientos de su instrumento
y lo más importante, un instrumento que, aunque de principiante y con varias fallas, servía al propósito:
sonar. Por otro lado, el otrora líder vocal de la agrupación descubrió que no podía
cantar mientras tocaba y que su voz no era nada melódica. Carlos nunca llegaba a comprarse la batería
y a los demás simplemente se les pasó la emoción y abandonaron el proyecto.
Así siguió todo, ya era julio y la banda no había progresado ni un centímetro. Pero,
vivimos en un mundo de cambios y era el turno de la aún no llamada banda a que cambiara su situación.
Al fin Carlos compró su batería y la parte difícil había pasado, Los dos comenzaron
a aprender canciones y a tocarlas juntos. Se reunían en casa de Carlos en donde una batería llena
de cojines y toallas era "tocada" por un Carlos que se negaba a recibir la tan necesitada instrucción
apropiada. "La práctica hace al maestro", y a este maestro le urgía la práctica.
Seguían incompletos, necesitaban al menos a un bajista para poder comenzar a tocar de verdad. No conocían
a nadie y su inexperiencia no los ayudaba. Hasta que sucedió lo que supe que pasaría desde el principio
pero me negaba aceptarlo porque mis intereses en ese momento volaban en otros lugares. Accedí, después
de una semana de constante acecho por parte de mi hermano a ser el bajista de su banda.
Conseguí mi nuevo instrumento y comencé a tocar. Había ido aprendiendo un poco de escuchar
a mi hermano tocar desde los 12 años la guitarra y no se me hizo extraño el bajo. Al mismo tiempo,
me preocupé por encontrar un mejor lugar en donde ensayar. Descubrí que en el edificio donde mi madre
trabaja había un piso desocupado. Problema resuelto. No recuerdo exactamente el día pero si sé
que fue un sábado de principios de agosto. Tomamos una gran oficina en el piso 2 de ese edificio y la convertimos
en lo que llamamos "El Antro". De ahora en adelante nuestro mundo giraría en torno a ese lugar.
La batería siempre estaba allá junto a nuestros amplificadores. Cada sábado de todo lo que
quedaba de esas vacaciones fue una constante peregrinación hacia allá. Desde las 11 de la mañana
hasta, a veces, las 9 de la noche estábamos practicando. Y la práctica sí hizo al maestro.
Carlos dejó de golpear la batería y comenzó a tocar con un estilo propio en el que predominan
las improvisaciones y los redobles. David siguió en su búsqueda por ser una verdadera primera guitarra
y en nuestras descargas predominaban sus punteos largos y fáciles de entender. Yo me limitaba a marcar el
ritmo del grupo, a tomar las decisiones difíciles y buscar siempre lo mejor para la banda. No me es fácil
hablar de mis cualidades como bajista sin distorsionar la realidad así que sólo diré que después
de todo, aprendí a tocar el bajo.
De uno de los múltiples ensayos de esa época surgieron las primeras fotos de la banda. Septiembre
1999.
Si queríamos mejorar nuestro sonido hacía falta algo de lo cual no podíamos seguir prescindiendo.
Una segunda guitarra. Dejamos los instrumentos en sus parales y nos sentamos a hablar por un momento. Quién
podía ser ese cuarto integrante. Muchos nombres fueron pronunciados esa tarde pero uno sólo era el
que dije, debería unírsenos.
Estamos ya a mediados de octubre y me encuentro hablando, durante un entrenamiento de futbolito en el colegio,
con un amigo que conozco de toda la vida. Toca guitarra casi desde que nació y sé como maneja las
cosas al trabajar en la música porque ya habíamos trabajado juntos. Su nombre es Iván Alvarado
y desde ese momento es una parte fundamental en nuestro sonido. Es la segunda guitarra perfecta, maneja muy bien
los arpegios y los tiempos en la canción. Aprende rápido, y lo más importante, piensa como
nosotros.
Ahora estábamos completos, lo único que nos faltaba era un nombre con el cual poder identificarnos
y que al escucharlo fuera fácil de aprender y de relacionarlo con el Rock. De todo lo que habíamos
hecho antes, increíble pero cierto, esto era lo más difícil. Pero así como surgió
la banda, surgió su nombre, sin buscarlo. Abrí un libro que tenía años sin ver, lo
comencé a hojear y, de repente, apareció ante mí: Avalancha.
A partir de esas fechas comenzamos los cuatro a practicar unas 10 o 15 canciones con un único fin, presentarnos
en el colegio a final de año.
Una vez más, se repite la historia y parece que no llegaríamos a tocar en el colegio de la forma
como queríamos. Las clases nos llenaban de trabajos y se nos hacía imposible practicar con la regularidad
necesaria. El olvido es el enemigo de todo músico y no avanzábamos mucho si teníamos que repetir
todo cada vez que ensayábamos. Decidimos de olvidarnos de ese "imposible" y buscar objetivos más
distantes.
El intercolegial de bandas de rock también tuvo que entrar en esa lista de aplazados para otra ocasión.
Ya estamos en abril del 2000.
En uno de los ensayos en ese momento salió el segundo juego de fotos de la banda, que aunque menos apasionados,
seguíamos optimistas. Mayo 2000.
Para seguir con la onda de retardos, hasta la política del país nos empezó a afectar, y de
qué forma. A la Primera Dama se le ocurrió la "brillante" idea (no es despreciativo, de
verdad es una buena idea, desde el punto socio-económico de la nación) de iniciar un programa de
cursos y talleres y precisamente le recomendaron que lo hiciera con mi mamá en los espacios vacíos
de su edificio.
Nos tocó mudarnos, adiós al Antro original y bienvenido el nuevo. En el sótano de ese mismo
edificio. Un lugar que no es ni la mitad del anterior. Pero, qué importa, los metaleros nos adaptamos y
así fue. Resultó ser que posee mejor acústica que el anterior y nos concentramos más.
Pero todavía lo peor no había pasado.
Quién sabe desde cuándo lo sabía y no supo como decirlo. Y la verdad es que fue mejor así.
Lo que puedo decir con total seguridad es que la noche de ese viernes de finales de junio, tanto Iván como
David y como yo, nos fuimos a dormir intranquilos y quizás preocupados. Ya nos habíamos convertido,
los cuatro, en una verdadera familia. Al tocar, con una simple mirada nos leíamos la mente y se producía
música perfecta.
Carlos, baterista y miembro fundador de Avalancha se marchaba rumbo a una nueva vida fuera del país, en
el paraíso económico conocido en los bajos mundos como los Estados Unidos. Nos dolió su partida
y lo seguimos extrañando en algunas canciones, pero debemos continuar. Las audiciones para baterista habían
comenzado.
Después de dos meses completos de ir a estudios, hablar por teléfono con posibles candidatos, entrevistas
y anuncios en el periódico, aún no lo conseguimos.
6 de octubre del 2000: Olvídense de eso último, porque al fin tenemos nuevo baterista. Su nombre
es Abirán, tiene 16 años y estudia en el San Martín de Porras.
Lo escuchamos en los estudios del CCCT, y a pesar de que no se sabía ninguna canción de nuestro repertorio,
lo seleccionamos porque tiene técnica, oído musical, estilo definido y algo muy importante: ha estudiado
música; no sólo en Venezuela, sino también en USA. Toca desde pequeño y conoce el ambiente
musical aquí en Venezuela. Es compositor y su repertorio va desde música clásica hasta heavy
metal. Tiene su batería propia y maneja perfectamente el doble pedal.
Todos en la banda esperamos mejorar nuestro sonido, tanto individual como grupal; pero también, evolucionar
en nuestras composiciones y toques.
Long Live Rock.
Gabriel T.
Letras de Canciones.
Página oficial
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